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Etología Clínica
Terapia Asistida con Animales
Conocimientos Básicos
Silvia I. N. Vai*
Introducción:
Desde sus primeros tiempos el hombre demostró apego
hacia los animales.
Apego es “la afición, cariño o inclinación hacia una
persona o cosa”. También se define como “estado
emocional, sentimental o de conducta que emplea un
individuo para mantener a otro cerca” (M. V. Victoria L
Voith).
Es un comportamiento innato que está presente en las
especies sociales. Los integrantes de un grupo se
necesitan mutuamente para sobrevivir y evidencian
distrés y ansiedad cuando son aislados del mismo. La
calidad de la conducta de apego depende de la especie,
el individuo y las condiciones ambientales.

Un factor importante en el desarrollo del apego del
hombre hacia los animales de compañía, es que estos se
comportan como niños durante toda su vida, ya que se los
puede alzar en brazos y dependen del propietario para
sobrevivir. Esta dependencia inicia una relación social
del animal hacia su dueño y permite un vínculo entre
ambos.
Vínculo se
define como “lo que ata, relaciona o une a las personas
o las cosas”. El vínculo con los animales es mayor en
niños, personas solas, personas mayores y enfermos.
La compañía del animal mejora la calidad de vida del
hombre, aumenta la longevidad y preserva el equilibrio
físico y mental. Facilita la recreación, reduce el
estrés, y disminuye el índice de depresión. Obliga a
asumir responsabilidades, aumenta la autoestima, y, en
la mayoría de los casos, mejora la integración de la
familia.
El intercambio afectivo con el animal mejora el estado
emocional del propietario que se siente acompañado y se
mantiene activo porque debe llevarlo de paseo y asumir
la responsabilidad de su cuidado, aumentando así la
seguridad en sí mismo (Katcher, A. H. 1985).
Es motivo de
contacto con amigos y parientes y facilita las
relaciones sociales con otras personas sin importar su
edad, mejorando así la comunicación entre distintas
generaciones.
El contacto con ellos a través de la vista, oído y tacto
disminuye el estrés y la excitación,
la presión
arterial y la frecuencia cardíaca en adultos y niños.
Hay estudios que demuestran que cuando una persona
conversa con otra la presión arterial es mayor que
cuando lo hace con su perro o gato.
Estas
conclusiones se basan en la observación de conductas del
hombre y animal, la medición de las respuestas
psicológicas y fisiológicas y el análisis de fotografías
de miembros de la familia con su mascota en las que
generalmente el animal se ubica en el centro.
El rol que la
familia otorga a su animal de compañía depende de su
conformación, su clima social y de las fuerzas y
debilidades físicas y emocionales de cada uno de sus
miembros.
Hay pocas referencias respecto de los aspectos adversos
de los animales sobre la conducta humana o como
generadores de patología, pero no hay estudios
controlados que lo confirmen.
Entre ellas: El animal de compañía puede aumentar el
estrés porque la familia se aflige cuando la mascota se
enferma o muere, puede quebrantar relaciones humanas
familiares o sociales, para un integrante del grupo el
comportamiento del animal puede ser incompatible con sus
necesidades y algunas personas se relacionan solo con su
mascota y excluyen de su vida a las demás (Simon, 1989).
El animal de
compañía también puede estar involucrado en patologías
que afecten a la familia (Levinson, 1969).
Hay relación directa entre el abuso de los animales y la
violencia humana.
En numerosos
estudios realizados sobre este tema, se identificó a la
crueldad extrema de los padres como elemento subyacente
más común entre quienes abusan de animales. Erich Fromm,
en el estudio “La anatomía de la destructibilidad
humana” (1973), comprueba que las personas sádicas
generalmente son ellas mismas víctimas de castigos muy
severos, no limitados en intensidad y sin relación con
ningún mal comportamiento, sino que son arbitrarios y
alimentados por el sadismo del castigador. El abusador
de animales fue víctima de abuso físico extremo.

Mientras que la mayoría de los niños es sensible al
maltrato de las mascotas, aquellos severamente abusados,
no se solidarizan con el sufrimiento del animal y
descargan sus frustraciones y hostilidad sobre él con
poco sentido de remordimiento. Él representa a un ser
sobre el que pueden ejercer su control compensando sus
propios sentimientos de inferioridad y falta de poder.
