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DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DE LA FILARIOSIS FELINA(*)

Luigi Venco
Clínica Veterinaria "Città di Pavia" - Pavia
Claudio Genchi
Instituto de Patología Veterinaria - Universidad de Estudios de Milán

(*) Publicado previamente en: OBIETTIVI & DOCUMENTI VETERINARI- Supplemento del Nº 6, Giugno 1997. Diagnostica e terapia del gatto.

Objetivo

Ilustrar las principales características biológicas y epidemiológicas de la filariosis cardiopulmonar en el gato, especie en la cual la enfermedad asume caminos y comportamientos diferentes de los conocidos en el perro. Examinar los principales criterios de diagnóstico, terapéuticos y profilácticos de la enfermedad en la especie felina.

Palabras claves: Filariosis cardiopulmonar, gato, diagnóstico, terapia, profilaxis.

   La filariosis cardiopulmonar (Dirofilaria immitis) en el gato fue observada por primera vez por Travassos en Brasil en el 1921 al que siguieron los verificaciones de Riley en los Estados Unidos (1922) y de Itagaki y Kume en Japón (1938). Actualmente la enfermedad se identifica en todos los países donde la filariosis cardiopulmonar está presente en situaciones de endemia en el perro. En el Norte de Italia la preponderancia de la infección en el gato se sitúa entre valores medios comprendidos entre <5% y el 15%, llegando al 20% en áreas comprendidas entre la provincia de Milán, Pavia y Piacenza, dato este último confirmado en dos series de investigaciones llevadas a cabo con un intervalo de tres años (Genchi e coll., 1995; Prieto e coll., 1997).

   En el gato, que puede ser considerado un huésped receptivo más resistente, el parásito tiene un comportamiento totalmente particular y la enfermedad puede transcurrir de un modo casi asintomático o dar lugar a cuadros clínicos agudos de extrema gravedad, no rara vez caracterizados por muerte súbita.

Síndromes agudosSíndromes crónicos
  • Disnea
  • Convulsiones
  • Hemoptisis
  • Vómito
  • Lipotimia
  • Tos
  • Síncope
  • Abatimiento
  • Ictericia
  • Diarrea
  • Tos
  • Vómito
  • Disnea
  • Letargo
  • Anorexia
  • Pérdida de peso
  • Quilotorax
  • Ascitis
  • Anemia

Tab.1 - Manifestaciones clínicas
asociadas a la filariosis
cardiopulmonar del gato

   Desde el punto de vista biológico las características más sobresalientes de la infestación en este huésped están representadas por la duración del ciclo de la larva 3ª hasta adulto (alrededor de 8 meses), de la frecuente ausencia de microfilaremia y del carácter transitorio del fenómeno que, cuando se presenta, perdura durante no más de 1-2 meses y del número generalmente exiguo (por norma de 1 a 3-4) y de la limitada supervivencia (2-2 ½ años) de los parásitos adultos. Relativamente frecuentes, a diferencia del perro, son además las localizaciones ectópicas de no escaso relieve para el camino diagnóstico. Tales fenómenos están, en buena parte, en función de la respuesta inmunitaria de dicho huésped que en la mayor parte de los sujetos consigue impedir el desarrollo del parásito y su supervivencia. La consecuencia de esto es que, por un lado, el parásito sobrevive en condiciones "precarias" en un huésped que le es hostil y, por otro, los procesos de reacción puestos en marcha por el organismo huésped contribuyen de manera significativa a la evolución de la enfermedad, agravando su curso. En el gato las señales clínicas más evidentes son siguientes a la llegada de los jóvenes parásitos, todavía inmaduros, en las arterias pulmonares (5-6 meses desde la infectación) o a la muerte de los adultos, que produce una reacción muy intensa del huésped (Dillon, 1996). En el primer caso para obstaculizar la presencia del parásito en las regiones cardiopulmonares y, en el segundo, como consecuencia de la reacción del huésped a los antígenos (catabolitos y metabolitos) liberados por el parásito en fase agónica y de los fenómenos tromboembólicos que acompañan la muerte del parásito. A diferencia del perro, el curso de la enfermedad es mucho más previsible y sujetos totalmente asintomáticos pueden en el transcurso de poquísimo tiempo manifestar una sintomatología agudísima con muerte súbita o manifestar síndromes crónicos caracterizados por un cuadro de síndromes específico (tabla 1).

