Zufriategui, Leticia1; Diessler, Mónica2;
Idiart, Julio2; del Amo, Alicia3.
1-Hospital Escuela, 2. Instituto de Patología, 3. Clínica de Pequeños Animales, Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad Nacional de La Plata.
En los felinos, cerca del 20 %
del total de las neoplasias tienen su origen en la piel (4,10). La variedad de los tumores que pueden ser
observados es tanta como los tipos celulares presentes en el tejido.
Los
de origen epitelial de mayor frecuencia son el tumor de células basales y el
carcinoma de células escamosas, mientras que de los tumores mesenquimáticos los
más comúnmente hallados son el mastocitoma y el fibrosarcoma.
El
presente trabajo tiene el objetivo de
ofrecer una revisión general de las neoplasias epiteliales y mesenquimáticas,
tanto de la piel como de los tejidos blandos adyacentes, más frecuentes en los
felinos, haciendo mención a sus respectivos porcentajes de aparición (Tabla 1).
Tabla 1: Tipo y porcentaje de
gatos con neoplasias cutáneas
(adaptada de Miller y col., sobre un total de 340 animales)(8)
|
Tipo de neoplasia |
%
|
|
Tumor de células basales |
26,1 |
|
Mastocitoma |
21,1 |
|
Carcinoma de células escamosas |
15,2 |
|
Fibrosarcoma |
14,7 |
|
Adenoma de glándulas sebáceas |
4,4 |
|
Fibroma |
3,2 |
|
Adenocarcinoma
de glándulas sudoríparas apócrinas |
3,2 |
|
Adenoma de
glándulas sudoríparas apócrinas |
2,9 |
|
Histiocitoma fibroso maligno |
2,6 |
|
Hemangiosarcoma |
1,8 |
|
Hemangioma |
1,2 |
|
Melanoma |
0,8 |
|
Linfosarcoma |
0,6 |
|
Tricoepitelioma |
0,6 |
|
Fibropapiloma |
0,3 |
|
Lipoma |
0,3 |
|
Carcinomas y sarcomas indiferenciados |
0,6 |
Esta neoplasia comprende desde
el 15 hasta el 35% de los tumores cutáneos (4,9,10,12). Se origina a partir de
queratinocitos. Es más frecuente en animales con vida en el exterior, expuestos
al sol, y el tumor es precedido comúnmente por una dermatosis actínica (4,7,10,12).
Dado que los animales con áreas blancas tienen mayor suceptibilidad, los que
son completamente blancos tienen 13
veces más riesgo de presentar esta neoplasia
que los de piel pigmentada (10).
La forma ordinaria de presentación clínica se ve como un área
eritematosa, costrosa y erosiva, cuyo curso va de semanas a meses. Según sus
características de invasividad se divide en dos tipos: a- carcinoma de células
escamosas multicéntrico in situ, o enfermedad de Bowen, denominada así por sus
similitudes con la afección humana (rara en gatos) y b- carcinoma de células
escamosas, superficial y limitado a la epidermis (4,9,10).
a-Enfermedad
de Bowen
Se ve predominantemente en hembras de razas mixtas, de edad media a
avanzada (promedio 12 años). Aunque en el hombre se ha asociado a infecciones
virales o a exposición a tóxicos, ésta no se ha demostrado en gatos. Las
lesiones se localizan en áreas de poco pelo, pudiendo ser solitarias o
multifocales. Los lugares más afectados son la cabeza, el cuello, los hombros,
la parte distal de los miembros y los dedos y, menos comúnmente, la piel del
abdomen ventral. Por lo general cada masa mide entre 0,5 y 4 cm. Son elevadas,
costrosas, fácilmente depilables o alopécicas. Pueden presentar pigmentación oscura y superficie ulcerada
(4,9).
La progresión hacia una forma invasiva es variable. Se ha informado la
forma oral de carcinoma in situ en gatos con carcinoma de presentación multifocal. En éstos, las lesiones suelen
aparecer en forma de gingivitis o placas (4).
Dado
que el antígeno papilomaviral se demostró en lesiones cutáneas mediante
técnicas de inmunohistoquímica, esta forma de carcinoma podría ser una
transformación maligna de papiloma viral (10).
b-
Carcinoma de células escamosas
Es la presentación más común, pudiendo darse la forma proliferativa o
la erosiva. La edad promedio de presentación es de 9 años, no se ha reconocido
predisposición racial o etaria. Los lugares corrientes de aparición son la
nariz, las orejas y los párpados. Se puede presentar como una inflamación
superficial eritematosa, costrosa, que progresa hacia una úlcera invasiva,
aunque otras lesiones pueden comenzar como úlceras rodeadas de bordes
sobreelevados e indurativos. Este tumor es generalmente invasivo a nivel local, siendo las metástasis al linfonódulo
regional de presentación tardía. Por
este motivo, el estudio radiológico del tórax no se indica de rutina, si bien
en todos los pacientes debe ser evaluado el linfonódulo regional (7).
