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Estereotipos Y Transtornos Comportamentales En El Gato(*)

Giulia Biagi - Sandra Nannipieri(1)
Departamento de Clínica Veterinaria - Universidad de Pisa

Giancarlo Signorini
Instituto de Inspección de los Alimentos de origen animal - Universidad de Parma

Objetivo

   Individualizar el papel y la naturaleza del estereotipo y de los trastornos comportamentales del gato doméstico, y de cómo éstos condicionan su relación con el propietario. Considerar el papel del veterinario en la curación y el tratamiento de los trastornos comportamentales.

Palabras clave

   Estereotipo, trastornos comportamentales, gato.

   Los animales domésticos forman parte de los núcleos familiares humanos desde hace millares de años. Estimaciones aproximadas calculan en cerca de 310 millones los animales presentes en el caso de la Unión europea, junto alrededor de 341 millones de personas, con una proporción del 0,93 (tab.1). Las ¾ partes de las familias europeas tienen un animal en casa; no parece diferente la situación en los Estados Unidos, donde el 61% de las familias poseen un animal de compañía, y más de la mitad más de uno (Ballarini, 1995d; Beck, 1993).

   El número de los animales de compañía es, por tanto, uno de los aspectos a considerar. De hecho, aunque desde hace tiempo han sido demostrados científicamente diversos efectos negativos ligados al estrecho contacto con los animales (zoonosis, parasitosis, eventuales lesiones traumáticas) del mismo modo desde hace tiempo, científicamente, se han demostrado los efectos positivos de dicho contacto, ya que mantienen la salud y el bienestar del hombre, así como mejoran su calidad de vida.

Especies animalesItaliaUE
Perros14,42 %11,53%
Gatos16,31 %11,33 %
Pájaros28,36 %14,51 %
Peces37,84 %57,84 %
Otros3,07 %4,79 %
Población humana56.411.000341.272.000
Animales por habitante0,740,93

Tab. 1 - Animales de compañía en Italia y Europa
(por Ballarini 1995, modificada)

   Corresponde a estos últimos años, la revalorización del papel de los animales de compañía en la curación y en la prevención de las enfermedades humanas, sobre todo aquellas originadas en estados de aislamiento ligados a la edad, o a particulares condiciones o disminuciones fisico/psíquicas o a segregaciones (carcelarias, por ejemplo). A esta nueva aproximación terapéutica se le ha dado el nombre de Pet Therapy o, en español, Uso Terapéutico de los Animales de Compañía (Ballarini, 1994; Beck, 1993) (2). De ningún modo es necesario padecer particulares condiciones de incomodiad para obtener ventajas psicológicas y físicas de la compañía de un animal: basta pensar en el placer y el relajamiento que cualquiera experimenta teniendo sobre sus piernas y acariciando al gato que ronronea satisfecho, o el beneficio físico que representa la "obligación" de pasear que debe cumplir al menos tres veces al día cualquier dueño de perro. Una significativa reducción de la presión sanguínea se manifiesta en personas de cualquier edad y sexo ante la presencia de animales, aunque sólo sean peces en un acuario (Beck, 1993; Verga, 1993).

   El aumento en el número de animales de compañía en nuestras casas y su marcada urbanización, así como el interés creciente por los temas relativos al bienestar animal y a sus derechos han conducido a la necesidad de resolver los problemas conectados a la adopción, por parte del animal, de comportamientos inaceptables. Este problema adquiere un mayor dramatismo en el perro, debido al poder ofensivo que caracteriza al animal, especie de gran talla, aunque atañe también al gato que representa cerca del 16% de los animales de compañía en Italia (tab.1).

Estereotipos

   Se entiende por estereotipos aquellos comportamientos repetitivos y, a menudo, rítmicos sin una finalidad precisa (Ballarini, 1993; Dantzer, 1983, 1986; Mckeown e coll., 1993). Esta definición, aceptada por la mayoría, no es todavía muy precisa, ya que algunos de los comportamientos comúnmente etiquetados como estereotipos tienen un fin evidente (por ejemplo la masturbación); por otra parte, para ciertas especies en las primeras etapas, los estereotipos pueden presentar una cierta variabilidad (Mckeown ecoll., 1993). También en el hombre está presente un síndrome clínico, conocido con el término de Desorden Obsesivo-Compulsivos (OCD), que presenta muchas analogías con los estereotipos de los animales, los cuales, precisamente, son utilizados como modelos para el estudio de dicha patología.

   Los comportamientos estereotipados fueron observados y estudiados, sobre todo, en los animales dedicados a la producción y en los confinados en zoológicos; lo que condujo a la conclusión de que tales comportamientos eran la respuesta de los animales al ambiente, o a una inadecuada adaptación al mismo, relacionado o no con el estrés.

