EL GATO EN LAS ARTES VISUALES

“Imagen del Alma Despierta”, Vidente de la noche”, “Dueño del ojo que ve en la oscuridad”. “Dios – Luna”… Todos estos poéticos calificativos adjudicaban los antiguos Egipcios al nuestro muy conocido gato. La diosa Bast (Bastk o Bastet, según los idiomas), creación de la estatuaria egipcia, la representaba ya con cabeza de gato y cuerpo de mujer, ya con total morfología de gato.

Como la apacible luna, los ojos de los venerados felinos brillaban en la oscuridad de la noche y eran los dueños del misterio.

Pero no sólo en tiempos de los faraones merecieron los gatos el honor de artistas. Con sus formas elegantes, su hermosa cabeza de corte pentagonal y enhiestas orejas y la variedad de pelajes que los recubren, pero sobre todo por la plasticidad de sus poses que pueden alternar el hierático estatismo con la más lánguida voluptuosidad, estos pequeños félidos han sido tema y motivo de no pocas creaciones artísticas en todas las épocas y lugares.

Por ser evocadores del misterio han aparecido ligados a imágenes de hechiceros y adivinos hasta en la iconografía popular. También por amigos del confort, el fuego y los almohadones, se los ha incluido en no pocas escenas de interior de la pintura costumbrista.

Sin olvidar las ocasiones en los que se ha exaltado su instinto cazador como en esa imagen de un mosaico pompeyano del S. I de nuestra era o en la casi cruel figura del gato con una paloma entre sus dientes de Picasso -1939- y de la cual parece hay dos pinturas como en dos pasos sucesivos de la acción predatoria.

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También el arte de Oriente ha fijado las imágenes de estas “Miniaturas de Tigre”, como suelen llamarlo. Pinturas y dibujos de China y Japón nos han dejado deliciosas escenas de gatos que testimonian su amor por la naturaleza toda. La pintura coreana del siglo XVIII nos brindó una delicada escena titulada “Gatos y gorriones” de Wambo, realizada con tinta y color sobre seda de casi un metro de alto. En Buenos Aires vivió durante unos años un pintor japonés, Foujita, quien al retornar a París supo de muy buenos éxitos de su delicado pincel y minuciosa ejecución, existen dos obras suyas en el Museo Nacional de Bellas Artes: “Gatos jugando” y un “Autorretrato con gato”.

Si hacemos un poco de historia en la pintura europea, nos han dejado imágenes de gatos, artistas tan destacados como el holandés Hieronymus Bosch (el Bosco) -1453-1519- autor del famoso tríptico “El Jardín de las Delicias”-1505- (Museo del Prado), donde en “El Paraíso”, junto a Adán, Eva y Dios, pinta un gato desde atrás con un ratón en la boca, y en la parte central, “La Tierra” hay otro gato en color azul que lleva sobre su lomo varias figuras humanas.

Si hacemos un poco de historia en la pintura europea, nos han dejado imágenes de gatos, artistas tan destacados como el holandés Hieronymus Bosch (el Bosco) -1453-1519- autor del famoso tríptico “El Jardín de las Delicias”-1505- (Museo del Prado), donde en “El Paraíso”, junto a Adán, Eva y Dios, pinta un gato desde atrás con un ratón en la boca, y en la parte central, “La Tierra” hay otro gato en color azul que lleva sobre su lomo varias figuras humanas.

También Diego Velázquez -1599-1670- en su célebre obra “Las hilanderas” (Museo del Prado) colocó un morrongo blanco y negro entre los vellones de lana del piso.

Del siglo XV queda un testimonio en la National Gallery (Londres) en una pintura de Pintorcillo denominada “Penélope y las tejedoras” donde un gracioso gatito de cola anillada juega con un ovillo. También Goya -1786- en su retrato de Manuel de Zúñiga, pintó tres gatos (observar detenidamente) que acechan a un pajarito que el niño ha sacado de la jaula (Metropolitan Museum, NY).

Si seguimos avanzando, nos encontramos con el “Olympia” de Manet -1832-1883- (Jeu de Paumme, París), realista desnudo donde entre almohadones y ricas sábanas el pintor colocó a los pies de la cortesana, un misterioso gato negro que dibuja en el aire un signo de interrogación con su cola, mientras mira fijamente al espectador con un par de ojos redondos.