El abuso hacia el animal incluye hambruna, falta de
cuidados, balear, pegar, patear, acuchillar, tirar,
quemar, ahogar, colgar, envenenar, abusar sexualmente
y/o mutilarlos.
El animal de
compañía es importante para el desarrollo emocional
saludable del niño en las distintas etapas de su
crecimiento. Facilita la adquisición de confianza y
autoestima, sentido de responsabilidad y competencia,
sentimientos de empatía hacia otros y autonomía.
Lo ayuda a
avanzar a través de la continuidad del desarrollo y
puede tener un efecto inhibidor ante disturbios mentales
(Levinson, 1970).
Jugar con él
permite descargar energía y tensión retenida (Feldman,
1977).
Facilita el
vínculo con otros niños y puede reemplazar la compañía
humana en aquellos que carecen de la compañía de otros
niños. Su seguridad estimula el comportamiento
exploratorio en aquellos temerosos frente a situaciones
desconocidas (Robin, Ten Bensel, Quigley y Anderson,
1983).
Nieke Endenburg, Psicóloga infantil (Universidad de
Utrecht, Holanda), comprobó en niños que conviven con
animales de compañía, menor agresividad y mayor respeto
de límites, equilibrio emocional y confianza en sí
mismos.
El gato, con su movimiento, estimula al niño a
relacionarse con su entorno y le permite una exploración
segura del ambiente que lo rodea. La calidad de la
interacción entre ambos depende del temperamento,
habituación y socialización del animal durante su
desarrollo comportamental. El niño debe adaptar su
comportamiento a la respuesta del gato y mediante el
juego aprende a esperar, a respetar a otro y a dominar
sus gestos y vocalizaciones para evitar que huya.
Es el animal
de compañía ideal para los ancianos por su tamaño,
independencia, capacidad de ser autónomo y requerir
menor gasto económico, tiempo y esfuerzo físico. Pero su
muerte puede desencadenar depresión o enfermedad en
personas susceptibles.
Desarrollo:
Actividades con asistencia animal:
Antiguas civilizaciones, entre ellas egipcios y griegos,
atribuían a los animales la capacidad de curar
diferentes dolencias. Hipócrates, médico griego (460 -
377a. C.) consideraba que la actividad con caballos era
“muy relajante” para sus pacientes.
En el S. XVII instituciones mentales de Europa
incorporaban al gato porque tranquilizaba a los
pacientes internados. También se sumó la compañía de
animales en escuelas y guarderías de Estados Unidos y
Europa por sus beneficios.
Sigmund Freud, médico y psiquiatra austríaco,
(1856-1937) realizaba sus consultas acompañado por su
perro porque le facilitaba la comunicación con el
paciente.
Actualmente se incluye en las áreas de educación y salud
con fines recreativos o educativos, estimulación social
y ejercitación física entre otras tareas.
Los animales estimulan el desarrollo socioemocional.
Permiten mayor alerta mental, mayor y mejor
comunicación, autoestima, menor estrés y mejor
adaptación al medio. A veces son la única conexión con
la naturaleza, brindan compañía, dan seguridad,
sensación de sentirse útil y promueven el ejercicio por
su necesidad de paseo y distracción.
Puede diferenciarse entre actividad asistida con
animales (AAA) y Actividad Terapéutica facilitada o
asistida con animales (AAT).
Actividad Asistida con Animales:
es la visita del animal a quien lo necesita para que
interactúe con él. La actividad no es diseñada con
anterioridad y puede repetirse con diferentes personas y
en diferentes lugares (domicilio, hogares para ancianos,
escuelas, hospitales, centros de rehabilitación de
adicciones, residencias para menores judicializados,
institutos carcelarios, instituciones para pacientes
mentales...).
El contacto con él disminuye la ansiedad y permite una
más rápida recuperación en niños hospitalizados porque
limita el estrés y retraimiento que les genera esta
condición.

