El Enigma de los Gatos de los Andes

 

Canedi, A. y P. Pasini Canedi
Estación de Fauna Silvestre, Universidad Nacional de Jujuy
E-mail: canedi@ unju.edu.ar

 

Aún persiste mucha confusión entorno del “gato andino” (Oreailurus jacobita, Cornalia 1865) y del “gato de las pampas”, “colocolo” o “gato del pajonal” (Oncifelis colocolo, Molina 1782). Si bien ambas especies coexisten en simpatría en las regiones altoandinas de Perú, Bolivia, Chile y Noroeste de Argentina, el “gato de las pampas” tiene una distribución y selectividad de hábitat mucho más amplia en América del Sur, alcanzando Brasil, la meseta patagónica y la región pampeana de nuestro país.

El desconcierto no sólo existe a nivel científico sino que también subsiste entre los propios campesinos que habitan los Andes. Villalba y Bernal (2000) iniciaron investigaciones para establecer la distribución y estado actual del “gato andino” en Bolivia a partir de encuestas y entrevistas realizadas en los Departamentos de La Paz, Oruro, Potosí y Tarija. Concluyeron en establecer que los nombres “titi” u “oskjollo” con los que suelen referirse los campesinos locales "no califican a ninguna de las dos especies en particular". “La diferencia se debe al origen aymara o quichua del vocablo y ambos significan gato silvestre” (sic).

En la narrativa de estos autores encontramos algunos criterios que utilizan los pobladores, especialmente en la región del Salar de Ulla Ulla, para identificar a ambas especies y que consideramos interesantes remarcar. Ellos diferencian dos clases: el “gato de agua” ó “humatiti” (que correspondería al colocolo) y el “gato de serranía de las zonas secas” ó “huañatiti” (que correspondería al gato andino). Estos criterios también los encontramos parcialmente sustentados en algunos de los pobladores de Susques, Provincia de Jujuy.

Casi simultáneamente, Iriarte Walton (2000) realizó estudios en Chile concluyendo que las dos especies son bien conocidas por los habitantes del altiplano chileno y reciben diferentes nombres: 1) Oreailurus jacobita se denomina como “titi” en lengua Aymara y como “chinchay u osjo” en lengua Quichua; 2) Lynchailurus colocolo se denomina como “abatire” en lengua Aymara y como “Chinchay u osjollo” en lengua Quichua.

Se repiten en Chile y Bolivia algunas similitudes. Ambas especies son utilizadas por los campesinos como elementos importantes en rituales de tipo religioso durante los cuales bailan cubriéndose con sus pieles o portando ejemplares embalsamados. Este hecho parecería definitorio para la conservación de estos gatos, ya que al ser objetos de respeto no serían perseguidos ni cazados indiscriminadamente (Villalba y Bernal, 2000).

Desde el punto de vista biológico, surgieron muchas dudas en reconocer taxonómicamente a estas especies dada la carencia de buenas ilustraciones que permitieran demostrar las diferencias entre Oreailurus y Oncifelis (Cabrera 1961). Scrocchi y Halloy, en la década de 1980, recopilaron una completa información sobre el “gato andino” y plantearon los problemas taxonómicos para su identificación, ya que resulta fácilmente confundido con el “gato de las pampas”.

En 1994, García Perea propuso que, el “gato de las pampas” sea denominado como Lynchailurus pajeros (Allen, 1919) en vez de Oncifelis colocolo (Wozencraft, 1993). García Perea cita siete características externas que permiten diferenciar entre Oreailurus jacobita y Lynchailurus colocolo.