El pronóstico depende del grado de diferenciación tumoral, determinado
citológica o histopatológicamente, sin que la localización del tumor tenga
significación clínica (4,9).

Figura 1: Tumor de células
escamosas
El tratamiento más efectivo es la ablación quirúrgica radical. Cuando
ésta no es posible, o como complemento post-quirúrgico, se pueden indicar otras
modalidades, tales como la radioterapia,
la hipertermia o la terapia fotodinámica (4,7,9,10).
Con una incidencia del 11 al 28 % de los tumores cutáneos, el tumor de
células basales, o carcinoma de células basales de baja malignidad, es el
segundo en presentación (2,9,10). Si bien el término basalioma antes hacía
referencia a todos los tumores derivados de las células basales
pluripotenciadas, actualmente se lo limita al tumor de células basales
verdadero del gato (10). Pueden hallarse dos presentaciones:
a-
Tumor benigno de células basales felino (basalioma)
Es una neoplasia benigna poco común, de etiología desconocida. Se
presenta en gatos adultos, aunque puede aparecer desde los 6 meses hasta los 18
años (2,10). No tiene predilección sexual, más allá de que en algunos estudios
las hembras están sobrerrepresentadas (4) Los gatos Persas, Angoras e Himalayos parecen estar predispuestos
(2,4,9,10).
Generalmente es una neoformación solitaria, de 1 a 2 cm de diámetro,
ubicada en piel tanto pigmentada como no pigmentada. Es más común encontrarla
sobre la cabeza, el cuello, los miembros y la región dorsal del tronco, en
forma de una masa firme, redondeada, elevada y bien circunscripta. No suele
estar adherida a tejidos profundos y se ve frecuentemente ulcerada y alopécica
(9,10).
b-
Carcinoma de células basales
Son neoplasias comunes en el
gato, a diferencia de los perros. De baja malignidad, se originan de células de
reserva de la membrana basal y anexos. Estas células son pobremente
diferenciadas y a veces moderadamente anaplásicas. Suelen tomar una coloración
grisácea a negruzca, siendo posible confundirlos, macroscopicamente, con
melanomas (2). Su período de crecimiento es altamente variable (2,4).
En los felinos se observan las formas sólidas y quísticas, aunque en
algunos casos pueden darse ambas al mismo tiempo. La forma quística es la más
frecuente, con una incidencia del 63%. Su tamaño alcanza un rango de entre 0,2
y 3 cm, extendiéndose hacia el tejido subcutáneo. No es común la ulceración.
Generalmente se demarcan por una cápsula fibrosa, pero son multiloculares. El
74 % es pigmentado (2).
La forma sólida se presenta en el 37% restante de los casos, con un
tamaño variable entre 0,5 y 5,5 cm. La ulceración es común, no así la
pigmentación (25%). Adoptan la forma de masas bien circunscriptas, localizadas
entre dermis y subcutis. Pueden ocasionar distorsión anatómica de los tejidos
adyacentes. Son tumores de buen pronóstico, ya que la incidencia de metástasis
y la recurrencia post-quirúrgica son
muy bajas (2,4,9,10,12).
El tratamiento está dirigido a
eliminar el tumor mediante cirugía, pudiendo también realizarse observación sin
tratamiento (9,10).
Adenomas de glándulas sebáceas:
Son poco frecuentes en el
gato, con una incidencia del 3 al 4,4% (8,10,12). Se presentan en animales de
10 años en adelante, sin predilección sexual ni racial (11). Las lesiones se
ven en la cabeza, el cuello y el tronco, siendo circunscriptas y elevadas. La
superficie puede ser tanto lisa como verrugosa. Suelen verse rosadas, con un
tamaño de entre 0,5 y 1 cm (8,10,12).
El tratamiento incluye la escisión quirúrgica, criocirugía,
electrocirugía y observación sin tratamiento (10).