En niños o adultos con cardiopatías disminuye ansiedad y
baja la presión arterial, debido a que concentrarse en
un estímulo externo agradable disminuye la activación
simpática. También
aumenta el tiempo de supervivencia en pacientes con
patologías cardíacas graves (Friedman
y Katcher, Universidad de
Pennsylvania).
Otros beneficios observados son menor colesterol, índice
de depresión, ansiedad y tiempo de internación.
Numerosos estudios mostraron que acariciar a un gato,
hablarle o leer en su presencia disminuye la presión
arterial.
El gato, como visitante o residente, en instituciones
geriátricas y hospitales, le permite al interno
conectarse con el mundo y desarrollar conductas
positivas, estimula el interés, brinda compañía y
facilita la comunicación entre ellos y con el equipo de
salud. Este último debe evitar que se establezca una
relación cerrada y posesiva con el animal que resultaría
perjudicial.
En educación, la presencia del gato mejora la
comunicación entre alumnos y docentes, permite a cada
niño ocupar un lugar y una función favoreciendo así la
integración del grupo en un proyecto común. Se observó
mayor socialización, autoestima, desarrollo cognitivo y
desempeño. En niños con dificultad de concentración
aumenta su tiempo de atención permitiéndoles así
involucrarse en actividades grupales mejorando su
capacidad de aceptar compromisos y asumir
responsabilidades.
En reclusos
se observó que quienes gozan de la compañía de animales,
tienen menor presión sanguínea y son más cooperativos y
menos violentos.
Terapia Asistida con Animales (A.A.T.):
Boris Levinson, médico y psiquiatra estadounidense,
basado en sus experiencias, remarcó la importancia del
uso de animales en la psicoterapia de niños,
(ambulatorios o institucionalizados). Evaluó sus efectos
positivos en la recuperación y/o mantenimiento de la
salud y planteó las bases de la Terapia Asistida o
facilitada por Animales. En 1962, publicó el primer
trabajo sobre el tema: “El perro como Co-terapeuta”.
A partir de allí la terapia asistida con animales
comenzó a utilizarse en Estados Unidos, Reino Unido,
Francia, Alemania, Italia y Canadá, países que
investigaron los beneficios físicos, psicológicos y
sociales del vínculo humano-animal, y su influencia
positiva en el tratamiento de distintas patologías
físicas y/o mentales, entre ellas esclerosis múltiple,
deformación de miembros o columna vertebral, distrofia o
atrofia muscular, autismo, retardo mental, parálisis
cerebral, déficit de aprendizaje, déficit de atención
con o sin hiperactividad (ADD, ADHD), hipertensión,
síndrome de Down, mal de Alzheimer, depresión en
ancianos, mal de Parkinson, rehabilitación en
enfermedades crónicas (cardíacas, oncológicas,
mentales), tratamiento de delincuencia juvenil y
adicciones, problemas de conducta, violencia familiar,
violencia carcelaria, etc..

Estadísticas realizadas en Estados Unidos muestran que
quienes reciben esta terapia realizan menos consultas
médicas, consumen menos medicamentos y necesitan menor
tiempo de internación, disminuyendo así los costos en el
sistema de salud pública.
Es una metodología terapéutica incluida entre otras, que
promueven que el contacto con la naturaleza le permite
al hombre afrontar más fácilmente distintas patologías o
dificultades físicas, psíquicas y/o emocionales.
Complementa satisfactoriamente a las terapias
tradicionales favoreciendo el alcance de los objetivos
planificados para el paciente en menor tiempo. Para esto
es imprescindible la comunicación permanente entre todos
los equipos de tratamiento del paciente.
Es fundamental que los profesionales de la salud humana
que deseen implementarla conozcan las posibilidades y
limitaciones de esta actividad y tengan buena relación
con el animal.
Se basa sobre la relación que se establece entre
paciente y animal mediante la “comunicación no verbal”,
que es menos exigente para el paciente.
El animal forma parte integral del tratamiento y es
seleccionado y preparado para alcanzar los objetivos
terapéuticos (favorecer aspectos físicos, sociales,
emocionales y/o cognitivos del paciente). Durante la
actividad debe estar acompañado por un guía para prever
la aparición de signos que indiquen su falta de
bienestar, brindarle descanso y suministrarle lo
necesario.