Diagnóstico

   El examen clínico representa la primera e inderogable etapa del camino diagnóstico. Pudiendo proveer elementos de extrema utilidad es conveniente recordar que una revisación clínica, aunque exhaustiva, no suministra indicaciones ciertas sobre el "status" parasitológico del paciente. Además el dato anamnésico, que en el perro puede resultar de gran ayuda, en el gato puede ser de escaso relieve en cuanto que la infestación induce, en la mayor parte de los casos, sintomatología respiratoria y/o gastroenterológica (tos, disnea, hemoptisis, vómitos) de aparición repentina . Las formas crónicas son raras y con características más difusas. No obstante en el gato es mucho más frecuente encontrar infestaciones totalmente asintomáticas.

   En lo que respecta a la edad del paciente, ésta puede revestir una cierta importancia en el perro cuya infestación se presenta con características de "acúmulo" progresivo de parásitos como consecuencia del contacto repetido con el mosquito, razón por la cual es razonable sospechar la presencia de infección y carga parasitaria elevada en sujetos de más de 4-5 años de edad, pero no en el gato cuyas características epidemiológicas y patogénicas justifican el hecho de que, en condiciones naturales, la enfermedad haya sido diagnosticada en sujetos con edades variables desde los 9 meses hasta los 17 años (Genchi e coll., 1995; Venco, 1996).

   La infestación es en general más frecuente en los machos, que parecen menos "resistentes" al parásito aunque dicho factor, en condiciones naturales, asume menos relevancia que cuando se observa en el curso de infestaciones experimentales (McCall e coll.; 1992). Por tales razones y por la complejidad de los cuadros clínicos la infestación podría sospecharse oportunamente en todos los sujetos que viven en áreas endémicas cada vez que se manifestasen alteraciones del aparato respiratorio (disnea, estertores, hemoptisis), cardiovasculares (lipotimias, soplos tricuspideos), gastroenterológcios (vómito crónico) (Genchi e coll.; 1995a, Venco, 1996).

N. sujetos examinados 967 
N. sujetos infestados 444,6%
Muertes por síndromes agudísimos 2250%
Sujetos sometidos a eutanasia por
lesiones irreversibles inducidas por el parásito
37%
Sometidos a terapia sintomática o terapia quirúrgica 1943%
Tab.2 - Presencia de Dirofilaria immitis en
gatos sometidos a visita clínica por patologías
del aparato respiratorio en los años 1994-1995
   Por todo ello, consideramos interesante señalar que en nuestra experiencia clínica, sobre 967 gatos sometidos a visita veterinaria entre el inicio de 1994 y fines de 1995 debido a patologías del aparato respiratorio, 44 resultaron infectados. De éstos 22 murieron por síndrome de aparición aguda/agudísima siendo inútil la intervención del veterinario y 3 fueron sometidos a eutanasia debido a lesiones irreversibles causadas por el parásito, confirmando la gravedad que la enfermedad puede asumir en esta especie animal. 19 sujetos, en los cuales fue posible instaurar una terapia sintomática encaminada a la mejoría de las condiciones orgánicas del animal o que fueron intervenidos quirúrgicamente para la remoción de la filaria adulta en sede cardiaca, superaron la enfermedad y están actualmente en buenas condiciones físicas (Genchi e coll., 1995a) (tabla 2).

   En lo que concierne a los exámenes colaterales útiles para formular un diagnóstico de filariosis cardiopulmonar, un lugar de primera importancia está ocupado por los test hematológicos. Los test microscópicos (Knott y filtraciones) que individualizan la microfilaria circulante, suministran en caso positivo una prueba cierta de infestación en el acto, revisten una escasísima utilidad en el gato teniendo en cuenta que la microfilaria en los sujetos infectados es rara y transitoria. También los test para la búsqueda de los antígenos circulantes, altamente específicos, están dotados de insuficiente sensibilidad al excluir la presencia del parásito (Atkins e coll.; 1995). Recordamos que, de hecho, el antígeno evidenciado es correlativo a la presencia de los vermes adultos de sexo femenino y que en el gato, a causa de la escasa carga parasitaria, son frecuentes las infestaciones solamente de parásitos machos o, de cualquier modo, de un número bajo de hembras (1 o 2) que induce una antigenemia no apreciable por los kit de diagnóstico actualmente disponibles.

