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ESTEREOTIPOS Y BIENESTAR ANIMAL

La función del veterinario(*)

Giovanni Ballarini
Instituto de Clínica Médica Veterinaria - Facultad de Medicina Veterinaria, Universidad de Estudios de Parma

Objetivo - Considerar las relaciones entre los Estereotipos y el Bienestar Animal, su eventual utilización como "Indicadores" de Malestar, Sufrimiento o Soledad y la función del veterinario en la determinación del Bienestar Animal.

Palabras Clave - estereotipos, bienestar animal, indicadores de malestar, comportamiento animal, etología, sufrimiento, soledad.

Premisas

El interés actual por el Bienestar Animal y, sobre todo, la reciente proliferación nor-mativa que demanda a los técnicos, y en particular a los veterinarios, establecer si en espe-cíficos casos y para animales singulares, grupos de animales o durante la crianza, existe o no un estado de bienestar", hace necesario un conocimiento preciso del significado de posi-bles síntomas o situaciones que sean "Indicadores de Bienestar" y sobre todo la individuali-zación y la interpretación de los "Indicadores del Malestar".

Entre los "Indicadores del Malestar" han sido incluidos también los Estereotipos. Como se puso de manifiesto en una nota precedente (Ballarini, 1995), debida a la facilidad con la que imágenes, a menudo filmadas, de estereotipos o de com-portamientos estereotipados han sido difundidas a un vasto público, se ha creado una situa-ción al mismo tiempo imprecisa y peligrosa, derivada sobre todo de la "fórmula" : Malestar = Estereotipo o Estereotipo = Malestar.

También en este último orden de ideas, en la presente exposición y en los límites concisos de un artículo, consideramos los recientes aspectos de los estereotipos o com-portamientos estereotipados, en relación con el bienestar animal y cuál debe ser el papel del veterinario en la interpretación de los comportamientos estereotipados, en relación, sobre todo, a una correcta identificación de estados de malestar en los animales.

Qué es el bienestar animal

Es intuitivo y comúnmente aceptado que un animal con signos de dolor, temor o en-fermo se encuentra en un estado de malestar. En cambio un animal saludable, que crece, se reproduce y se comporta "normalmente" en un ambiente para él "natural", estará en una condición de "bienestar". Entre estos dos extremos hay una vasta área con una gran canti-dad de situaciones "desagradables".

Sobre todo, en estos últimos años se ha planteado la necesidad de definir científica-mente el Bienestar Animal, no obstante la dificultad que se han presentado. Duncan y Da-wkins (1983), discutiendo las definiciones y las descripciones del bienestar animal en los veinte años precedentes concluyen que no existía una definición perfecta y que era imposi-ble dar una precisa definición científica del "bienestar". Como una buena forma de aproxi-mación se puede dar una definición operativa que tenga en cuenta de los siguientes con-ceptos.

Más recientemente Huges (1976) ha definido el bienestar animal como "un estado de completa salud física y mental, cuando el animal está en armonía con su ambiente", mien-tras Hurnik y col. (1985) lo definen como "un estado o una condición de armonía física o psicológica entre el organismo y su ambiente". Sin embargo, nos damos cuenta de que estas amplias definiciones del bienestar no llegan a resolver situaciones particulares o "casi lí-mite", no infrecuentes. Por ejemplo, ¿cómo es el estado de bienestar de un animal, en con-junto normal, pero con una enfermedad o trastorno subclínico?. ¿Qué pensar de un animal que muestra síntomas de estrés por una actividad, por otra parte satisfactoria, como una relación sexual, una prestación atlética, etc.? ¿Cómo juzgar a un animal saludable, con normal actividad fisiológica, que, sin embargo, presenta movimientos estereotipados?.

Para tratar de resolver éstos y otros "casos límite" o "casi problema", algunos investi-gadores, sobre todo Duncan (1993), Duncan y col. (1993), piensan que el bienestar animal, totalmente o en parte, controla el sufrimiento que el animal padece conscientemente. El bienestar animal estaría comprometido solamente por el sufrimiento que el animal padece hasta un cierto límite y hasta el nivel en que el estado mental esté protegido, lo estará tam-bién su bienestar.