Particularidades de la piel que permiten diferenciar Oreailurus jacobita de Lynchailurus colocolo
(García Perea, 1999)

Características
Oreailurus jacobita
Lynchailurus colocolo
Anillos negros en miembros anteriores
Ausentes, sólo grandes pintas
Presentes, anillos completos
Color del dorso de la oreja
Uniformemente gris
Negro, crema y rojizo
Cresta espinal de pelos eréctiles
Ausente
Presente
Patrón y color de las manchas de la piel
Manchas marrones amarillentas dispuestas verticalmente
Rosetas rojizas amarillentas en series oblicuas
Pigmentación del hocico
Negra
Rosada a café ó caoba oscura
Anillos de la cola
6-9 anillos marrón oscuros a negros
Alrededor de 8 anillos rojizos de 20 mm de diámetro cada uno
Longitud de la cola en proporción a la longitud de la cabeza y cuerpo
66 – 75%
40 – 50%

Al presente, se han obtenido muy buenas fotografías de estas especies en el medio natural que prueban claramente las diferencias entre ambos géneros. Sin embargo, aún persisten dudas en lo referente a subgéneros y especies de Lynchailurus dada la gran variación de fenotipos documentada en función de los distintos hábitats que ocupa (García Perea, 1999; Pasini Canedi y Canedi, 2002a; Halloy, 2005 [com. pers.]; Scrocchi, 2005, [com. pers.]).

Lynchailurus colocolo, una especie polimórfica

García Perea divide al Género Lynchailurus en tres especies, descriptas por distintos autores para regiones diferentes:

  1. Lynchailurus pajeros (Desmarest, 1816), que ocupa los Altos Andes, desde Ecuador hasta la Patagonia atravesando por Argentina
  2. Lynchailurus braccatus (Cope, 1899) que se encuentra en la selva subtropical y pastizales de Brasil, Paraguay y Uruguay
  3. Lynchailurus colocolo (Molina, 1782), cuya presencia se cita para el Noroeste y Centro de Chile

Sin embargo, ningún ejemplar de esta especie ha sido documentado en el altiplano, a excepción de la presencia de pieles mantenidas por campesinos de la región (Iriarte, 2000; Villalba y Bernal, 2000).

Diferentes autores lo denominaron como perteneciente a distintas especies de Oncifelis ocupando regiones disímiles. Sin embargo, se plantea la duda y se atribuye más a la posibilidad de tratarse de subespecies que de especies distintas. La amplia distribución del “gato de las pampas” hace que sea considerado con carácter polimórfico. El siguiente es un listado de nombres a los que se apelaron:

Familia Felidae, G. Fischer, 1817.
Subfamilia Felinae, G. Fischer, 1817.
Género Oncifelis, Severtzov, 1858.
Especie Oncifelis colocolo (Molina, 1786)

  1. Oncifelis braccatus (Cope, 1899). Se distribuye desde el Mato Grosso hasta el Norte de Brasil y Sur de Argentina.
  2. Oncifelis budini (Pocock, 1941). Regiones altoandinas de la Provincia de Salta, Argentina.
  3. Oncifelis colocolo (Molina, 1786). Región Central de Chile.
  4. Oncifelis crespoi (Cabrera, 1957). Regiones bajas de la Provincia de Salta, Argentina.
  5. Oncifelis garleppi (Matschie, 1912). Andes de Ecuador, Perú y Bolivia.
  6. Oncifelis muñoai (Ximénez, 1961). Uruguay.
  7. Oncifelis pajeros (Desmarest, 1816). Desde la región pampeana bonaerense hasta el límite Sur de Argentina y Chile.
  8. Oncifelis thomasi (Lönnberg, 1913). Ecuador.

Gato de las Pampas, Colocolo ó Gato del Pajonal. Oncifelis colocolo (Molina, 1782). Lynchailurus colocolo (Desmarest, 1816)

Características Generales

Existen grandes diferencias entre los pesos de ejemplares adultos encontrados en el medio natural (3 – 3.7 kg, según Redford y Eisenberg 1992) y en cautiverio (7 kg, según Green 1991). Su pelaje varía según las áreas que ocupa en su amplia distribución por Sudamérica. Existen variedades de pelos largos y pelos cortos. En nuestra región posee rosetas alargadas, de color rojizo intenso distribuidas en bandas oblicuas descendentes sobre un fondo amarillento rosáceo. Una característica común a todas las variedades de pelajes descriptos es la presencia de bandas oscuras que envuelven sus miembros anteriores y posteriores. La cola posee anillos oscuros poco contrastantes (o puede carecer de ellos) y es más corta y delgada que del “gato andino”, rasgo diferencial sobresaliente. Así también, presenta una cresta dorsal (crin) en la espalda que es otro rasgo distintivo (Fotografías 1 y 2).