Adenoma/
Adenocarcinoma de glándulas sudoríparas apócrinas:
Entre ambos no puede hacerse
ninguna diferenciación clínica o macroscópica. Se presentan en gatos gerontes,
de 10 años o más, sin aparente predilección sexual o racial, aunque se ha
registrado más frecuentemente en gatos siameses (8,10). Cerca del 100% de los
casos son solitarios, bien delimitados, elevados y circunscriptos, con un
diámetro de hasta 3 cm. Pueden tener su
superficie ulcerada y los sitios de presentación son la cabeza, las orejas, el
cuello, las axilas, los miembros y la cola (10,12).
El tratamiento incluye la escisión quirúrgica, criocirugía,
electrocirugía y observación sin tratamiento (10).
Melanoma:
Se presenta tanto en machos
como en hembras de 10 años (promedio), sin importar la raza. De presentación
común en las orejas, párpados y labios (10,12), también puede verse en el
abdomen y en los hombros (8).
Los melanomas pueden ser benignos o malignos, aunque
por lo general los de presentación facial tienen un comportamiento usualmente
maligno (12).
La terapia de elección es la escisión quirúrgica
radical (10).
Tricoepitelioma:
Es una neoformación benigna
que se origina a partir de los queratinocitos, representando menos del 1 % de
las neoplasias felinas (8,10,12). Se presenta en animales mayores de 5 años,
preferentemente de raza Persa. Las lesiones se ubican en la cabeza, los
miembros y la cola, en forma de nódulos
únicos o múltiples. Tienen un tamaño de hasta 15 cm., son elevados y bien
delimitados. Raramente se comportan de manera invasiva.
Independientemente
de su origen mesenquimático, los mastocitomas están incluídos dentro de la
clasificación de tumores de células redondas, junto con los linfosarcomas, los
histiocitomas y el tumor venéreo transmisible. Son tumores comunes, con una
incidencia variable de entre el 1 y el 15 % (4) o del 15 al 21 % (12), según
los distintos autores. Su etiología es desconocida. Si bien en el perro se ha
postulado una causa viral, en los gatos la transmisión con extractos tumorales
no logró reproducir la neoplasia (10).
Los
mastocitomas histiocíticos múltiples se describieron en gatitos siameses de dos
camadas del mismo padre, por lo que se ha sugerido una influencia genética
(10). Asimismo, la mayor prevalencia relacionada con determinadas regiones geográficas podría explicarse sobre la base
de la exposición a carcinógenos
potenciales (11). Este tipo histológico frecuentemente remite de forma
espontánea sin tratamiento (10).
La gran mayoría de los mastocitomas cutáneos tienen un comportamiento
benigno (10). Su clasificación a menudo es difícil dadas las pocas diferencias
que se encuentran entre la hiperplasia y la neoplasia de células cebadas. Esta
confusión es mayor en felinos, ya que en esta especie los mastocitos se hallan
en gran número en otras lesiones tales
como las del complejo granuloma eosinofílico felino (10,11).
La edad promedio de presentación de este tumor es de 10 años, si bien
el rango etario va de 1,5 a 20 (4,10,11). No existe predilección por raza o
sexo. Aunque se ha descripto cierta tendencia a darse en machos, no todos los
autores están de acuerdo (4).
Existen dos formas de presentación: la visceral y la cutánea. La
primera involucra hígado, bazo, (órgano en el que pueden encontrarse incluso en
forma de mastocitomas de localización primaria) y linfonódulos abdominales. La presentación visceral es la de
peor pronóstico cuando se da en forma primaria (9,11). La segunda forma, la
cutánea, abarca cutis y subcutis, viéndose generalmente como masas solitarias. Ocurre más
frecuentemente en cabeza y cuello (4,11). Las lesiones pueden ser nódulos,
pápulas o placas dérmicas, con tamaños
comprendidos entre 0,2 y 3 cm. Las
células predominantes son los
mastocitos atípicos, que reemplazan o desplazan los tejidos originales. Son tumores no
encapsulados que pueden extenderse tanto hacia el subcutáneo como hacia la
piel. Su crecimiento es lento, suelen
producir metástasis en linfonódulos, bazo, hígado y médula ósea y si presentan
la superficie ulcerada se debe, por lo general, a lesiones autoinflingidas
(4,10,11).
Su manipulación puede
ocasionar la formación de eritema y ronchas, por degranulación celular. Esto se
considera una clave diagnóstica, denominada “signo de Darier”.
Un subtipo histiocítico de mastocitoma ocurre en animales menores de 4
años, primariamente Siameses. Puede aparecer a partir de las seis semanas, en
forma de pápulas rosadas sobre la cabeza y/o los pabellones auriculares. Estos
nódulos subcutáneos miden 0,5 a 1 cm, son múltiples, agrupados y suelen
regresar en forma espontánea (4,10).