   Los estereotipos, como también otros trastornos comportamentales, pueden representar un indicador válido de desadaptación del animal al ambiente en el que vive o también la respuesta ante la presencia de eventuales agentes externos estresantes o la manifestación de alteraciones orgánicas provocadas por varias patologías (Ballarini, 1995ª; Verga, 1993). Este aspecto es particularmente importante tenerlo en cuenta en la relación hombre/animal familiar condicionada por muchos factores que conducen a una estrecha, estrechísima, interacción. De hecho, los animales de compañía desempeñan roles proyectados psicológicamente por el propietario; por lo que al mismo tiempo que toman conciencia de su "animalidad", y de su especie-especificidad, son considerados, y tratados frecuentemente como miembros humanos de la familia. Esto conlleva muchas veces a que el propietario no conozca tan siquiera los rasgos biológicos y fisiológicos de su benjamín, sino tampoco aquellos comportamientos "normales", que pueden ser, y de hecho son, muy diversos de los que nosotros, como seres humanos, esperamos.

   La extrema heterogeneidad de los estereotipos hace muy compleja su valoración unívoca, algunos son consecuencia del ambiente, otros de patologías orgánicas o psiquiátricas, otros de traumas, otros concomitantes con todos estos factores, o menos asociados a bases orgánicas, que, de todos modos, no tienen todavía una amplia respuesta (Ballarini, 1995a). Los estereotipos no sólo se desarrollan sobre la base de comportamientos considerados "normales", sino también en su completa o parcial sustitución, en particular en ambientes pobres o totalmente carentes de estímulos.

   Los comportamientos estereotipados se observan más frecuentemente en el gato doméstico que en el perro (McKeown e coll., 193); salvo pocas excepciones tales comportamientos son expresiones normales de cuadros motores normales y pueden ser clasificados en base a comportamientos de origen, como se muestra en la tabla 2.

ClasificaciónComportamientos Signos clínicos
LimpiezaAutolamidos
Lamer en el aire
Masticar el aire
Granuloma por lamido
AlucinacionesMirada fija
Golpear el aire con la pata
Morder objetos inexistentes
Saltar encima a las personas
Buscar o perseguir presas fantasmas
Brincar sin motivo
Ninguno
Consumo
de alimentos
y bebidas
Polidipsia
Polifagia
Despilfarro
Succión de la lana
Ingestión de tejidos
Alteraciones del sistema gastroentérico
Lesiones en la mucosa bucal
LocomociónMovimientos imprevistos
Forma de andar acentuada
Sacudidas de cabeza o patas
Azotar el aire con la cola
Inmovilizarse en una posición
Ninguno
Vocalizaciones Gritar
Maullar
Ninguno
NeurosisTendencia a morder o masticar cola y patas de forma agresiva, con o sin emisión de sonidos
Arañarse la boca con las garras
Agredir periódicamente y sin motivo al ser humano
Lesiones sobre varias partes del cuerpo (en especial, patas, cola y boca)
Tab. - 2 Estereotipos en el gato (por McKeown 1993, modificada)

   En el gato este tipo de comportamientos van unidos frecuentemente a signos clínicos como períodos agudos de agitación; movimientos imprevistos y sin ninguna finalidad; pupilas semidilatadas y fijas; manto encrespado en la región del dorso (McKeown e col, 1993).

   Todavía no se han esclarecido completamente las causas precisas de los estereotipos, existen fuertes indicadores que nos conducen a pensar en una predisposición en la adopción de determinados comportamientos en ciertas líneas de sangre. Los estereotipos, o al menos la predisposición a ellos, tendría una base genética, representada por una menor tolerancia a los agentes estresantes (McKeow e col., 1993). Los comportamientos estereotipados son, de algún modo, adquiridos y, cualquiera que sea el papel de la predisposición de la raza, necesitan, para su desarrollo, de un detonante ambiental, representado, generalmente, por el estrés de un conflicto irresoluble entre dos comportamientos recíprocamente incompatibles (por ejemplo, agresividad y miedo). Esto conduce a un nivel de excitación extremadamente elevado y, en los sujetos predispuestos, a la ejecución de comportamientos conflictivos.

   Un papel mucho más importante en la aparición de los estereotipos es el representado por los conflictos sociales, típicos de los ambientes donde conviven más animales, de la misma especie o de especies diferentes. Otro aspecto ambiental a considerar es el espacio físico a disposición del animal, ya sea en cantidad o como fuente de estímulos. De hecho, comportamientos estereotipados han sido observados en animales mantenidos en espacios limitados (Ballarini, 1995a, 1995b). Esto parece encontrar una explicación en el hecho de que el comportamiento "normal" está siendo restringido o impedido, como es el caso de los animales confinados en jaulas muy angostas o por períodos de tiempo prolongados. La relación entre estereotipo y aburrimiento, a pesar de la toma de posición de una gran parte de la opinión pública, no está todavía claramente definido (Ballarini, 1995a, 1995b).

