Intoxicación por fosforados en un gato Guiña

 

 

 

M.V. Ricardo Olsina

 

Más que presentarles un caso, les quiero presentar un "bichito" hermoso y bastante raro, al menos en esta zona.

 

 

Se trata del Gato Guigna o Guiña (Oncifelis guigna). Este gato es uno de los mas pequeños felinos existentes. En nuestro país recibe también el nombre de Guiña, Gato de Santa Cruz y Kod-Kod. También es denominado Huiña o Huiño (Chile), Chat du chili (Francés), Chilenische WaldKatze, Nachtkatze (Alemán).

El Guiña es un gato de color bayo o bayo rojizo claro, con pintas oscuras muy densamente distribuidas. Sus orejas son de color negro con una mancha blanca en su cara posterior, lo cual hace que si algún felino mas grande lo ataca de atrás y en la oscuridad, parezcan ojos.

El borde de los ojos es blanco. En la cara presenta tres líneas negras y unas características manchas oscuras en el vientre. En la cola se observan 12 rayas negras. Su pelaje es de apariencia lanosa. Presenta un largo de cabeza y cuerpo de unos 40-52 cm, un largo de cola de aproximadamente 17-23 cm y pesa unos 2-3 Kg.

En la página de esta red, hay un artículo aportado por nuestro conocido Rubén Gatti, muy completo y muy bueno (no podíamos esperar menos) donde además de casi todos los felinos salvajes de nuestra zona, está la descripción del Guiña.

El caso es que vino intoxicado con un organofosforado y luego del tratamiento, parece que va evolucionando bastante bien. Lo tengo hace dos días y por anamnesis parece que hacía dos días más que se intoxicó. Espero una evolución favorable, pero a idea era presentarles el "bichito", ya que hasta donde me cuentan los que saben, es muy raro en esta zona. Se ve con más frecuencia en el sur de Chile y la Patagonia andina.

Parques Nacionales se lo secuestró a los aborígenes de la zona hace 6 meses -lo tenían para vender- y lo llevaron a una reserva de adaptación para la reinserción a la vida silvestre (Güira-Oga). Cuando ya estaba en la etapa final de su readaptación, no sabemos cómo, se intoxicó. Es posible que lo bañaran con algún producto brasilero, para combatir pulgas, pero ellos me lo niegan.

Sintomatología: típica de la estimulación colinérgica (miosis, sialorrea, micción involuntaria, diarrea y fasciculaciones musculares) por suerte sin ataxia marcada ni parálisis de los músculos respiratorios, como suele ocurrir en los gatitos domésticos.

Tratamiento: Atropinización de entrada, por vía EV (junto con solución fisiológica) hasta lograr midriasis y reducción de  la sialorrea. Todavía lo sigo hidratando y la atropina ya se la doy SC en dosis de 15 mg (pesa 2.260 Kg) cada 6 hs. También le hago Pralidoxime (un producto brasilero: 2-aldoxime o 2 PAM) a dosis de 150 mg, también cada 6 horas, como inhibidor reversible competitivo de la colinesterasa y que al combinarse, permite la descomposición de la acetilcolina, además de suministrarle en forma permanente junto con la solución fisiológica , 30 ml de Fraliver (Fracción antitóxica del hígado) de Nort, en 500 ml de solución fisiológica.

“Guiñazú” (así lo llamábamos) evolucionó muy bien y sin secuelas de ningún tipo, paradójicamente gracias a la “bendita atropina”, entre otras cosas.

Todavía está flaquito, pero de a poco va aumentando de peso. El jueves pasado tenía 1.870 Kg y lo ideal sería que llegue a los 2.300/2.500 Kg ya que cuando llegó pesaba 2.260 Kg)

 

 

Aquí está en su “lugar de guarda” donde lo mantienen por las noches y durante el día lo sueltan, para que se vaya readaptando a su futura vida en libertad.

 

Este trabajo metódico y de paciencia, hecho por gente que sabe mucho del tema, se vio interrumpido por su intoxicación y además (no se lo cuenten a nadie) se vino para atrás, por todo lo que lo consentimos y mimamos, mientras estuvo aquí, durante un lapso de 11 días.

En Güira Oga (la estación de readaptación y cría de animales salvajes en donde está) me agradecieron por haberlo atendido, pero me retaron, por haberlo "mascotizado" (mea culpa - mea culpa, pero no me arrepiento de nada).

Realmente nos costó mucho despedirnos de él, porque le tomamos un afecto más que especial. No por ser una especie pocas veces vista (y menos aún aquí) sino porque el bichito realmente se hacía querer.

Si lo sintieran ronronear cuando le llevábamos comida o simplemente lo acariciábamos, se le ponía a uno la piel de gallina

Estas fotos las obtuve el jueves, cuando  fui a aplicarle la vacuna contra el  moquillo, conforme el consejo de Julio López Taverna. Sinceramente desconocía que los felinos silvestres eran susceptibles.

Quise esperar a una recuperación total para vacunarlo y le apliqué solamente la vacuna contra moquillo/hepatitis para evitar posibles complicaciones.

Espero que algún día pueda volver a su hábitat natural (o lo que quede de él) y fundamentalmente espero que los aborígenes no sigan cazando estos bichitos, para vendérnoslos a "nosotros los blancos" y de esa forma nunca tomen contacto las especies silvestres con los organofosforados.