Se distingue también entre "necesidades" esenciales (en inglés needs) para la vida y la reproducción y también "deseos"(en inglés wants y desires) que son la representación cog-nitiva que el animal se hace de las necesidades. Por ejemplo, para evaluar si los cerdos tie-nen necesidad o no de un lugar con paja para mantener un equilibrio térmico, se piensa que si lo buscan y no lo encuentran, su bienestar estará comprometido.

La noción ahora indicada implica una cuota de subjetividad del animal y evoca un pa-pel para las emociones, aspectos que han sido negados por mucho tiempo por la biología científica. Se infiere por tanto que una adecuada nutrición y una buena salud no aseguran el bienestar y que debemos considerar la percepción que el animal tiene de su ambiente y no tanto el ambiente en sí.

Recientes investigaciones muestran además que las necesidades pueden no coincidir con las carencias. Por ejemplo, la investigación prolongada durante decenas de años sobre las necesidades nutricionales de la cerda, la cantidad de alimento normalmente suministrada resulta insuficiente para reducir las motivaciones alimenticias y esto puede inducir la apari-ción de estereotipos. Todavía la teoría considera que las sensaciones de los animales son a menudo difusas y, sobre todo, difíciles de probar experimentalmente.

Todo lo hasta aquí delineado da origen a una serie de problemas, sobre todo, en lo que respecta a las investigaciones sobre las relaciones entre las "necesidades", los "deseos" y, sobre todo, entre los aspectos estrechamente biológicos y estos comportamientos. A propó-sito puede ser indicativo el ejemplo de la cría de los terneros en jaulas o en grupo. En la primera situación se produce una mayor satisfacción de las necesidades de tipo biológico, evidenciadas por una mejor salud, menor incidencia de enfermedades y de mortalidad, me-jor crecimiento corpóreo.

En el segundo caso, hay además una mejor satisfacción de las necesidades comporta-mentales, pero con una disminución de la salud, aumento de las enfermedades clínicas y subclínicas, de la necesidad de intervenciones curativas, de la mortalidad. En forma análoga sucede en muchas otras situaciones.

En el momento actual faltan estudios precisos, de costo-beneficio, entre los dos aspec-tos arriba citados del bienestar animal. De hecho, la tendencia mayoritaria es la de quienes sostienen una o la otra de las tesis (una sobre la base de un bienestar biológico o compor-tamental), enfatizando sólo la propia sin considerar la otra. Como han puesto de manifiesto recientemente Duncan y col. (1993) la situación es todavía más compleja si se considera las intrincadas conexiones que existen entre aquellas que podemos denominar la "componente biológica" y la "componente etológica" del bienestar.

Además, recientes investigaciones indican que los aspectos cognitivos y emocionales del animal cambian en relación a las condiciones biológicas y viceversa, en el ámbito de una auténtica y propia "psicosomática animal". Diferentes estudios han establecido relacio-nes entre el estrés y la inmunocompetencia y puntos comunes entre el sistema inmunitario y el comportamiento, por ejemplo a nivel de Interleucina-1, de opioidos endógenos, etc.

Estereotipos y bienestar

Los estereotipos han sido sintéticamente definidos como "comportamientos constantes y repetitivos, que no tienen una finalidad o una función". También han sido formulados a partir de "criterios de asociación" como aquellos que no se asemejan a comportamientos normales o lo que se refieren a posturas anormales, que no siempre resuelven problemas prácticos para su identificación o diagnóstico.

Los estereotipos constituyen además un grupo heterogéneo de comportamientos. Algu-nos son inducidos por el ambiente, otros por interferencias farmacológicas o quirúrgicas que actúan sobre el sistema nervioso y otros, sobre todo en el hombre, pero también en los animales, asociados a condiciones psiquiátricas. Permanecen, sin embargo, oscuras las ba-ses orgánicas de los estereotipos. Diferentes estereotipos están coligados a condiciones am-bientales, por lo cual, pero no siempre, éstas han sido consideradas indicadores de un "ma-lestar", en el sentido de una no adecuada relación del animal con el ambiente.

Los estereotipos no se desarrollan, por tanto, a partir de comportamientos normales, sino más bien como "sustitutos" si hay una más o menos completa ausencia de estímulos ambientales o de posibilidades ambientales y sobre todo sociales de desarrollar unos com-portamientos normales.