   Existen tres enfoques diferentes sobre el problema estereotipo/bienestar animal (Ballarini, 1995b; Mason, 1991). En el primero, el estereotipo es considerado una respuesta específica a estados emocionales adversos, como la frustración de los estímulos e instintos de base (la predación o la reproducción, por ejemplo). En el segundo, los estereotipos se ligan a estados emocionales específicos que controlan el comportamiento normal, sin considerar el estado mental del animal; recordemos que en otras especies animales, como los pollos o cerdos, los estereotipos son correlativos a las restricciones alimenticias. En el tercero, los estereotipos derivarían de una compleja interacción entre diversos estados emocionales, con modificaciones del sistema neuroquímico que controla el comportamiento, como se esquematiza en la figura 1.


Figura 1.- Relaciones entre comportamiento, estrés y patología (por Verga 1993, modificado)

   

Trastornos del comportamiento

   A diferencia de los estereotipos, generalmente no escapan al ojo del propietario más inexperto, los trastornos comportamentales pueden ser ignorados, puesto que conocemos muy poco del comportamiento "normal" del perro o del gato, y de la diversidad que estas manifestaciones pueden presentar en las diferentes razas y en cada individuo singular. Los veterinarios, que son las figuras profesionales que se pueden encontrar con estos problemas están en situación de tratar los aspectos sanitarios, poseen un conocimiento lagunoso del comportamiento normal del animal, sobre todo del gato, y de las causas de sus alteraciones comportamentales (Overall, 1993b).

   Todos los comportamientos comprenden componentes ambientales y genéticos. Las variaciones genéticas no son suficientes, por sí mismas, para determinar una vasta gama de comportamientos individuales sin considerar también las características específicas de la raza; esto significa que no todos los siameses, por ejemplo, frente a estímulos análogos, responden de forma idéntica, ni siquiera similar.

   El peso del papel jugado por el ambiente y de aquel debido a la genética ha sido objeto, durante años, de disputas entre los diferentes autores, y todavía hoy no se han conseguido conclusiones definitivas. Es cierto que las eventuales experiencias traumáticas parecen tener un peso menor en el perro y el gato del que tiene en el hombre, en cuanto que los animales parecen responder con mayor plasticidad a los diferentes estímulos.

   Se han identificado cuatro grandes fases, definidas como Períodos de Sensibilidad (Overall, 1993b; Turner y col., 1986); Fase Neonatal (0-14 días), Fase de Transición (14-20 días), Fase de Socialización (3ª - 12ª semana) y Fase Juvenil (5ª - 16ª semana) intercaladas por otras más pequeñas y de menor importancia para la vida futura del animal. Si los animales no reciben los estímulos apropiados durante estos períodos existe un riesgo mayor de aparición de problemas referentes a alteraciones en la socialización; esto no excluye en absoluto que animales sometidos a estímulos apropiados durante los períodos citados no puedan presentar trastornos análogos en el comportamiento, aunque es cierto que la probabilidad de que éstos se verifiquen es menor.

   El gato, forzado por la mayor brevedad del período de socialización respecto del perro, cuando es privado de los contactos necesarios durante las fases de mayor sensibilidad presenta problemas más graves. Por ejemplo, sujetos que quedaron huérfanos y fueron criados por el hombre pueden no aprender nunca a jugar de manera correcta, llegando a herir, incluso gravemente, a sus propietarios; esto se debe al hecho de que, no habiendo podido interactuar con la madre y los hermanos durante el período del juego social, no han aprendido la corrección de los errores cometidos durante esta actividad (Overall, 1993b).

   En los núcleos familiares con más de un gato se produce otro problema que afecta mucho al propietario, la marcación del territorio con orina. Este tipo de comportamiento parece ser una respuesta debida a la ansiedad ligada a la superpoblación; la castración, sea de machos o hembras, reduce notablemente, aunque no siempre resuelve, este problema, que puede ser afrontado también aumentando el espacio disponible para cada animal (Overall, 1993a, 1993b).