Si bien se desconoce la asociación entre el mastocitoma y el virus de
la leucemia felina, existe una relación
positiva en animales infectados con el virus de la inmunodeficiencia, la que
produce una importante disminución de linfocitos. Esto es coincidente con el
hecho de que la presencia de linfocitos intratumorales se ha asociado a un
mejor pronóstico (4).
El comportamiento de los mastocitomas varía de acuerdo con su
diferenciación histológica, elemento que es determinante para poder predecir el
curso futuro de la enfermedad. Los desórdenes paraneoplásicos son menos
frecuentes en felinos que en caninos y,
en caso de presentarse, se ven
como ulceración gastroduodenal asociada
a histamina y déficit de coagulación por inducción heparínica (4,9,10).
El protocolo diagnóstico incluye hemograma, perfil bioquímico y
urianálisis. La mastocitemia periférica puede ser muy elevada en gatos,
llegando al 25 % del recuento leucocitario. En todos los casos de mastocitomas
en felinos debe realizarse radiografía de abdomen, dada la posibilidad de
encontrar metástasis principalmente en el bazo, seguido del hígado,
linfonódulos e intestino (9).
El tratamiento puede incluir sólo escición quirúrgica, radioterapia,
quimioterapia o terapias combinadas en relación con su estadificación y tipo
histológico (10).
Los fibrosarcomas son neoplasias comunes en el gato (20 a 43 %),
originadas a partir de fibroblastos dérmicos o subcutáneos (4,10,11).
Algunos fibrosarcomas felinos
están inducidos por virus, pudiendo reproducirse en gatitos neonatos. El virus
involucrado es el virus del sarcoma felino (ViSaF), variedad mutante del virus
de la leucemia felina (ViLeF) (4,10). Puede afectar felinos de variado rango
etario, pero a partir de los 5 años disminuye la incidencia (4,8,10). Los
tumores se presentan en forma de nódulos multicéntricos firmes, blancos, con
frecuencia ulcerados y adheridos tanto en su superficie como a los tejidos
profundos. En los cortes histológicos,
la diferenciación celular es pobre (3,4,8,10).
Los fibrosarcomas no asociados con el ViSaF se ven en gatos gerontes,
con un promedio de edad de 12 años y son solitarios. Es común encontrarlos
sobre la cabeza, en los pabellones auriculares, el tronco y en distal de los
miembros (3,4,10).
Una tercera forma de presentación es el sarcoma asociado a vacunación,
con una incidencia de 10 a 20 / 100.000 individuos vacunados contra ViLeF y
entre 10 y 12 / 100.000 vacunados contra rabia (4,5). Si bien se desconoce la
etiología de esta forma tumoral, se ha
demostrado que la cantidad de inyecciones realizadas simultáneamente en el
mismo sitio produce un aumento del riesgo a desarrollar el tumor en relación
de: 1 vacuna 50%, 2 vacunaciones, 127 %, 3 a 4 vacunaciones 175 % (4,5).
La aparición del fibrosarcoma vacunal en respuesta a vacunas tanto
poli como monovalentes se había atribuido primeramente a la presencia de
aluminio, componente común en la fabricación de coadyuvantes de vacunas a virus
atenuado. El aluminio, en forma de fosfato u hidróxido, era encontrado en el
centro del granuloma que precedía al desarrollo tumoral (4,6).
En 1993, Kass y col realizaron la comparación de sarcomas en sitios de
inyección vacunal con los ocurridos en otras localizaciones y encontraron una
asociación significativa entre la vacunación contra ViLeF y rabia y la
aparición del sarcoma un año después, independientemente del tipo de adyuvante
e incluso con vacunas sin adyuvante (5). Por este motivo no sólo se involucró
como causal al aluminio, sino que se propusieron otros factores tales como la
respuesta inflamatoria crónica luego de la inyección, la respuesta inmune
directa contra los antígenos vacunales, la influencia de factores de
crecimiento de regulación autocrina (growths factors) y la activación de
protooncogenes (1,5,6). Parecen avalar estas hipótesis trabajos dirigidos a
plantear la aparición de tumores de similares características luego de
traumatismos repetidos (Dubielzig, 1984) y la demostración, mediante
inmunohistoquímica realizada en fibroblastos in vitro, de una sobreexpresión de
genes inductores de mitosis (5).
Macroscópicamente los sarcomas postvacunales comienzan como una
paniculitis linfocítica, forma de respuesta a la vacuna, y continúan con la
formación de granulomas que no regresan espontáneamente luego de 6 meses de
aplicada una vacuna (11). Los lugares de presentación son subcutis
interescapular, lateral de parrilla costal y flanco (4,5,6). Son generalmente
gris blanquecinos, firmes, bien demarcados y parcialmente encapsulados.