También las experiencias pasadas interfieren sobre los niveles de estereotipos presentes en un animal, como mantener a un animal en un ambiente pobre de estímulos que puedan favorecer su desarrollo. De igual modo existen experiencias sociales que favorecen la apa-rición. Así mismo, la presencia en un grupo de animales de individuos con estereotipos parece favorecer su aparición en otros animales, probablemente a través de mecanismos de imitación.

Es necesario también distinguir las condiciones ambientales que inducen la formación de comportamientos estereotipados de aquellas que se limitan a "desarrollar" un compor-tamiento estereotipado ya inducido por otras condiciones. Se infiere que en un ambiente con escasos estímulos, por ejemplo, un comportamiento estereotipado se manifiesta incre-menta por los más diversos estímulos. En estas condiciones, además, en muchos estereoti-pos se pueden individualizar motivaciones que no encuentran referencias a condiciones ambientales (en sentido amplio) más o menos "simplificadas".

El todavía escaso e insuficiente conocimiento sobre los estereotipos no permite estable-cer las "causas" precisas, aunque sí existe la posibilidad de considerar sus motivaciones.

Comportamientos estereotipados son mucho más frecuentes en los animales que han sido confinados en lugares cuyo comportamiento fue restringido. Esto conduce a pensar que debido a las frustraciones de específicos sistemas motivacionales, o la resultante aver-sión, pueden aparecer estereotipos. La experiencia empírica, sin que se pueda hablar de causas en sentido estricto, indica que una serie de específicos estados emocionales someten, preparan o coadyuvan a desencadenar los estereotipos. Muchos ejemplos indican que los comportamientos estereotipados tienden a aparecer cuando se restringe la expresión normal de un estado emotivo.

Por tanto, si el grado y la intensidad de los estereotipos en muchos casos se pueden ser determinados por referencia al ambiente o por la reducción de la variabilidad comporta-mental, ocurren siempre notables variaciones individuales.

Las relaciones entre los estereotipos y el aburrimiento, pero también la depresión y la angustia, han sido y permanecen siendo objeto de acaloradas discusiones, que dividen toda-vía a los investigadores del comportamiento y que no han llevado a una solución unívoca de los problemas (Wemelsfelder, 1993).

El desarrollo de comportamientos estereotipados está a menudo unido a la incapacidad o imposibilidad que tiene un animal de integrarse de manera normal con el ambiente. El comportamiento adquirido asume características de "rigidez" y "mecanicidad", con dismi-nuciones de las características innovadoras y de anticipación del comportamiento normal (Wemelsfelder, 1993), con un gradual perjuicio de la integridad subjetiva, unido a situacio-nes de aburrimiento y en los estados más avanzados de depresión y/o angustia, aunque es-tos términos se refieren a situaciones de difícil definición operativa, sobre todo en los ani-males.

No obstante, la atractiva simplicidad del concepto de que los estereotipos son la conse-cuencia, o por lo menos la expresión de un estrés, sobre todo crónico o repetido, sin embar-go, un profundo examen de los actuales conocimientos no suministra resultados satisfacto-rios a este propósito. Y es curioso notar que muy a menudo el estrés aparece cuando no hay aburrimiento y viceversa, pero que entre las condiciones se invoca ésta como causa de la aparición de estereotipos.

Como recientemente han discutido Ladewig e col. (1993) hasta el momento no es posi-ble trazar un cuadro claro de las relaciones entre los comportamientos estereotipados y las reacciones del sistema neuroendocrino inducidas o correlativas al estrés. Sin embargo, la situación ahora delineada es muy importante, queriendo utilizar los estereotipos como ele-mento de evaluación de condiciones complejas, como el bienestar animal, sobre todo queriendo tomar aspectos particulares y muy diferenciados, como la relación ambien-tal, o el "aburrimiento" y la "soledad".

Duncan y col.(1993) han subrayado recientemente que es difícil usar la variación en la incidencia de los estereotipos para medir el bienestar de los animales como quiera que esto sea concebido. De la investigación hasta aquí llevada a cabo es posible cons-tatar que para unos estereotipos existe la evidencia de que el animal ha pasado un período de sensaciones negativas o que existe cierta evidencia de tipo fisiológico de que algunos animales con comportamientos estereotipados estén estresados; que algunos animales que manifiestan estereotipos pueden tener sensaciones negativas asociadas al aburrimiento o la actividad reducida. Sin embargo, la ausencia de evidencias que permitan establecer una relación entre los estereotipos y uno escaso bienestar, refleja probablemente la falta de una adecuada investigación a este propósito.