Foto 1: Gato de las Pampas (Lynchailurus colocolo). Imágen obtenida a plena luz del día
en la región puneña del Noroeste Argentino.
Observe las características distintivas del pelaje.


Foto 2: Gato de las Pampas (Lynchailurus colocolo). Imágen del mismo ejemplar de la foto anterior,
donde puede observarse perfectamente la cresta oscura dorsal (crin) como rasgo distintivo.

A diferencia del gato andino, el cráneo del gato de las pampas presenta el rostro más alargado, la cresta sagital menos desarrollada. Las bulas timpánicas son mas desplegadas y la distancia entre bulas más corta (García Perea, 1999).

Es muy poco lo que se sabe sobre la biología y ecología de esta especie. Según Green (1991), la gestación dura entre 80 y 85 días, produciendo entre 1 y 2 crías por parto. Cabrera y Yepez (1960) estiman que alcanzarían a tener hasta 3 crías.

Alimentación

Cabrera y Yepez (1960), atribuyen al gato de las pampas un deambular nocturno, atrapando pequeños mamíferos, especialmente cuises (Cavia spp.) y perdices (Flia. Tinamidae). En la puna, en cambio, tiene preferencia por las vizcachas (Lagidium viscascia) (Pearson, 1951). En Susques pudimos documentar fotográficamente que prenda sobre la rata chinchilla (Chinchillula sahamae). Así también, todos los movimientos deambulatorios que registramos mediante trampas fotográficas fueron nocturnos y en estrechos pasadizos por los que discurre el agua de lluvia en medio de roquedales (Pasini Canedi y Canedi, 2002b). Sin embargo, las Fotografías 1 y 2 fueron alcanzadas de manera directa, a plena luz del día y en espacios abiertos.

Gato de los Andes ó Gato Andino. Oreailurus jacobitus (Cornalia, 1865)

Características Generales

Es de conformación aparente más robusta que el “gato de las pampas”. En su rostro, corto y ancho, se destacan dos bandas oscuras, una de cada lado, en forma de los signos “<” y “>” que parten del ángulo externo de cada ojo y retornan hacia la nariz después de extenderse por cada mejilla. Su piel presenta un fondo grisáceo sobre el cual se pueden distinguir manchas rosáceas tenues, pocos contrastante, regularmente alineadas en forma vertical que, a simple vista, se prestan a confusión con el gato de las pampas. En la región del dorso, desde el cuello hasta la extremidad caudal carece de cresta o crin. La cola es larga, gruesa al punto que su longitud alcanza desde la pierna trasera hasta el hombro. Posee anillos caudales oscuros bien resaltados, mientras que los anillos de las extremidades, cuando aparecen, son incompletos. La cola es el rasgo de identidad más sobresaliente para distinguirlo y diferenciarlo del gato de las pampas, el cual carece de dichos atributos, presentando una extremidad caudal más corta y delgada. (Foto 3). Sus pies son voluminosos, con gruesos cojinetes. Tienen un promedio de 3,5 cm de ancho y 4 cm de largo (Yensen, E. y K. Seymour (2000). En Argentina, Scrocchi y Halloy (1986) documentaron su presencia en las Cumbres Calchaquíes sobre roquedales de la región altoandina a más de 4.200 m.s.n.m. en horas de la mañana e hicieron una descripción muy detallada de sus rasgos comportamentales y uso del hábitat.


