AAMeFe logo

CONFORT Y BIENESTAR DE LOS CARNÍVOROS DOMÉSTICOS

Angela Ferrari

Instituto de Clínica Médica Veterinaria - Universidad de Estudios de Parma

Obiettivi & Documenti Veterinari nº 4-1997 (*)

Objetivo

Valorar las exigencias reales de los carnívoros domésticos

con referencias de etología para afrontar mejor su bienestar.

Palabras claves

Perro, gato, bienestar, comportamiento, trastorno.

 

Premisas

La convicción de que los animales domésticos pueden sufrir por las condiciones de vida que el hombre les ofrece, está ampliamente aceptada. La opinión pública tiende a asociar como objetivamente maltratados por parte de sus dueños tanto a los animales de producción como a los domésticos: unos víctimas de técnicas de cría demasiado intensiva y los otros de aberraciones mentales difundidas por sus dueños. En contraste se piensa que la gran mayoría de los animales de compañía viven un eterno bienestar fruto de nuestra benevolencia. Basta a este propósito escuchar a las asociaciones de "protección animal" para advertir que el criterio de validez de las condiciones de vida propuesta a los carnívoros es justamente el amor de sus propietarios.

La cuestión fundamental al afrontar el problema del bienestar de esta especie es justamente si amarles es suficiente para conocer sus auténticas necesidades. Si se analiza el problema desde el punto de vista necesariamente deformado de la clínica, la respuesta es negativa. Esto significaría, sin embargo, simplificar el debate, porque datos estadísticos irrefutables describen disturbios en el comportamiento causados por situaciones no confortables. Por otra parte, sería prácticamente imposible describir todas las interacciones hombre-animal capaces de perturbar a un perro o un gato.

Por esto, antes que describir algunas de las más importantes exigencias comportamentales de esta especie, preferimos reseñar los indicadores que señalan estados de sufrimiento.

Uno de los problemas clásicos de la etología de las especies familiares consiste en conocer los requisitos previos que facilitan el acercamiento afectivo con el hombre. De hecho, es evidente que la facilidad para establecer "relaciones" con su especie o con el hombre, constituye un elemento importante para que la relación se establezca. Esto depende también de la duración del período en el cual el joven animal puede sensibilizarse, período caracterizado por una gran vulnerabilidad del sujeto.

La segunda cuestión a abordar se refiere a la organización social y a la instauración de las normas que la regulan. Estos fenómenos llamados "jerárquicos" conciernen principalmente al perro.

En resumen, el espacio vital, a veces denominado de forma abusiva territorio, experimenta una organización compleja para el animal, que tiende a dominar en su totalidad para preservar su equilibrio. En este proceso juegan un papel importante las señales olfativas y visuales.

Período "afectivo"

 

La posibilidad de establecer relaciones afectivas en los carnívoros domésticos aparece durante el período denominado de "transición" que se sitúa entre la segunda y la tercera semana después del nacimiento. Este período que corresponde al final de la corticalización del encéfalo y a la adquisición de la autonomía sensitiva, se inicia cuando el joven animal abre los ojos para concluir con el aparato auditivo completamente funcionando.

Con estos instrumentos sensoriales el cachorro obtiene nueva información sobre la madre, memoriza una forma corpórea y olores particulares, sensaciones sonoras que concurren a construir una imagen específica, único objeto que le tranquiliza. Alrededor de esta imagen, con el fin de tranquilizar a los cachorros, se desarrolla el comportamiento de exploración. Cada tentativa que impida el contacto suscita un estado de inquietud general, que se manifiesta con agitación y emisión de vocalizaciones por parte de la madre y de sus cachorros. Si no se procede a interrumpir esta inquietud aparecen trastornos del sueño y fenómenos de anorexia.

El segundo elemento a tomar en consideración se refiere a la organización social y a las reglas que la sustentan. Estos comportamientos jerárquicos, a falta de un término menos ambiguo, se refieren principalmente al perro.