Como ha indicado claramente Mason (1991) las investigaciones sobre los estereotipos y el bienestar probablemente deban ser dirigidas a dos momentos de su desarrollo: cuando los comportamientos estereotipados se están desarrollando y cuando están ya estabilizados y bien definidos como estereotipos.

Por todo lo que se refiere a la formación de los estereotipos, Manson (1991) considera posible identificar tres diferentes enfoques al problema de las relaciones entre los estereoti-pos y el sufrimiento de los animales.

El primer enfoque es el de considerar que los estereotipos sean respuestas específicas de estados emocionales aversivos , como la frustración. Se ha insinuado a menudo que du-rante su desarrollo, los estereotipos surgen como una respuesta a aspectos aversivos (por ejemplo frustrantes) de la cría intensiva. Este punto de vista está confrontado por la obser-vación de que algunos movimientos estereotipados pueden ser inducidos en condiciones de frustración o conflictivas, fácilmente asociados con situaciones de contrariedad.

El segundo enfoque liga los estereotipos a estados emocionales específicos que con-trolan el comportamiento normal, sin considerar inmediatamente el estado mental del ani-mal que demuestra el estereotipo. Los procesos que están involucrados en el control del comportamiento "normal" estarían involucrados en la aparición de los estereotipos.

En este orden de ideas, es posible interpretar las oportunas observaciones de que en los cerdos y en los pollos los estereotipos están estrechamente correlacionados a las restriccio-nes alimenticias, mientras son menores las correlaciones con fenómenos de aversión y es-trés.

Un tercer enfoque al problema es una mezcla de los dos anteriores. El desarrollo de los estereotipos derivaría por tanto de una compleja interacción entre uno o más estados emo-cionales y los efectos progresivos de condiciones ambientales y/o estrés, que actúan sobre el sistema neuroquímico de control de las manifestaciones comportamentales.

Inciertas son todavía las relaciones entre sufrimiento y formación de estereotipos y algunos autores (Wemelsfelder, 1993; Dantzer, 1986) mantienen que los estereotipos ya consolidados dejan de tener un significado emocional para los animales. A propósito de esta cuestión recientemente Duncan y col. (1993) han hecho notar los siguientes aspectos.

  1. La aparición de algunos estereotipos se asocia a un aumento de la actividad del haz hipofisis-adrenal o del sistema simpático, pero no se pueden extraer conclusiones válidas para todos los estereotipos.
  2. . El actual concepto de estrés, sobre todo el que lo reduce a los niveles de corticoeste-roides, resulta muy simplista para encuadrar y explicar los complejos efectos del ambiente sobre la fisiología animal. Al respecto son necesarias ideas más complejas y sobre todo parece necesario dedicar mayor atención al sistema nervioso central, más que al sistema fisiológico periférico.
  3. Resulta difícil establecer relaciones de causa y efecto solo a base de correlaciones entre los estereotipos y las condiciones fisiológicas. En particular son necesarias investiga-ciones más precisas sobre las condiciones fisiológicas que pueden predisponer a los ani-males en el desarrollo de estereotipos. No existe todavía hoy una evidencia clara de que los estereotipos alteren la fisiología del animal.
  4. La simple hipótesis de que los estereotipos pueden ser una respuesta de defensa se puede descartar. En modo análogo no es ya aceptada la hipótesis de que los estereotipos pueden causar un "auto-narcosis" y entonces reducir la respuesta fisiológica al estrés. De hecho son complejas las relaciones entre los péptidos opioides endógenos y los estereoti-pos.

Estereotipos y bienestar: función del veterinario

Los estereotipos han sido objeto de numerosas investigaciones, en una nota precedente se ha examinado la función del veterinario en sus diferentes aspectos e interpretaciones (Ballarini, 1995). El papel del veterinario en cuanto a la relación entre los estereotipos y el bienestar de los animales, aunque dificultoso, es, sin embargo, importante.