   A causa de estas importantes limitaciones relativas a la utilización de los test para la búsqueda de antígenos, en la especie felina prometen interesantes aplicaciones los test para la búsqueda de anticuerpos en las comparaciones de antígenos somáticos y/o metabólicos (excretados secretados) de D. immitis. La incompleta especificidad ligada a la posibilidad de resultados falsamente positivos como respuesta cruzada con otros antígenos parasitarios, característica de los antiguos test de anticuerpos, ha sido ampliamente superada a través de técnicas moleculares que han permitido la individualización de antígenos específicos (Prieto y coll., 1997) y de la utilización de antígenos recombinados para la captura de los anticuerpos específicos.

Fig.1 - Radiografía en proyección lateral del tórax de un gato común europeo, macho de 3 años: no obstante la infestación no son evidenciables los signos radiográficos patognómicos
   Estos test, más allá de ser altamente específicos, presentan una elevada sensibilidad, revelan la presencia también de un solo parásito macho o evidencian la infestación en fase de prepatencia (4-5 meses después de la infestación). Estos tests, actualmente llevados a cabo por laboratorios especializados, estarán en breve disponibles también por el veterinario en la forma de kit de fácil y rápido empleo.

   En el ámbito de los exámenes instrumentales, el examen radiológico del tronco, una de las primeras medidas de diagnóstico utilizadas para evaluar el daño en aparato cardiopulmonar debido a la filariosis, constituye todavía hoy una etapa fundamental en el examen de un sujeto sospechoso de estar infestado. En el perro, la ejecución de radiogramas de buena calidad con una colocación correcta del paciente (dato fundamental para la interpretación de los resultados) permiten evaluar el estado del parénquima pulmonar, la eventual presencia de alteraciones de carácter inflamatorio y/o tromboembólico, así como las características de las arterias pulmonares craneales y caudales que con relación a la gravedad del cuadro clínico tienden a parecer mucho más dilatadas, tortuosas con eventual presencia de rotura (Vezzoni, 1987). A diferencia de lo que sucede en el perro, las alteraciones encontradas en los gatos infestados son más específicas y transitorias (fig.1). Radiopacidad de carácter alveolar y/o intersticial y engrosamiento pulmonar lobares caudales (fig.2) que son considerados los aspectos más característicos asociados a la enfermedad, a menudo no son tan relevantes, y, cuando se presentan no son fácilmente diferenciables de otros inducidos por otras patologías pulmonares (Venco e coll., 1996).

Fig.2 - Radiografía en proyección dorsal del tórax de un gato común europeo, macho de 2 años, con hemoptisis : es evidente el engrosamiento de las arterias lobares caudales.
   Seguramente más decisivos son los indicios obtenidas vía examen ecocardiográfico. La evidencia directa del parásito en la zona cardiaca derecha y en la arteria pulmonar constituye de hecho una prueba cierta de la infestación (fig.3). La ejecución de la indagación ultrasónica requiere en el gato la disponibilidad de aparatos de buena calidad y una cierta experiencia por parte del operador, que cuando es correctamente puesta en práctica permite un diagnóstico cierto en la casi totalidad de los casos, proponiéndose como el medio de diagnóstico actualmente más fiable para la diagnosis de infestaciones en esta especie animal (Bussadori e Borgarelli, 1993; Venco e coll.; 1996).

Terapia

   La terapia de la filariosis cardiopulmonar felina se aparta notablemente de todo aquello usualmente puesto en práctica en el perro. En esta especie, sobre la base del cuadro clínico de cada paciente singular y en relación a la edad del infestado, a la entidad de la carga parasitaria y a la diferente reacción individual al parásito, varios tipos de terapia causal pueden ser elegidos por el veterinario.

   Además una terapia sintomática permite, cuando es correctamente aplicada, hacer superar al paciente cuadros sintomatológicos particularmente graves y/o afrontar la terapia causal en las mejores condiciones posibles.

