
Más que presentarles un caso, les quiero presentar
un "bichito" hermoso y bastante raro, al menos en esta zona.

Se trata del Gato Guigna o Guiña (Oncifelis guigna). Este gato es uno de los mas pequeños felinos
existentes. En nuestro país recibe también el nombre de Guiña, Gato de Santa
Cruz y Kod-Kod. También es denominado Huiña o Huiño
(Chile), Chat du chili (Francés), Chilenische WaldKatze, Nachtkatze
(Alemán).
El Guiña es un gato de color bayo o bayo rojizo claro, con pintas
oscuras muy densamente distribuidas. Sus orejas son de color negro con una
mancha blanca en su cara posterior, lo cual hace que si algún felino mas grande
lo ataca de atrás y en la oscuridad, parezcan ojos.
El borde de los ojos es blanco. En la cara presenta tres líneas negras
y unas características manchas oscuras en el vientre. En la cola se observan 12
rayas negras. Su pelaje es de apariencia lanosa. Presenta un largo de cabeza y
cuerpo de unos 40-52 cm, un largo de cola de aproximadamente 17-23 cm y pesa
unos 2-3 Kg.
En la página de esta red, hay un artículo aportado por nuestro conocido
Rubén Gatti, muy completo y muy bueno (no podíamos esperar menos) donde
además de casi todos los felinos salvajes de nuestra zona, está la descripción
del Guiña.

El caso es que vino intoxicado con un organofosforado y luego del
tratamiento, parece que va evolucionando bastante bien. Lo tengo hace dos días
y por anamnesis parece que hacía dos días más que se intoxicó. Espero una
evolución favorable, pero a idea era presentarles el "bichito", ya
que hasta donde me cuentan los que saben, es muy raro en esta zona. Se ve con
más frecuencia en el sur de Chile y la Patagonia andina.
Parques Nacionales se lo secuestró a los aborígenes de la zona hace 6
meses -lo tenían para vender- y lo llevaron a una reserva de adaptación para la
reinserción a la vida silvestre (Güira-Oga). Cuando ya estaba en la etapa final
de su readaptación, no sabemos cómo, se intoxicó. Es posible que lo bañaran con
algún producto brasilero, para combatir pulgas, pero ellos me lo niegan.
Sintomatología: típica de la estimulación colinérgica (miosis,
sialorrea, micción involuntaria, diarrea y fasciculaciones musculares) por
suerte sin ataxia marcada ni parálisis de los músculos respiratorios, como
suele ocurrir en los gatitos domésticos.
Tratamiento:
Atropinización de entrada, por vía EV (junto con solución fisiológica) hasta
lograr midriasis y reducción de la
sialorrea. Todavía lo sigo hidratando y la atropina ya se la doy SC en dosis de
15 mg (pesa 2.260 Kg) cada 6 hs. También le hago Pralidoxime (un producto
brasilero: 2-aldoxime o 2 PAM) a dosis de 150 mg, también cada 6 horas,
como inhibidor reversible competitivo de la colinesterasa y que al combinarse,
permite la descomposición de la acetilcolina, además de suministrarle en forma
permanente junto con la solución fisiológica , 30 ml de Fraliver (Fracción
antitóxica del hígado) de Nort, en 500 ml de solución fisiológica.
“Guiñazú” (así lo llamábamos)
evolucionó muy bien y sin secuelas de ningún tipo, paradójicamente gracias a la
“bendita atropina”, entre otras cosas.
Todavía está flaquito, pero de a
poco va aumentando de peso. El jueves pasado tenía 1.870 Kg y lo ideal sería
que llegue a los 2.300/2.500 Kg ya que cuando llegó pesaba 2.260 Kg)

Aquí está en su “lugar de guarda”
donde lo mantienen por las noches y durante el día lo sueltan, para que se
vaya readaptando a su futura vida en libertad.

Este trabajo metódico y de
paciencia, hecho por gente que sabe mucho del tema, se vio interrumpido por su
intoxicación y además (no se lo cuenten a nadie) se vino para atrás, por todo lo
que lo consentimos y mimamos, mientras estuvo aquí, durante un lapso de 11
días.
En Güira Oga (la estación de
readaptación y cría de animales salvajes en donde está) me agradecieron por
haberlo atendido, pero me retaron, por haberlo "mascotizado" (mea culpa
- mea culpa, pero no me arrepiento de nada).
Realmente nos costó mucho despedirnos de él, porque
le tomamos un afecto más que especial. No por ser una especie pocas veces vista
(y menos aún aquí) sino porque el bichito realmente se hacía querer.
Si lo sintieran ronronear
cuando le llevábamos comida o simplemente lo acariciábamos, se le ponía a uno
la piel de gallina
Estas fotos las obtuve el jueves,
cuando fui a aplicarle la vacuna contra
el moquillo, conforme el consejo de
Julio López Taverna. Sinceramente desconocía que los felinos silvestres eran
susceptibles.
Quise esperar a una recuperación
total para vacunarlo y le apliqué solamente la vacuna contra moquillo/hepatitis
para evitar posibles complicaciones.
Espero que algún día pueda volver
a su hábitat natural (o lo que quede de él) y fundamentalmente espero que los
aborígenes no sigan cazando estos bichitos, para vendérnoslos a "nosotros
los blancos" y de esa forma nunca tomen contacto las especies silvestres
con los organofosforados.