La especie se elige en función del paciente (patología,
alerta mental, actitud frente al animal...).
Pueden utilizarse caballos, perros, gatos, aves, peces,
llamas, delfines, animales de granja, etc.
La actividad, que puede desarrollarse en la modalidad
grupal o individual, es planificada previamente y tiene
objetivos a alcanzarse a corto, mediano y largo plazo,
específicos para el paciente. El proceso se documenta
para evaluar luego sus resultados (fotos, videos) y debe
desarrollarla un equipo multidisciplinario integrado por
profesionales de la salud humana y animal, quienes
aportan sus conocimientos para favorecer el vínculo
humano-animal, que es dinámico y es el mecanismo central
de esta metodología de trabajo.
La duración de la sesión no es fija, depende de
distintas variables: estado del paciente, terapeutas y
animal, temperatura ambiental, movimientos y ruidos en
el lugar adonde se desarrolla... Estos últimos distraen
al paciente y al animal, interrumpen su interacción y
obligan a reanudar la actividad perdiéndose quizá un
momento único y difícilmente repetible. En muchos
pacientes el tiempo de atención en una misma actividad
es mínimo y su distracción sumamente fácil, lo que
demuestra la importancia de evitar o minimizar las
distracciones durante la sesión terapéutica.
El gato, de raza o mestizo, que se selecciona
especialmente para ser utilizado como medio terapéutico,
debe poseer un perfil comportamental equilibrado, ser
predecible y fácil de controlar. Debe estar habituado al
lugar adonde trabajará y a los elementos necesarios
(pelotas, sillas de ruedas, andadores, etc.), a la
manipulación no cuidadosa (apretones, pellizcos, tiradas
de pelo) y gritos para evitar que sean sorprendidos y
presenten miedo o reacción agresiva frente a estos
estímulos. Además deben estar socializados con personas
de diferentes características (niños o adultos, con y
sin dificultad de movilidad o expresión, etc.).
Para elegir el más adecuado según la singularidad del
paciente (historia previa con la especie, patología y
objetivos...); es importante contar con varios gatos, de
diferente color, largo y textura de pelo y nivel de
actividad.
Su acción, bien dirigida, motiva al paciente a realizar
diferentes ejercicios, a comunicarse y a participar de
la actividad terapéutica, muy importante cuando los
pacientes son niños. Favorece su atención y
concentración, optimizando el rendimiento de la sesión y
facilitando el alcance de los objetivos.
El gato debe tener buena calidad de vida, con respeto de
sus tiempos y necesidades que le permitan desarrollar su
comportamiento normal y esencial.
Función del Médico Veterinario:
Prevenir durante la sesión de trabajo o en la vida
cotidiana, la aparición de síntomas que indiquen falta
de bienestar en el animal, ya que su presencia indica la
necesidad de modificar la forma de trabajo para
preservar su salud física y comportamental, que es
indispensable para que pueda participar del encuentro
terapéutico.
Evaluar el riesgo potencial de la actividad en la salud
del animal; minimizar riesgos de zoonosis; seleccionar
al animal (especie, individuo) que integrará el equipo
de trabajo y que trabajará con el paciente en función de
los objetivos del terapeuta y supervisar su preparación.
Evaluar la aptitud de los elementos que serán utilizados
y del lugar para el trabajo y reposo
del animal; definir la duración de su
intervención y descanso. Evaluar su aptitud física y
comportamental antes de la sesión terapéutica, y
supervisar junto al profesional de la salud humana la
interacción humano-animal.
El gato tiene patrones de comportamiento
especie-específicos que si no son respetados le generan
una alteración emocional. La falta de bienestar origina
cambios en las respuestas fisiológicas, inmunológicas,
reproductoras y comportamentales del individuo.