 

Imprinting, impregnación,

Afecto y sueño paradójico

La capacidad de establecer relaciones parece ser el corolario indispensable del buen desarrollo de la "impregnación". El fenómeno del imprinting fue descrito por primera vez en los patos. Se trata de un proceso de aprendizaje diferente del asociativo convencional. Debe acontecer en un período sensible que corresponde a un momento particular del desarrollo del Snc, la duración del cual es extremadamente variable, según la especie y su posición en la escala zoológica. Así pues, en los patos el imprinting se realiza entre las 13 y las 16 horas después del nacimiento, hasta más meses o más años en otras especies que, como veremos, es una particular forma de imprinting que se instaura lentamente. De hecho, en los mamíferos existe una gran diferencia entre las especies. Las especies nidífugas como las unguladas, y las especies nidícolas como los carnívoros y los primates. En las primeras los pequeños adquieren una autonomía muy rápida ligada a un imprinting breve, análogo al que se observa en los pájaros. Por el contrario en las segundas los pequeños son totalmente dependientes de la madre durante más semanas o meses experimentando un imprinting lento. En este último grupo, al que pertenece el perro, se prefiere hablar de "impregnación" para insistir en la lentitud del proceso.

Esta distinción entre especies nidífugas y nidícolas recientemente ha sido completada con observaciones relativas al sueño paradójico. La especie nidífuga y sobre todo los ungulados artiodactilos (Bóvidos, Cérvidos, Óvidos) están caracterizados por limitados períodos de sueño paradójico.

Por el contrario las especies nidícolas, entre ellas los predadores, tienen más sueño paradójico, siendo los felinos, con el hombre, los más grandes soñadores.

Recientemente, se han evidenciado correlaciones importantes entre la actividad del sueño paradójico, la impregnación y la capacidad de establecer lazos afectivos. Cada alteración o inhibición del sueño paradójico (inhibiciones con antidepresores tricíclicos) inhiben también la afectividad y la impregnación, con la consiguiente desorganización de los comportamientos sociales y sexuales del adulto.

 

 

Consecuencias del imprinting

El imprinting es esencial para la identificación de los semejantes, es decir, los compañeros sociales y de sexo. En el curso de su propia experiencia Lorenz había demostrado que las ocas que había imprimado procuraban aparearse alcanzado la madurez sexual con aquel con quien se relacionaron. Las mismas observaciones han sido realizadas con ungulados o primates. En los perros se realizaron las mismas observaciones que pueden también derivar en comportamientos aberrantes, en los que los animales intentan acoplarse con el hombre y rechazan cualquier contacto con sus congéneres. Enfrentados a su propia imagen en el espejo, estos perros no consiguen interactuar.

En la especie canina la impregnación parece comenzar durante el período de transición y finaliza alrededor de los 4 meses, también se han verificado recuperaciones en períodos diversos. Los cachorros criados separados han logrado un comportamiento social y sexual normal con una reintroducción entre las 9 y las 16 semanas.

Se puede entonces afirmar que existe una impregnación intraespecie preferente que permite recuperar los comportamientos típicos de la especie, también en los cachorros que tuvieron una temprana impregnación heteroespecífica. Por el contrario esta recuperación no es posible si el animal se ha desarrollado normalmente, es decir, si se ha podido relacionar y socializar.

 

Importancia de la separación

La convivencia con el hombre puede provocar diversos problemas que no se limitan sólo a privaciones afectivas o de impregnación.

En la mayor parte de los casos los trastornos que se observan en clínica están vinculados a la persistencia de lazos afectivos en forma infantil. En efecto, el cachorro que llega a una familia con alrededor de 6-10 semanas establece rápidamente un nuevo lazo afectivo con su dueño, después de haber superado la fase más delicada de la separación de la madre. Parece que esta "separación afectiva" sea el sostén central de la relación hombre-perro. A este nuevo lazo que se instaura está vinculada la capacidad del cachorro de socializarse con el hombre, pero es también la premisa necesaria para su desarrollo y equilibrio. Al lazo afectivo inicial debería seguir la separación que permitiría a los perros púberes adquirir un rango social, para después integrarse en una colectividad y en una circunscripción de modo autónomo. La crisis afectiva iniciada por comportamientos agresivos, alimentada por la irritación de la madre al acercarse sus cachorros y finalmente la separación, provocan en el futuro adulto un modo diferente de comunicarse. Inicialmente ellos podrían establecer el contacto con su madre sobre la base de su sola motivación: cada situación de estrés le conduce a tener un contacto inmediato. Sin embargo, ya se siente obligado a comunicarse a distancia para conseguir su consenso y el de sus congéneres. En este momento la relación afectiva se convierte en social.