Histológicamente se ven agregados de linfocitos focales, células fusiformes y
gran cantidad de células gigantes. También hay “lenguas” que se extienden desde
la masa, lo que puede explicar la recurrencia postquirúrgica (62 %) dentro de
los 6 meses de la escisión (5,12). Esta recurrencia se da en el 22 % de los
gatos entre tres y cuatro veces durante los primeros dos años. El grado de metástasis es variable,
ocurriendo en linfonódulos regionales y pulmón (5).
Un punto a tener en cuenta es que si bien los sarcomas vacunales son
en su mayoría fibrosarcomas también han sido identificados histiocitomas fibrosos malignos,
osteosarcomas, condrosarcomas, rabdomiosarcomas, mixosarcomas y liposarcomas
(5,11).
El tratamiento se basa en la extirpación del tumor mediante cirugía,
antes o luego de la radioterapia o la quimioterapia (4,9).
Actualmente está en estudio el empleo de otros tratamientos tales como
las citoquinas y los anticuerpos monoclonales (5).
Dado que la
prevención es imposible, la American Association for Feline Practitioners ha
establecido que la vacunación debería estandarizarse en: vacunación antirrábica
en miembro pelviano derecho, ViLeF en miembro pelviano izquierdo y
triple-cuádruple felina en la región interescapular (4,5).
El tratamiento puede incluir desde escisión
quirúrgica a la observación sin tratamiento (10).
Histiocitoma fibroso
maligno:
Son tumores poco comunes que se
presenta en gatos viejos, sin aparente predilección sexual ni racial (10).
Suele verse en forma de nódulos solitarios, mal circunscriptos, firmes y con
tamaño y forma variables. Se ven en dermis y subcutis, preferentemente de
miembros (dedos) y hombros. Son localmente invasivos pero la aparición de
metástasis es tardía (8, 10).
La terapia de elección es la
escisión quirúrgica radical o la amputación. Las recurrencias posquirúrgicas
son comunes (10).
Hemangiosarcoma / hemangioma
:
Los
hemangiosarcomas son neoplasias malignas de gatos viejos. Se presentan por lo
general de manera solitaria, en las orejas, miembros, ingles y axilas (8,10).
Se ven en forma de placas o nódulos mal delimitados, rojizos o azulados. Suelen
medir menos de 2 cm de diámetro si son de presentación dérmica, y hasta 10 cm
en los casos de nódulos subcutáneos. Son comunes la alopecía, el
engrosamiento cutáneo y la ulceración
(10).
La forma benigna, el
hemangioma, es menos frecuente, dándose mayoritariamente en
machos.
Son redondeados, miden de 0,5 a 4 cm y
pueden observarse en la
dermis y el subcutis (8,10).
Linfosarcoma:
El linfosarcoma cutáneo se
caracteriza por la infiltración en la piel y tejido subcutáneo de linfocitos neoplásicos.
Se
ha sugerido que la existencia de ViLeF en forma latente puede asociarse con
esta forma de
presentación
tumoral (4), aunque los animales con linfoma cutáneo son, por lo general,
serológicamente
negativos al virus (4,10).
Hay dos formas de manifestación clínica: el linfoma
no epiteliotrópico y el epiteliotrópico. El primero se da en animales gerontes
en forma generalizada. Son nódulos firmes, dérmicos o
subcutáneos y alopécicos. Rara vez se ven lesiones solitarias. El segundo es menos común y la mayoría de los gatos afectados son ViLeF negativos. Dentro de esta forma se ubican la micosis fungoide y el síndrome de Sézary (10).
Lipoma:
Es una neoplasia benigna poco común de gatos mayores de 8 años. Pueden ser masas solitarias o múltiples, bien circunscriptas, blandas y subcutáneas. Los siameses parecen estar predispuestos. Existe una forma infiltrativa, menos común, que se da preferentemente en hembras (10).
Sarcoma indiferenciado:
Es una neoplasia mesenquimática
altamente anaplásica, que no puede ser clasificada histopatológicamente. Tiene
características clínicas de fibrosarcoma,
neurofibrosarcoma y hemangiopericitoma. Se observa en las almohadillas
plantares de una o más extremidades, en forma de una masa blanda y pulposa la
que puede estar ulcerada (10).

Figura 2: ejemplo de neoplasia
cutánea de distribución difusa

Figura 3: otro ejemplo de neoplasia
cutánea
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