El incisivo dibujante y intor Toulouse Lautrec logró hermosas imágenes de gatos en más de un cartel, de esos que solía realizar para promocionar espectáculos teatrales y de music-hall en el alegre París de la Belle Epóque. Por aquellos años también pintaba el postimpresionista Pierre Bonnard que supo introducir gatos en sus refinadas escenas intimistas de exquisito colorido.

Cabe aquí recordar a los finos acuarelistas ingleses del S. XIX y comienzos del XX, que supieron tomar al gato como tema de sus obras, ya solos o completando escenas de interiores muy británicas y no podemos olvidar al sugerente gato negro de cola parada que nos da la espalda y se encamina por un sendero solitario como lo dibujó el escritor Rudyard Kipling para ilustrar una de sus “Solo 50 Historias para Niños Pequeños”, Londres 1902.

Por supuesto que en nuestra plástica argentina también tenemos buenos ejemplos de imágenes gatunas, recuerdo los graciosos gatos que colocó Alfredo Guttero en su cuadro “Figuras” (Museo Nacional de Bellas Artes) donde la lánguida elegancia de los desnudos femeninos encuentra un eco en las contorsiones felinas. También las numerosas imágenes de gatos de la pintura de Nelson Blanco, un argentino residente en París y el insoslayable recuerdo para Aída Carballo que en sus grabados, dibujos y pinturas, supo dar lugar preferencial a los gatos de los que vivía rodeada.

Otro grabador, Américo Balán, gustaba fijar unas imágenes hieráticas de gatos resueltas con simplificado contorno. Tampoco me quiero excluir por falsa modestia, de esta sucinta enumeración, ya que he dedicado exposiciones al tema que estamos tratando. En 1977 presenté una exposición que titulé “De la nostalgia, la magia y los gatos” y en 1980, “Cinco años de Techos y Gatos” y en muchas otras pinturas y dibujos donde este adorado animalito me ha motivado, y podríamos seguir con la lista, pero prefiero aportar un dato que no está demasiado divulgado.

Existe un Museo del Gato, se trata del Kattenkabinet (Gabinete del gato) y está en Amsterdan, creado por un rico gatófilo holandés Bob Meijer en honor a su gato Morgan en la calle Herengracht 468.

En él se albergan cantidad de obras de arte con tema gatuno, (hasta aguafuertes de Rembrandt) y muchas otras llegadas desde distintas partes del mundo. Tal es el caso de la que envié tiempo atrás que es una obra conjunta que hicimos una de mis gatas Odile y yo. Justamente el emblema gráfico de este museo es el ya mencionado “Gato que camina solo” del poeta Rudyard Kipling.

Como se habrá podido ir descubriendo a través de estas rápidas líneas, las más variadas latitudes, las distintas épocas, los diversos temperamentos, las diferentes técnicas, han dado testimonio del interés de muchísimos artistas por esta pequeña figurita tan adoradas y tan vapuleada a la vez, que los científicos han denominado Felis domesticus.

Ellos nos miran con distante indiferencia, pero como dijo Walter Scott, “los gatos son una especie misteriosa, en su mente pasan muchas más cosas de las que podemos imaginar”.

(1) Ver diferentes versiones de la Diosa Bast en los artículos .”El gato como animal de compañía” del Dr. Rubén Gatti y “La dulce faceta del amor” del Dr. Héctor Barbenza, en la página de AAMeFe.

(*) Pintora. Nacida en Buenos Aires, Egresada de las Escuelas Nacionales de Bellas Artes “P. Pueyrredon” y E. De la Cárcoba”. Ha estado presente en infinidad de Exposiciones Nacionales e Internacionales de Pinturas desde 1952. Tienen obras de ella los Museos de Bellas Artes de La Plata, Municipal de Tandil, de Artes plásticas de Mar del Plata y de Bellas Artes de Luján (todos en la Pcia de Bs,As,). En el exterior, Museo de Arte Moderno de Florianóplis (Brasil), Museo Provincial de Arte de Lugo (España), Museo Cat Caabiner (Holanda), y Embajada Argentina en Tokio (Japón).