Ahora bien, sucede que un buen número de cachorros encariñados con el hombre no quieren ser separados, y los propietarios mantienen este lazo con sus "compañeros" a cualquier edad que éstos tengan.

Aparece, entonces, un estado de dependencia estrechamente asociado al desarrollo de una ansiedad siempre más grave y a un comportamiento infantil. Este último aspecto es muy llamativo, que en los machos se manifiesta en que no alzan nunca la pata mientras orinan. La hembra puede ser insensible a la presencia del macho y muestra un retraso notable en la aparición de los primeros sofocos. Estos aparecen más frecuentemente durante el tratamiento de estos trastornos en el momento en el cual la terapia permite la separación afectiva.

El cuadro clínico que resulta de la ausencia de la "separación" es bien conocido por los veterinarios que lo definen como "ansiedad por la separación", causante de muchos síntomas que denotan el estado de sufrimiento psíquico del animal.

En el gato las situaciones de hiperafectividad son raras, pero pueden darse en sujetos nacidos de hembras que conservan el contacto con sus cachorros más allá de las 6 semanas, siendo entonces el cuadro clínico similar al del perro.

Organización social jerárquica

Los trastornos en las relaciones jerárquicas entre dueño y perro han sido descritos muchas veces. Muy a menudo no se afrontan de modo realista, simplemente se acepta al perro con sus prerrogativas dominantes en un grupo familiar. Esta situación desagradable para los dueños es vista perfectamente por el perro.

El sufrimiento para el animal nace como consecuencia de la ambivalencia jerárquica. Ahora sería sin duda muy largo describir cada uno de los mecanismos que intervienen en la fijación de tal jerarquía, pero es obligado reseñar algunos elementos frecuentemente desconocidos.

 

Uno de los aspectos interesantes es la relación que se suscita entre la fuerza física y la posición jerárquica. Volviendo a Lorenz la conciencia de que no existe ninguna relación directa para este problema porque el lugar dominante no se conquista con grandes luchas, sino a través de un juego mucho más complejo que implica a todo el grupo social. Uno de los puntos más importantes es que el dominante respeta el reglamento del grupo. Comienza por reclutar aliados que agrupa entorno a él, porque es precisamente el juego de alianzas el medio principal para modificar la jerarquía en favor de un nuevo líder.

El otro punto importante es la comunicación del lugar del dominante. El líder no presenta actitudes agresivas, así con su aspecto tranquilo inhibe comportamientos violentos de sus semejantes. Se alimenta con gran lentitud y delante de todos, tiene un comportamiento sexual manifiesto, se acuesta en lugares superiores desde donde observa a toda la manada.

La convivencia con el hombre no parece modificar profundamente estos comportamientos, por lo cual la organización parece adquirida por los cachorros a la edad de 10-16 semanas. Lo que se perturba es el carácter unívoco de estas señales sociales. Una parte consistente de la comunicación humana encuentra su dinámica en la permanencia de una situación contradictoria y se puede añadir que la interacción incesante entre los afectos y los ambientes socio-culturales tiene una gran importancia.

Los propietarios, por ejemplo, tienden a otorgar al perro prerrogativas jerárquicas importantes que corresponden a soportes afectivos, tanto que éstos llegan a controlar las interacciones entre su grupo familiar y el resto de la sociedad. Parece entonces lícito alimentar al perro, mirarlo mientras come, ofrecerle una parte de la comida propia, dejarlo dormir donde quiere, pero también impedir que asalte a los invitados, que no suba a la mesa, controlar en el interior del espacio donde habita los lugares donde se coloca.