Tratamiento terapéutico de los estereotipos y de los trastornos comportamentales

   El tratamiento terapéutico de los trastornos del comportamiento y de los comportamientos estereotipados en el gato es extremadamente complejo. En lo que respecta al estereotipo está claro que limitarse a impedir físicamente la ejecución del comportamiento en cuestión sin haber eliminado la causa debe ser considerado un acto de pura crueldad, aunque pueda realizarse de forma inconsciente y con perfecta buena fe. También la inexacta convicción de que los comportamientos estereotipados están ligados al aburrimiento puede llevar a la adopción de varios métodos tendentes a incrementar los estímulos ambientales, a veces empeorándose la situación y de todos modos siempre alejándose del problema principal, esto es la búsqueda de la causa que los desencadena (McKeown e col. 1993).

   La solución mejor, aunque en algunos casos tampoco es definitiva, es sin lugar a dudas la identificación y la eliminación del conflicto responsable de las manifestaciones indeseadas. El animal no debe ser nunca sometido a castigos y el comportamiento esterotipado puede, y debe, ser impedido solamente en caso de efectiva necesidad y siempre y sólo si la causa del conflicto ha sido eliminada (Ballarini, 1995b; McKeown y col., 1993).Un tratamiento farmacológico de los estereotipos y de los trastornos comportamentales del gato es posible, ampliamente experimentado y, a menudo, aconsejable (McKeown e col., 1993); algunos de los fármacos comúnmente usados en el tratamiento de tales formas están relacionados en la tabla 3.
Comportamiento indeseadoFármacos utilizados
Aspersión con orinaDiazepán
Cloracepato dipotásico
Buspirona Clorhidrato
Megestrol acetato
Medrosiprogesterona acetato
Agresividad entre machosMegestrol acetato
Medrosiprogesterona acetato
Diazepán
Limpieza compulsiva
Succión de pelo
Clorfeniramina meleato
Diazepán
Cloracepato dipotásico
Amitriplina clorhidrato
Naltrexone
Hidrosina clorhidrato
Doxepín clorhidrato (succión pelo no)
Clomipramina clorhidrato
Carbamacepina
AnsiedadAcepromacina maleato
Promazina clorhidrato
Fenobarbital (para viajes)
Cloracepato dipotásico
Amitriptilina clorhidrato
Buspirona clorhidrato
Tab. 3 - Principales fármacos utilizados en la terapia de los trastornos del comportamiento y de los estereotipos en el gato

   Los trastornos del comportamiento y estereotipos instaurados desde hace mucho tiempo, se muestran bastante refractarios a varios tipos de tratamiento, mientras que en las formas más recientes la terapia obtiene un mayor éxito (MacKeown y col., 1993).

   De hecho, independientemente del hecho del empleo de los diversos fármacos como tratamiento primario o como soporte de una terapia comportamental, cualquier acercamiento farmacológico debe ser efectuado de forma rigurosamente racional ya que, como nos enseña la práctica en psiquiatría humana, la sola prescripción de fármacos no asociada a un plan de tratamiento que prevea también otras formas de intervención, es frecuentemente inapropiada.

   La terapia con fármacos tiene un valor innegable ya que produce efectos rápidos e inmediatos, pero se deber tener siempre presente que representa un acercamiento sintomático al problema y debe ser, por lo tanto, integrada en un programa terapéutico que tome en consideración el ambiente físico, de comportamiento y social en el que vive el animal, en el ámbito de un protocolo de corrección del campo comportamental (Overall, 1993a).

Conclusiones

   Para prevenir la aparición, o atenuar, los problemas de comportamiento y los estereotipos, resulta fundamental que el propietario conozca el comportamiento "normal" del gato doméstico y las normas que regulan las respuestas comportamentales, así como su capacidad de interpretar correctamente los comportamientos de su mascota.

   En esta óptica asume un papel fundamental el veterinario, puesto que ya en la primera visita del gatito se preocupará de informar a los propietarios, no sólo de los programas de vacunación, de la modalidad de alimentación y de control de la parasitosis, sino también de los argumentos referentes al desarrollo social del animal, y de cómo guiar su integración en la familia. En el caso de problemas de comportamiento el veterinario debe prever la actuación de una combinación de fármacos.

   Se trata ciertamente de un programa ambicioso, porque a pesar de que los resultados de la terapia comportamental se logran a medio-largo plazo, conducidrán sin duda a un resultado satisfactorio, teniendo la constancia de proseguir por todo el tiempo necesario, sin que ni el veterinario ni los propietarios se desalienten por las innegables, y de alguna manera inevitables, dificultades que tales tratamientos terapéuticos comportan

(*) Publicado en Obiettivi & Documenti Veterinari Nº 11- 1998
( ) El trabajo se ha realizado con contribución de fondos del Ateneo de la Universidad de Pisa.
El trabajo pertenece por igual a todos los autores.
(2) N de T: También llamados Efectos Mascota Positivo (Rubén Gatti, 1993)
Traducción: Lic. Ana Bretón

 

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