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La fuerza del proceso de socialización en
el gato
Rubén Gatti (*)
(*) Médico Veterinario
Durante los días de Semana Santa del año 2007, estuve
visitando la reserva natural de la Laguna del Iberá en
la provincia de Corrientes. Es un lugar maravilloso que
está a 100 km por un camino de ripio y tierra de la
ciudad de Mercedes. Allí sobre la costa norte de la
laguna se encuentra la colonia Carlos Pellegrini, un
pequeño pueblito de 700 habitantes, donde se puede
obtener alojamiento y hacer los paseos de avistaje de
una enorme cantidad de flora y fauna silvestre.
Normalmente se ven yacarés, carpinchos, ciervos, monos y
una infinidad de aves de todo tipo y tamaño. Desde ya
que los aficionados a la flora también tienen su
paraíso.
Dentro de este paraíso, hubo un animalito que me
sorprendió. El último día, estaba charlando con uno de
los guarda parques que tienen su base a la entrada de la
laguna, y apareció una hermosa gata montés, que según
ellos, los visitaba asiduamente, sobre todo en estos
días ya que había tenido cría y trataba de conseguir
comida de sus amigos humanos.

En
cuanto la vi pasar, quedé más que sorprendido ya que es
muy difícil, casi imposible ver a estos felinos en la
naturaleza y mucho menos paseando tranquilamente en un
lugar lleno de humanos. Las pocas veces que he podido
ver un gato montés vivo, ha sido en la jaula de algún
zoológico.
Entonces me contaron la historia, esta gata había sido
adquirida de muy pequeña por una familia de Mercedes,
que la crió a mamadera con lo cual se deduce que se
produjo una muy buena socialización de esta gatita con
los humanos de la familia, todo anduvo bien hasta que
llegó a alrededor de los 6 meses de edad, en ese momento
los gatos tienen un fuerte impulso a desarrollar su
actividad cazadora, y esto es independiente de que
tengan o no hambre, o sea que aunque hayan comido muy
bien, el instinto cazador no lo pierden y si tienen la
oportunidad van a tratar de cazar cualquier cosa que
ellos consideren que es una presa.
Entonces parece que comenzaron a desaparecer algunas
gallinas del vecindario y como es de imaginar los
vecinos se dieron cuenta enseguida de quien era el
responsable.
Entonces la familia decidió llevar la gatita al puesto
de guardaparques de la laguna del Iberá y se la dejaron
a ellos, en total libertad.

Cualquiera hubiera pensado que al dejar la gata en este
medio natural se habría internado en el monte y no se
hubiera visto nunca más, pero no fue así ya que la gata
ahora hace su vida como más le gusta, está un tiempo en
el monte que rodea a la laguna y otro tiempo está con
los guardaparques que la llenan de mimos (y también de
comida). Pero la gata sigue cazando en la zona por lo
cual es obvio que su motivación para acercarse a los
guardaparques no es la comida sino su compañía.
A
consecuencia de esta historia me puse a pensar en lo
importante y fuerte que es la socialización temprana de
los felinos.
Quiero aclarar que no estoy propiciando el mascotismo o
sea la tenencia doméstica de especies salvajes ya que
soy un enemigo de estas prácticas, pero me impresionó la
impronta que dejó la socialización de esta gatita como
una marca a fuego que se mantiene con el tiempo.
Según las investigaciones del etólogo de felinos el Dr.
Patrick Pageat, durante las primeras semanas de vida, el
gatito pasa por un período llamado de socialización,
donde aprende fundamentalmente a relacionarse con el
medio que lo rodea y sus integrantes. El período de
socialización al humano comprende desde la 2ª a la
7ª semana de vida y se observó que en ese tiempo se
debe manipular por lo menos 40 minutos diarios y es más
efectivo si intervienen varias personas.
Esto
hará que el gato cuando sea adulto, tenga una buena
relación con los humanos de su entorno y en general con
cualquier humano, o sea no se va a esconder ni lo va a
agredir y tratará de buscar su compañía. Estos gatos
permitirán el contacto físico, las caricias y se
relajarán y harán su clásico ronroneo en las faldas de
sus amigos humanos.
También es importante que haya contacto con humanos
pequeños, los niños pueden ser considerados como otra
especie (tanto para el gato como para el perro), por lo
cual se deben relacionar tanto con adultos como también
con niños. Obviamente que también hay que enseñar a los
niños como se debe tratar a un ser vivo para evitar que
los lastimen o que se sientan agredidos, lo cual puede
producir que el gato huya de ellos en el futuro.
En
base a este período de socialización siempre recomiendo
a los nuevos propietarios de gatitos domésticos, que
comiencen a hacer todas las manipulaciones posibles como
cepillado, bañado, corte de uñas, etc. Porque estas
actividades de aseo general refuerzan la relación con
su propietario, el gatito sentirá que la persona que
realiza esta tarea es como su segunda madre. Y además
estas tareas se harán fácilmente cuando el gato crezca
porque ya se habrá familiarizado con ellas.
Co-Fundador
de la Asociación Argentina de Medicina Felina
Artículo publicado en la revista Veterinaria Argentina
Vol. XXIV Nº 236, Agosto 2007
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