Estas incoherencias ligadas a los cambios de humor del dueño modifican el sentimiento de contacto con el animal, por lo que originan también las reacciones. Debido a estas relaciones sociales claramente inadecuadas para el perro, se desarrollan rápidamente problemas de carácter en el animal denominados de "hipervigilancia". Posteriormente las cosas se precipitan, con la aparición de reacciones fóbicas, provocadas por estímulos que serían tolerados en otras circunstancias. En ausencia de terapia, tienen trastornos digestivos, estereotipos o actividad sustitutiva.

 

El espacio vital "el territorio"

El espacio vital es uno de los temas más importantes de la etología clínica felina. El gato es calificado como una especie territorial y esto significa que su equilibrio está estrechamente ligado a la organización de su espacio vital.

Ahora bien, el espacio vital de una especie es una constelación de porciones de espacio, cada uno más o menos específicamente ligado a una función del comportamiento, ligados entre sí a través de su tránsito. Las señales olfativas o visuales depositadas por el animal tienden a establecer comunicación con los otros eventuales visitantes, pero sirven al animal para orientarse. En el gato han sido descritas diferentes señales. Algunas entre ellas son más familiares para su carácter e insoportables para el hombre (arañazos y orina). Dichas señales están fuertemente ligadas al estado de estrés y constituyen, por tanto, una respuesta emocional.

La vida cotidiana de los propietarios de gatos constriñe al animal a soportar frecuentes reorganizaciones espaciales ligadas tanto a cambios de lugar como a la movilidad de la familia. Respecto a dichas variaciones el animal no puede llevar a cabo los tiempos de exploración necesarios para desarrollar la actividad de marcación. Teniendo como resultado graves desajustes entre el dueño y el gato que pueden conducir a un alejamiento del gato.

Todo esto significa que se puede considerar que marcar con orina como un síntoma de sufrimiento por parte de un gato que no se encuentra en su propio territorio.

 

Signos de malestar en

los carnívoros domésticos

Evidentemente es ilusorio esperar registrar de modo exhaustivo el conjunto de signos clínicos evocadores de un estado de malestar en el perro y en el gato. De hecho, en estas dos especies se manifiestan los mismos síntomas que en los mamíferos. Sin embargo, existen algunos más frecuentes que deben llamar la atención del veterinario. Estos se pueden agrupar en cuatro puntos: trastornos neurovegetativos, actividad sustitutiva, estereotipos, estados de inhibición.

Trastornos neurovegetativos

De los cuatro grupos de síntomas los trastornos neurovegetativos son los que pueden presentar mayores problemas para su identificación. En efecto, se trata de modificaciones en el funcionamiento de diferentes órganos o aparatos que exigen un análisis somático. En los carnívoros se trata casi siempre de trastornos digestivos o urinarios. Los primeros se manifiestan mediante vómito emotivo y el síndrome de "colon irritable". El dato epidemiológico parece demostrar una gran predisposición para este trastorno de las razas molosoides del pastor, sobre todo el alemán.

La incidencia de los factores emocionales en la patogénesis de tales afecciones está actualmente admitida y utilizada en la farmacológica. Por el contrario, la necesidad de reorganizar el sistema de relaciones permanece casi siempre en la intención y esto provoca un fuerte porcentaje de recaídas y muchos problemas terapéuticos, caracterizados por episodios de agresividad, que no son raros cuando se propone solo un tratamiento farmacológico. Esto es particularmente cierto en el tratamiento del colon irritable con la ayuda de la asociación clorodiazeposido-atropina. El efecto desinhibidor de la benzodiazopina facilita el paso a la acción en situaciones jerárquicas dentro de un contexto relacional que no ha sido objeto de un programa de reorganización.