Foto 3: Gato Andino (Oreailurus jacobita). Imágen obtenida por Scrocchi y Halloy en la región puneña del Noroeste Argentino
en el año 1980. Observe los rasgos diferenciales de coloración, pelaje, largo de cola y carencia de crin.
(Foto publicada con permiso de sus autores).

El gato andino muestra un cráneo con el rostro más corto y convexo y en la bóveda craneana se destaca la cresta sagital. Las bullas timpánicas son de gran tamaño, típicas de los animales que viven en hábitats con escasa cobertura arbórea y requieren de una capacidad auditiva para su protección y resguardo (Nowell y Jackson, 1996). Centralmente, las bullas están menos infladas y la distancia entre ellas es mayor que las observadas en cráneos del gato de las pampas (García Perea, 1999).

Es muy poco lo que se sabe sobre la biología y ecología de esta especie. Desde las primeras observaciones realizadas por Cornalia (1865), esta especie ha sido encontrada cerca de colonias de vizcachas (Lagidium viscascia) y chinchillas (Chinchilla brevicaudata). Grimwood (1969) y Ziesler (1993) presenciaron capturas del gato andino sobre vizcachas. Según Yensen y Seymour (2000), cabría suponer que la rareza de esta especie está vinculada estrechamente al hábitat que ocupan vizcachas y chinchillas. Sin embargo, entre las presas potenciales que intervienen en su dieta también deben considerarse roedores cricétidos (Phyllotis spp. Y Akodon, spp.), conejos (Sylvilagus spp.), numerosas aves acuáticas y paseriformes, y lagartijas (Liolaemus spp.) (Cabrera y Yepez, 1960; Scrocchi y Halloy, 1986).

Conclusiones

Sin duda alguna la taxonomía de los félidos es un área del conocimiento que genera muchas controversias. Dado que muchas especies se han dividido unas de otras recientemente, las distintas matrices moleculares utilizadas para estimar las relaciones entre especies han producido resultados inciertos. Sin embargo, a pesar de las dudas generadas, todos los métodos utilizados han aceptado varias conclusiones para establecer el “árbol genético” de los gatos basados en la evolución de tres líneas. Los primeros desmembramientos ocurrieron hace 12 millones de años y generaron los pequeños gatos sudamericanos (ocelote, gato pintado, gato tigre, gato del monte, gato de las pampas y gato guiña). El segundo desmembramiento tuvo lugar entre 8 y 10 millones de años atrás e incluyen a todas aquellas especies cercanas al gato doméstico (wild cats, jungle cat, sand cat, black – footed cat) y el manul. Entre 4 y 6 millones de años se produjo una divergencia gradual hacia los gatos de tamaño mediano y grande. El tercer y más reciente desglose fue la escisión entre los linces y los grandes felinos (O’Brien, 1996).

En un estudio cladístico basado en el análisis de ADN mitocondrial, Johnson (1998) demostró que los pequeños gatos sudamericanos están formados por dos taxones holofiléticos: 1) integrado por ocelote, margay y gato andino; y 2) que reúne a colocolo, tigrillo, gato del monte y huiña. En ninguno de estos análisis se observó que el gato andino y el colocolo estuvieran relacionados estrechamente, a pesar de las similitudes morfológicas. De esta manera, Oreailurus jacobita debería incluirse dentro del Género Leopardus junto al Leopardus wiedi (gato pintado ó margay) y al Leopardus pardalis (ocelote).

Un componente fundamental para instaurar una estrategia de conservación de especies en peligro de extinción consiste, precisamente, en establecer una clasificación sistemática a nivel de subespecies. La incertidumbre sobre unidades de conservación no sólo genera confusión cuando se quiere establecer un plan de manejo sino que, en aquellos casos donde la taxonomía se fundamenta en descripciones inadecuadas, basadas en conceptos históricos preconcebidos, pueden acarrear serios riesgos de instaurar prioridades equivocadas.

Bibliografía

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