Sobre la base de lo anteriormente expuesto y recientemente concluido por Duncan y col. (1993) la falta de certeza sobre las relaciones entre los estereotipos y el sufrimiento es el mayor obstáculo para poder utilizar los estereotipos como una ayuda para evaluar hoy y para proteger mañana ambientes de crianza confortables y completamente adaptados a los animales. Solo en "beneficio de la duda" y puesto que los estereotipos se desarrollan en animales que no han sido sometidos a reacciones emocionales fuertemente negativas, cuan-do aparecen en forma evidente y en forma significativa es necesario considerar las condi-ciones del ambiente, estrés y en consecuencia, las situaciones de sufrimiento.

Considerando que el sufrimiento de tipo "psíquico", en todos sus grados y variedades (aburrimiento, soledad, etc.) deriva de dos componentes, el tipo de ambiente y las caracte-rísticas comportamentales de los animales, resulta discutible la idea de que los animales domésticos, sometidos a una larga selección y que han desarrollado una co-evolución con los ambientes de crianza, deben manifestar un comportamiento "natural".

A propósito de esto se olvida que los animales, cuando pasan del estado salvaje a ser domesticados, han mutado profundamente su anatomía y fisiología, y también su compor-tamiento. En una concepción evolucionista los estereotipos que aparecen en los animales domésticos no quieren decir que tengan solamente o primordialmente un significado de "mala adaptación", pero pueden también ser expresiones de una "co-evolución animal-ambiente incompleta" o de la selección de componentes orgánicos y sobre todo fisiológicos (a nivel del Sistema Nervioso Central) que en condiciones naturales habrían sido elimina-dos. Una hipótesis, esta última, que aproxima la disposición de los estereotipos a "co-variaciones" más o menos accidentales de una selección animal enfocada más a las caracte-rísticas somáticas y fisiológicas, que a las etológicas y comportamentales.

De hecho los estereotipos pueden reflejar estados de sufrimiento actuales o pasados, comportamientos estereotipados o afines aparecen en condiciones patológicas o también sólo como manifestaciones sub-clínicas de enfermedad, el veterinario, por tanto, debe con-siderar algunas como principales líneas de aproximación del problema.

El veterinario debe ante todo identificar con precisión el comportamiento o los com-portamientos estereotipados, estableciendo también los porcentajes de aparición, relacio-nándolo todo a las específicas condiciones de los animales, crianza, alimentación, ambien-te, etc.

Al mismo tiempo, el veterinario debe investigar si los comportamientos en examen se deben a síntomas o manifestaciones de enfermedades clínicas o subclínicas de diverso ori-gen.

Posteriormente, el veterinario, sobre todo si no existen precisas correlaciones entre los comportamientos en examen y los estados patológicos, debe buscar la presencia de estados o condiciones de tipo emocional y establecer la causa, concausa de dolor, sufrimiento, ma-lestar presente o referidas a un momento pasado. Es necesario recordar que se considera que los estereotipos pueden ser la consecuencia de estados emocionales que han actuado en el pasado. Al respecto el veterinario debe tener presente que estos estados emocionales pueden ser diversos y sobre todo complejos, implicando dos o tres o más condiciones que actúan en forma diferente en los individuos singulares y, sobre todo, que tienen diversos orígenes.

Planteada una hipótesis etiológica es útil para el veterinario controlar (también como "diagnosis ex juvantibus") los estados emocionales estableciendo las causas y concausas de los estereotipos en los animales, considerando que eventuales resultados positivos son posibles tan solo durante la constitución de los estereotipos, mucho menos sobre los que están ya sólidamente instaurados.

A este respecto hace falta precisar que no es siempre posible y sobre todo útil interve-nir, al menos para algunos componentes. Por ejemplo, diferentes estereotipos son coligados con las restricciones alimenticias, que en los animales de crianza son necesarias por el uso de alimentos fácilmente manejables y, por lo tanto, para conseguir una "alimentación equi-librada, así como también por la necesidad de poderlos distribuir de forma adecuada. Una alimentación ad libitum con este tipo de alimentos bien formulados y equilibrados puede provocar trastornos diversos, que van desde la obesidad a las indigestiones de diver-so tipo.