 

El trastorno de la micción requiere un análisis más minucioso debido a la necesidad de realizar un examen urológico riguroso, único medio para identificar un problema emotivo. El cuadro clínico se denomina micción múltiple diseminada por un animal que se desplaza. Se trata de una aparición precoz que generalmente indica una situación conflictual recientemente aparecida. No se trata de la misma situación que sucede en los casos de enuresis y desajustes más profundos. En estos casos las eliminaciones se verifican en situación de reposo, durante el sueño o cuando el animal se retira a su lecho. Estos síntomas, una vez establecido que no son causados por anomalías orgánicas, deben ser considerados como señales de un sufrimiento profundo y crónico.

Finalmente, para el que cuida un gato, la marca con orina debe ser interpretada unida a otros trastornos neurovegetativos. Las señales urinarias observadas son de doble volumen, depositadas en lugares situados preferentemente en la prolongación de un lugar de paso. Aparecen tanto en el macho como en la hembra en sujetos enteros o castrados. Indican un estado de ansiedad originado por un trastorno en la organización espacial, en función de sujetos extraños, o por la desaparición de un número importante de señales de familiarización.

El uso de feromonas, la prescripción de clomipramina y el recurso a feromonas analógicas de síntesis, permiten solas o asociadas re-equilibrar dichos problemas.

 

Actividad sustitutiva

Estos tienen en común con los trastornos neurovegetativos que se manifiestan al comienzo del examen somático. En efecto, la actividad sustitutiva comprende actos ligados a acciones vitales (comer, beber, limpiarse) y se manifiesta cuando el animal se encuentra en un contexto que impide un comportamiento adecuado. La respuesta del animal parece "fuera de lugar". Todas las actividades sustitutivas conocidas hasta hoy parecen capaces de estimular las estructuras serotoninérgicas y sobre todo endorfinérgicas que colaboran a devolver una cierta tranquilidad. Estas actividades que pertenecen al repertorio fisiológico, aparecen sólo en casos extremos y el aumento de su frecuencia revela el paso a una cierta forma de ansiedad.

 

Estereotipos

Los estereotipos son siempre comportamientos patológicos. Estos actos repetitivos, incontrolados y que el animal no puede interrumpir provocan una cierta insensibilidad al ambiente.

En los mamíferos los estereotipos surgen tanto en un ambiente hipoestimulante como hiperestimulante y ambos extremos parecen desorganizar en modo idéntico el núcleo gris central. En los carnívoros domésticos el perro es el más frecuentemente afectado. Se han realizado muchas tentativas terapéuticas que han demostrado la ineficacia de los neurolépticos, de los progestínicos, de los antagonistas opiáceos.

 

Estados de inhibiciones

La inhibición es un síntoma que aparece tardíamente y en la mayor parte de los casos abarca el comportamiento alimenticio y el explorativo. Los animales no se mueven o sólo en los períodos de gran tranquilidad como de noche durante los cuales se alimentan. También las actividades de juego desaparecen y en los casos más graves el perro no sale ni siquiera para sus necesidades y el gato permanece casi siempre acostado en el lecho. A menudo estas actividades sustitutivas están asociadas expresando el cuadro clínico más espectacular y grave que degenera casi siempre en preocupantes estados depresivos.

 

 

Conclusiones

El malestar de los carnívoros domésticos, aunque presenta muchos puntos en común con lo que se observa en otras especies, tiene la característica de estar esencialmente ligado a problemas de relación. Esto que es una realidad absoluta en el perro, contrariamente a lo que el buen sentido popular piensa, se perturba menos por los espacios inadecuados a disposición que por el tipo de relación con el dueño. Las consecuencias de este malestar son identificadas por trastornos del comportamiento y neurovegetativos. Al contrario es interesante preguntarse si la fuerte incidencia de la atopía en la raza más cercana al hombre no sea la señal latente de relaciones funcionales que existen entre los trastornos inmunitarios y la ansiedad.

(*) Traducción Lic. Ana Bretón

Volver al Comienzo

Volver al Menú Principal

©  Copyright 1999 Asociación Argentina de Medicina Felina
Sanchez de Bustamante 2476 (1425), Buenos Aires, Argentina Tel/Fax: (054-11) 480-131-61