El linfoma representa, aproximadamente el 90% de los
tumores hematopoyéticos del felino, y la incidencia en esta especie es mayor
que en el perro y el humano. A su vez, los tumores hematopoyéticos representan
el 33% del total de los tumores de los felinos (13).
Distintos trabajos publicados acerca del linfoma en
los felinos vinculan esta patología con el virus de la leucemia felina. Por un
lado, los animales con linfoma tienen una edad promedio de 3 años, si son
positivos al virus de la leucemia felina (VLF) y de 7 años si son negativos al
mismo virus. Sin embargo, la mayoría de los gatos con linfoma son VLF positivos
(1).
En otro trabajo, se pudo comprobar que la castración
reduce la incidencia de linfoma en las hembras felinas en un 40- 50%. La edad
de la castración jugaría un rol importante en el control de la enfermedad y
estaría relacionado con la epidemiología del VLF (2).
Por último, y con relación al VLF, la distribución
anatómica del linfoma felino estaría relacionada con el status viral. De esta
manera, el 80% de los felinos con linfoma multicéntrico o mediastínico son VLF
positivos mientras que sólo un 25% de los linfomas alimentarios son positivos a
esta patología viral (3).
A diferencia del perro, la mayoría de los gatos con
linfoma tienen una presentación clínica visceral y no presentan compromiso
generalizado de los linfonódulos. El linfoma felino se localiza en algunos de
los siguientes sitios: el aparato digestivo, el mediastino anterior, hígado,
bazo, y riñones. Los sitios menos frecuentes son piel, ojos, y sistema nervioso
central.
Diversos investigadores han clasificado los tipos de
linfoma según su distribución anatómica en: alimentario, mediastinal,
multicéntrico y misceláneo o extranodal. Algunos autores clasifican al linfoma
renal como una entidad patológica aparte. En un estudio, el linfoma
multicéntrico fue el más comúnmente observado; se registraron en el 43,6% de
454 gatos. El linfoma mediastínico (38,3%) y el alimentario (15,2%) fueron los
siguientes tipos más frecuentes (3). En otro estudio con 150 gatos con linfoma,
el alimentario fue el más común con el 46,7% del total. Luego se registraron
linfomas mediastinales y multicéntricos con el 25,4 y el 18,6%, respectivamente
(4). En la Universidad de Tufts, el linfoma alimentario es el más común, con el
30% del total de los casos.
Una
manifestación descubierta en forma reciente, es el linfosarcoma
gastrointestinal epiteliotrófico de células T (LGET). Esta variedad de linfoma
alimentario es rara, y como su nombre lo indica tiene la característica de ser
epiteliotrófica. El LGET debe ser considerado en el planteo de los diagnósticos
diferenciales de felinos con anorexia, pérdida de peso e hipoalbuminemia con o
sin diarrea. A su vez, la posible relación, entre la enfermedad inflamatoria
del intestino delgado a células linfocíticas- plasmocíticas y el LGET, debe ser
investigada. Este tipo de linfosarcoma es muy agresivo y metastásico; siendo su
respuesta a la quimioterapia parcial y
por corto tiempo (11).
En un reporte, 82 de 132 gatos con linfoadenopatías
fueron clasificadas como hiperplasia idiopática (5).
En otros casos, los felinos eran jóvenes (menores de
1 año) y sus linfonódulos eran dos o tres veces mayores al tamaño normal de los
mismos (6, 7). La linfoadenopatía remitió sin terapia en cuatro meses, en todos
los casos. Cabe recalcar, que el uso de glucocorticoides en el tratamiento de
la hiperplasia linfoide benigna está
contraindicado.
El diagnóstico histopatológico del linfoma no concluye con la caracterización de la enfermedad. Para ello es importante conocer cómo esta neoplasia afectó a nuestro paciente. También es menester conocer la situación actual del animal. Para ello, se deberá incluir para el diagnóstico, métodos complementarios de laboratorio completo (hematología, bioquímica y urianálisis), imágenes (rayos X de tórax y abdomen; ecografía abdominal), serología viral y punción de médula ósea. Estos estudios, utilizados bajo el criterio clínico correspondiente, permitirán conocer la extensión de la enfermedad, así como también detectar a tiempo patologías que deben ser prevenidas o tratadas antes del inicio del tratamiento.
El linfoma felino tiene cinco estadíos clínicos (8):
Estadio clínico I: El animal tiene un solo tumor o en una misma región anatómica, incluyendo el mediastino anterior.