De modo análogo, en lo que al ambiente se refiere no es fácil individualizar con exac-titud el componente o los componentes probablemente más implicados en las motivaciones de uno o varios estereotipos, que se pueden manifestar de diferentes animales del mismo grupo de crianza: otros a los factores físicos (temperatura, humedad, etc.) y a la estructura del ambiente mismo (dimensiones, presencia o posición de los lugares de reposo, alimenta-ción, etc.) son a considerar las relaciones entre los animales (superpoblación, con presencia de animales de edad y también de especies diversas) y los comportamientos de los hombres presentes en la crianza.

Todo lo que se ha expuesto y discutido sobre las relaciones entre los Estereotipos y el Bienestar Animal permite concluir que no es posible transferir automáticamente la presen-cia de estereotipos como "Indicadores" de Malestar, Sufrimiento o Soledad.

No obstante, las numerosas y actuales incertidumbres sobre los estereotipos, en parti-cular sobre su origen preciso y sobre sus significados, funcionales y productivos (aspecto este último considerado de forma particular por Dantzer y Mittelman, 1993) el actual papel del veterinario está principalmente dirigido a poner de relieve y sobre todo, a la interpreta-ción de los comportamientos estereotipados, diferenciando los estereotipos de los síntomas de eventuales enfermedades y estudiando las posibles causas y con-causas y los eventuales medios de prevención.

Conclusiones

En la premisa se ha recordado que dentro de los "Indicadores de Malestar" se encuen-tran comprendidos también los Estereotipos y como, consecuencia de la difusión a un vasto público de imágenes, de estereotipos o de comportamientos estereotipados, a me-nudo en contextos de fuerte emotividad, se ha llegado a crear una situación al mismo tiem-po imprecisa y peligrosa, derivada de la "fórmula": Malestar = Estereotipo o Estereoti-po = Malestar.

Esta fórmula ha tenido un inmerecido éxito por su simplicidad. A propósito es oportu-no recordar que Albert Einstein, que de fórmulas entendía, afirmó que "cuanto más simple es una fórmula, menos aplicable a la realidad. Cuanto más complicada es una fórmula, mejor se adapta a la realidad".

La imprecisión de la fórmula deriva sobre todo de la complejidad de los comporta-mientos estereotipados, que no pueden ser englobados en un único modelo y, sobre todo, tienen muchas modulaciones, que no permiten resolverse a través de la ecuación Ma-lestar = Estereotipo.

Los estereotipos y los comportamientos estereotipados - como demuestra también el reciente volumen editado por Lawrence y Rushen (1993) - adecuadamente conocidos y, sobre todo, oportunamente aplicados por personas preparadas son indudablemente impor-tantes elementos de juicio de las condiciones de Bienestar o Malestar de los animales, pero no deben ser banalizadas y entonces perder eficacia. Del mismo modo es indudable que el estudio de los estereotipos es muy importante en el ámbito de la etología.

La peligrosidad de dicha fórmula depende del uso indiscriminado y, sobre to-do, no correcto de dicha ecuación Estereotipo = Malestar. La fórmula, como si fuese un instrumento objetivo de valoración, ha sido y sigue siendo utilizada sin conocer las reales y complejas situaciones fisiológicas, sociológicas y comportamentales en las cuales los estereotipos se forman y toman entonces significado. De ellos se han derivado y derivan consecuencias distorsionadas, llegando a menudo a criminalizar situaciones normales o sólo para-normales.

La simplicidad de la "fórmula" induce a personas más o menos incompetentes a consi-derarse capaces de juzgar - a menudo sobre la base de un presuroso e incompleto relieve de estereotipos o comportamientos considerados estereotipados - por la presencia, en los ani-males o en las crías, de un malestar. En modo análogo las mismas personas han llegado a indicar la calidad y la intensidad del presunto malestar, con "juicios" que a menudo están viciados por ideas o sentimientos preconcebidos.

Todavía menos confiable, si no peligroso, es el uso indiscriminado de la ya citada "formula" para evaluar en forma casi infalible la presencia de estereotipos como indicado-res de "sufrimiento" y sobre todo de "soledad", teniendo en cuenta también la dificultad de definir, pero sobre todo de encuadrar etológicamente y de forma objetiva, estados con lí-mites bastantes imprecisos y que en el hombre no son fácilmente objetivables, cargados de subjetividad y emotividad.

Bibliografía:

El trabajo consta de 14 citas bibliográficas.

(*) Publicado en Obiettivi &Documenti Veterinari Nº 5 de 1995
Traducción: Lic. Ana Bretón

 

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