Entre los signos que evidencian un trastorno emocional
se encuentran: Aumento de frecuencia cardíaca y/o
respiratoria, (menos frecuentes que en perro); signos
gastrointestinales, heces blandas, colon irritable,
vómitos, bostezos, deglución; sudor en almohadillas
plantares; midriasis; accesos asmáticos; trastornos en
la micción; alteración de comportamiento eliminatorio;
aumento o disminución del consumo de alimento; falta de
acicalamiento; alteración del comportamiento de descanso
y sueño; hipervigilancia; vocalización; estados
inhibitorios con disminución de la exploración del
entorno; disminución o ausencia de juego; agresión (por
miedo, irritativa); alteración de la conducta materna
(canibalismo, abandono de crías, etc.); actividades de
sustitución y estereotipias.
Actividades de sustitución, se presentan cuando el
contexto le impide un comportamiento adecuado, para
devolverle tranquilidad (castañeteo de dientes,
polidipsia, polifagia, ingestión o succión de tejidos u
otros materiales, babeo, perseguir la cola, alopecia por
lamido).
Estereotipias, son actos repetitivos, sin función y
parada endógena, con cierta insensibilidad al ambiente.
Surgen por la incapacidad del gato de integrarse de
manera normal con un ambiente hipo o hiperestimulante.
La ética y
el uso de animales como herramienta terapéutica:
Las
siguientes son pautas de trabajo que es importante
considerar:
-
La actividad terapéutica debe ser desarrollada por un
equipo multidisciplinario (Áreas Medicina, Psicología
y Veterinaria).
-
La elección de la especie más adecuada no debe ser
realizada al azar ni por preferencias personales, debe
considerarse
al paciente y sus preferencias, y los objetivos
fijados para él.
·
Antes de comenzar la actividad es necesario que se
establezca el vínculo paciente-animal.
-
Los participantes deben conocer generalidades del
comportamiento del gato, para evaluar las
posibilidades de su empleo como medio terapéutico y
trabajar conscientemente.
-
La interacción paciente-animal debe ser planificada
evaluando las necesidades de ambos, para mantener la
capacidad del gato como medio terapéutico.
·
Debe
proveerse adecuada atención a su salud física y
comportamental y brindarle descanso varias veces al día
en un lugar apartado de la actividad.
-
El gato no debe ser sometido a maltrato, incomodidad y
estrés físico o mental, el trato debe ser amable y
afectuoso. Hay que suspender la sesión terapéutica si
la interacción esta estresando al animal.
-
Si un paciente, intencionalmente o no, maltrata al
animal, sus necesidades básicas deben respetarse.
Frente a cualquier evidencia de abuso o maltrato debe
terminarse la relación con el paciente.
-
Si el profesional de la salud humana sospecha que un
paciente puede maltratar al animal, debe tomar las
precauciones necesarias para evitarlo.
-
Al finalizar la intervención todos los involucrados
(paciente, terapeutas y animal) deben haberse
beneficiado con la experiencia.
Conclusión:
Esta metodología terapéutica es atractiva por sus
resultados prometedores. Pero, mientras que las ventajas
para el paciente y el terapeuta son claras, no siempre
es beneficioso para el animal, ya que el trabajo le
ocasiona tensiones que deben atenderse para minimizar el
riesgo de alterar su salud física y comportamental.
Si es ético o
no su uso como herramienta terapéutica, es porque son
distintos los intereses de las personas y animales
involucrados.
Para
desarrollar conscientemente la actividad, el equipo
multidisciplinario debe:
·
Identificar las necesidades humanas: objetivos del
terapeuta, naturaleza del contacto/tiempo
paciente-animal y tiempo necesario de interacción.
·
Identificar las necesidades básicas del animal: cuidado
adecuado, trato afectuoso, tiempo de actividad y
descanso.
Y comparar
los dos puntos anteriores para que la actividad resulte
positiva para todos los involucrados en ella.
El gato debe estar en óptimas condiciones de salud
física y comportamental. Habituado y
socializado y tener un comportamiento equilibrado.
Es más utilizado para actividades asistidas que
terapéuticas porque su entrenamiento es más difícil que
el del perro. Es importante aprovechar las actividades
que son agradables para él y trabajarlas mediante
reforzamiento positivo para aumentar su frecuencia de
presentación.
La utilización del vínculo humano-animal es adyuvante de
metodologías terapéuticas tradicionales. Para emplearlo
los profesionales de la salud humana deben conocer de
antemano el impacto que el animal produce en sus
pacientes.
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