Estadío clínico II: El animal tiene un solo
tumor pero con los linfonódulos regionales comprometidos. También se clasifican
de esta manera aquellos felinos con 2 o más áreas nodulares o tumores en el
mismo lado del diafragma (cavidad torácica o abdominal). También, se los
clasifica Estadío II a los linfomas que se caracterizan por presentar una masa intestinal primaria resecable con o
sin linfonódulos regionales comprometidos.
Estadío clínico III: Dos o más áreas nodales o
tumores extranodales en ambos lados del diafragma (cavidad torácica y
abdominal). También son linfomas estadío III, aquellos con masas
intraabdominales irresecables o tumores paraespinales o epidurales.
Estadío clínico IV: incluye a los estadíos
anteriores pero con compromiso del hígado y/o bazo.
Estadío clínico V: los estadíos anteriores con
compromiso del sistema nervioso central, médula ósea o ambos.
Como se describirá a continuación, la clara
definición del estadío clínico de nuestro paciente nos permitirá conocer el
pronóstico del animal. Para ello, la revisación clínica completa del paciente
brindará información de utilidad y también permitirá indicar de manera racional
los métodos complementarios adecuados.
El estadío de la enfermedad está correlacionado con
la respuesta al tratamiento en un trabajo (9).
Las tasas de respuestas completas fueron las siguientes:
estadío I (93%), estadío II (48%), estadío IV (42%), estadío V (58%). A su vez,
el estadío de la enfermedad estuvo correlacionado con la sobrevida; los gatos
con linfoma menos avanzado (estadíos I y II) tuvieron una sobrevida media de
7,6 meses. Estos resultados se compararon con los felinos con linfoma estadíos
III y IV y con estadío V, los cuales tuvieron sobrevidas medias de 3,2 y 2,6
meses, respectivamente.
Otro factor pronóstico es la respuesta al
tratamiento. Los gatos que tienen una respuesta completa viven más que los
respondedores en forma parcial (9). Otros factores pronósticos descriptos en el
linfoma felino son: el sitio anatómico, el status viral (VLF) y la combinación
entre el estadío clínico y el status viral.
El
tratamiento de elección para el linfoma felino es la quimioterapia. Los
esquemas ensayados han utilizado una o múltiples drogas. Dentro de los
protocolos simples, se observaron respuestas variables con las siguientes
drogas: prednisolona, ciclofosfamida, clorambucilo, vincristina, L-
asparaginasa, idarrubicina y mitoxantrona.
A pesar de ello, la quimioterapia combinada es el
esquema recomendado para el tratamiento del linfoma felino.
El protocolo COP (ciclofosfamida,
vincristina, prednisolona) fue el elegido para el
tratamiento de 38 felinos. El 79% tuvo una respuesta completa. Esta respuesta
duró entre 42 días y 42 meses (media de 150 días). Las respuestas variaron
según la localización del linfoma. A su vez, la respuesta al protocolo COP del
linfoma felino es distinta a la del
linfoma canino. Las tasas de respuestas completas son menores y el
tiempo libre de recaída es menor en los felinos. A pesar de ello, un alto
porcentaje de gatos permanecen libres de enfermedad por periodos mayores a los
12 meses (10).
El protocolo COP más el agregado de Doxorrubicina
(COPA) ha sido estudiado y se observaron mayores tiempos de control de la
enfermedad. En un estudio realizado por Moore, el grupo de felinos tratados con
el protocolo COP tuvo una remisión media de 83 días. El otro grupo que recibió
COP + doxorrubicina tuvo un periodo de remisión medio de 259 días.
Un trabajo publicado en el mes de Octubre de 1998 (JAVMA), describió la utilización de un
protocolo de seis drogas, a saber: L- asparaginasa, ciclofosfamida,
vincristina, prednisolona, doxorrubicina y metotrexato. Estas drogas fueron
alternadas según el protocolo y los resultados obtenidos fueron los siguientes:
la tasa de respuesta completa fue del 38%, y la tasa de respuesta parcial fue
del 60%. Esto significa que la respuesta global al tratamiento fue del 98%. Al
mismo tiempo, el periodo libre de enfermedad fue de 40 semanas, en los
pacientes con respuestas completas y de 10 semanas, en los pacientes con
respuesta parcial al tratamiento. Cabe destacar, que en el presente trabajo, no
se han visto diferencias estadísticamente significativas entre el periodo libre
de enfermedad y la respuesta al tratamiento. Por último, la sobrevida global
fue de 40 semanas, y este resultado fue independiente de la respuesta al
tratamiento y del pre- tratamiento con prednisolona.