   En la especie felina las opciones terapéuticas son ciertamente reducidas. En el gato, de hecho, por las graves y súbitas reacciones consiguientes a la muerte de los parásitos que frecuentemente conllevan la muerte de los sujetos tratados, la terapia macrofilaricida no es por norma aconsejable (Calvert y Mandell, 1982; Dillon, 1982, 1992). Una terapia sintomática basada en la suministración de corticoesteroides con posología adecuada a cada caso singular permite controlar con mejores posibilidades de éxito los síntomas hasta que, a causa de la muerte espontánea de los parásitos, suceda la curación parasitológica (Atkins y coll., 1995). En nuestra experiencia la rápida suministración de corticoesteroides (en particular prednisolona) con una posología adecuada a la situación específica ha conseguido, en un elevado porcentaje de casos, controlar cuadros clínicos de extrema gravedad, induciendo la remisión de los síntomas e inhibiendo su reaparición hasta que, después de algunos meses, haya tenido lugar la curación parasitológica. Además de administrar corticoesteroides , medidas como la suministración de O2, el confinamiento en una jaula y, a veces, una juiciosa fluidoterapia, pueden resultar de particular utilidad. La administración de fármacos anticoagulantes parece sin embargo seguramente inútil en lo que se refiere al ácido acetil salicílico (Rawlings, 1990) o de dudosa eficacia cuando sea utilizada la heparina cálcica. La terapia microfilaricida es entonces oportunamente reservada, teniendo en cuenta en cualquier caso los posibles graves efectos colaterales, solamente para aquellos sujetos cuyo control de síntomas no sea posible. En estos casos, no siendo disponibles datos sobre la seguridad y eficacia de la melarsomina en el gato, puede ser utilizada la tiacetarsamida con los mismos esquemas posológicos aconsejados para el perro (Atkins y coll., 1995).

Fig.3 - Ecocardiograma en parasternal derecho, eje corto, de un gato común europeo, hembra de 1 año, asintomático : las flechas indican la presencia de un parásito adulto en la arteria pulmonar bajo la válvula.
   Por lo que concierne a la terapia quirúrgica, la dificultad ligada a las pequeñas dimensiones de la vena yugular y de la cámara cardiaca derecha son seguramente, más elevadas en el gato que en el perro y permiten la remoción de los parásitos del atrio y ventrículo derecho pero no de las arterias pulmonares (Glaus y coll., 1995; Venco, 1997). Además, la mortalidad intraoperatoria en esta especie parece ser mucho más elevada. Por esto la terapia quirúrgica se limita a los casos en los cuales todos los parásitos, o gran parte de ellos, sean evidenciados mediante ecocardiografía en los sectores cardiacos derechos.

Profiláxis

   También en el gato la profiláxis en lo que se refiere a la infestación se basa en el empleo de moléculas de actividad larvicida, como la avermecitina y la milbemicina, antibióticos semisintéticos activos sobre numerosas especies de endo y ectoparásitos. Su acción se explica en relación con las larvas L3 inoculadas por los dípteros vectores y de las larvas L4 de no más de 40 días de edad. La suministración del fármaco con una periodicidad mensual de no más de 30 días sucesivos a partir del inicio de la actividad de los mosquitos hasta no más de 30 días sucesivos desde su desaparición no impide (es bueno recordarlo), la inoculación del parásito sin embargo sí su evolución a adulto. Por ser plenamente eficaces estos fármacos deben ser utilizados con periodicidad correcta y dosificación apropiada.

   Antes de ser introducido en el plano de profilaxis cada sujeto debería ser oportunamente examinado para verificar que la infestación no sea ya de hecho con excepción de los cachorros y de los jóvenes sujetos que no habían todavía atravesado por un período estival de exposición a los mosquitos, esta recomendación esta confirmada por el artículo de Filariosis Cardiopulmonar del Gato (Atkins y coll., 1995) donde se recomienda ya sea realizar un test para la búsqueda de la microfilaria circundante o un test serológico para la verificación de la infestación. De hecho, si no se manifiestan efectos colaterales luego del tratamiento profiláctico en gatos infestados de parásitos adultos a causa de la casi constante ausencia de microfilaremia, los exámenes pretratamiento pueden aumentar la seguridad de la intervención profiláctica y revelar las infestaciones eventualmente presentes en sujetos asintomáticos.

   Actualmente, solo la invermectina es aprobada para la profiláxis de la filariosis cardiopulmonar del gato en su dosis mínima de 24 µg/kg, cuyo empleo se ha demostrado plenamente eficaz para prevenir la maduración del parásito a adulto (Atkins y coll., 1995). En el gato, el mismo grado de eficacia se puede obtener después de la suministración de 2 dosis de 500 µg/kg de milbemicina oxima con un intervalo de 30 días (Stewart e coll., 1992).Cualquier otro medio encaminado a impedir la mordedura del huésped intermedio no ofrece ninguna válida garantía para prevenir la enfermedad para los sujetos que viven o pasan parte del tiempo en zonas endémicas.

Acompañan este trabajo, 18 citas bibliográficas.

Traducción Ana Breton - Rubén M. Gatti M.V.

 

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