En
resumen, los protocolo combinados, que incluyen las siguientes drogas:
doxorrubicina, vincristina, ciclofosfamida y prednisolona, proveen un tiempo
prolongado de remisión junto con una adecuada calidad de vida del animal.
La radioterapia puede ser utilizada como tratamiento
del linfoma felino. En todas las situaciones que se describen a continuación,
debemos aclarar que “la radioterapia
es un tratamiento local”, es decir, la única región tratada será la
referida al campo irradiado. Existen tres situaciones en las que podremos
utilizar radiaciones ionizantes. La primera
es su utilización conjunta con la quimioterapia para mejorar la
probabilidad de una rápida remisión.
La situación siguiente es su utilización
cuando el tratamiento quimioterápico debe ser pospuesto, por
motivos referidos al cuadro de situación del paciente. Y por último, la
radioterapia es útil en aquellos casos en dónde la neoplasia es resistente a la quimioterapia.
Según el sitio de asiento del linfosarcoma, la
radioterapia podrá ser utilizada con distintos fines. En el linfoma
mediastinal, la radioterapia puede aliviar la disnea causada por la neoplasia.
En el caso del linfoma espinal, las radiaciones pueden reducir rápidamente el
volumen tumoral y de esta manera mejorar la función neurológica. Otros sitios
descriptos de tratamiento con radiaciones en el linfoma felino son: el sistema
nervioso central, la cavidad nasal, y la piel (linfoma cutáneo).
Entre los sitios de asiento
del linfoma felino, la cavidad nasal tiene caracteríticas particulares con
relación al tratamiento radiante. Esto se debe, entre otras cosas, a la
incidencia mayor de linfomas nasales en los felinos y a la correcta marcación
del campo de tratamiento radiante (masa tumoral confinable y correcta
oxigenación tisular). El pronóstico para los felinos con linfoma confinado a la
cavidad nasal y sus senos es excelente (12).
En la mayoría de los casos, la sobrevida excede el
año (The Animal Medical Center, datos sin publicar).
En términos generales, la radioterapia permite una
rápida reducción del tamaño tumoral. Esto se debe a la radiosensibilidad
elevada de los tumores de células redondas. El linfoma, junto al mastocitoma, histiocitoma
y al tumor venéreo transmisible, integra este grupo. Por ello, la radioterapia
debe considerarse para tumores localizados o para los casos límites en dónde la
vida del animal corra peligro. Debido a su alta radiosensibilidad, las
respuestas parciales se logran a bajas dosis. Por esto, los efectos colaterales
relacionados con el tratamiento radiante son mínimos.
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patterns of leukemia complex in the cat and the dog. J Natl Cancer Inst 70: 971- 977, 1983
3. Hardy W Jr: Epidemiology of primary neoplasms of lymphoid tissues in
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6. Lucke V, Davies J, Wood C: plexiform vascularization of lymph nodes: An
unusual but distinctive lymphoadenopathy in tha cat. J Comp Pathol 97: 109- 119, 1987.
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resembling lymphoma in cats: six cases (1972- 1976). JAVMA 190: 897- 900, 1987.
8. Mooney S, Hayes A, Matus R, MacEwen E: Renal Lymphoma in cats: 28 cases
(1977- 1984). JAVMA 194: 1473- 1477,
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9. Mooney S, Hayes A, MacEwen E, et al: Treatment and prognostic factors
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10. Cotter S: treatment of lymphoma and leukemia with cyclophosfamide,
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11. Krecic, MR, Black SS: Epitheliotropic T- cell gastrointestinal tract
lymphosarcoma with metastases to lung and skeletal muscle in a cat. JAVMA, Vol 216, N°4, February 15, 2000.
12. Meleo KA: The role of radiotherapy in the treatment of lymphoma and
thymoma. In Radiation therapy. Vet Clin of North Am, Vol 27, N° 1: 115-
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13. Vonderhaar MA, Morrison WB. Lymphosarcoma. In: Morrison WB, ed. Cancer in dogs and cats: medical and
surgical management. Baltimore: Williams and Wilkins Co. pag. 667- 695,
1998