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Atrofia progresiva de retina en gatos

Weichsler Nathalie
Departamento de Medicina. Facultad de Ciencias Veterinarias
Universidad de Buenos Aires.
Introducción
A diferencia de los receptores somáticos de la piel, la retina no es
un órgano terminal periférico sino que es parte del sistema
nervioso central. Los receptores de la piel derivan del ectodermo convencional
mientras que la retina deriva del neuroectodermo, una parte especializada
del ectodermo que da origen al cerebro. Por esta razón, la retina es
una extensión muy compleja del cerebro capaz de una interpretación
inicial de la imagen visual.
La retina de los vertebrados se compone de 5 tipos celulares principales:
fotorreceptores, bipolares, horizontales, amácrinas y ganglionares.
Existen dos tipos de fotorreceptores denominados conos y bastones; éstos
establecen una conexión sináptica directa con las interneuronas
llamadas bipolares, las que a su vez conectan a los fotorreceptores con las
células ganglionares; los axones de estas últimas forman el
nervio óptico y transmiten los potenciales de acción que van
al cerebro.
Las células horizontales y amácrinas modifican el flujo de información
a nivel de las sinapsis entre los fotorreceptores. (10)
El disco óptico de un felino es pequeño, redondo y con un borde
bien definido. Su color es grisáceo y está localizado en la
zona tapetal. En el fondo ocular normal se observan 2 tipos de vasos los cuales
emergen de la periferia del disco óptico. Las arterias son un poco
más pequeñas que las venas. La zona tapetal es, en general,
de color amarillo a verde y la zona no tapetal es marrón oscura o gris.
(1,4) (Fig. 1)

Fig. 1: Fondo de
ojo felino normal
(Gentileza Dr. Manuel Villagrasa, España)
Etiología
La atrofia progresiva de retina (APR) en gatos es probablemente
más común de lo que se cree (3).
Está comprobado que existen 2 formas de (APR) en los gatos:
nutricional y genética (1).
La APR de origen nutricional ha sido descripta en gatos alimentados con dietas
a base de caseína purificada. Como estos animales también presentaban
signos de conjuntivitis, queratitis y metaplasia escamosa de la cavidad oral,
la sospecha de la afección fue por un déficit de vitamina A
(1, 4).
El déficit de vitamina A en los gatos puede ser producida por alimentación
con caroteno, el cual no puede ser absorbido. La conversión de caroteno
a vitamina A en el organismo del gato, también se encuentra limitada
(6).
Al mismo tiempo de este hallazgo, se descubrió una retinopatía
única en el felino, caracterizada por una degeneración bilateral
central de la retina sensorial, cuyo origen fue un déficit de taurina.
( 3, 4) (Fig. 2).

Fig. 2: Atrofia central de retina
por déficit
de taurina
(Gentileza Dr. Manuel Villagrasa, España)
La taurina es un aminoácido esencial para los gatos,
ya que poseen capacidad limitada para sintetizarlo de la cisteína.
Se produce en el hígado y las mayores concentraciones se encuentran
en el músculo y la retina, sobre todo en los fotorreceptores
(4). Hoy en día, con el advenimiento de las dietas comerciales, la
atrofia de retina por déficit de taurina es un hallazgo infrecuente.
Puede presentarse en animales con dietas vegetarianas, caseras no balanceadas
(4) o por alimentación con alimento balanceado canino (5).
La APR de origen genético está mayormente descripta en gatos
siameses y persas, (3, 4, 8) aunque también se presenta en mestizos(7).
Dos formas particulares de APR son descriptas en los felinos de raza Abisinio.
Una de ellas es denominada displasia de conos y bastones, y es una enfermedad
autosómica dominante. Existen evidencias que indican que esta displasia
también puede afectar a gatos mestizos (9). La otra forma se denomina
degeneración de conos y bastones, y es autosómica recesiva (4,
5).
Signología
Los primeros cambios ocurren en la vascularización de la retina, que
se atenúa. Esto se acompaña de una hiperreflectividad de la
zona tapetal a consecuencia del adelgazamiento de la retina, y de una disminución
en el pigmento de la zona no tapetal (2) (Fig. 3).

Fig. 3: APR.
Nótese la atenuación vascular
y las áreas hiperreflectivas en la zona tapetal.
(Gentileza Dr. Manuel Villagrasa, España)
Estos cambios son progresivos. Los vasos, eventualmente, puede
desaparecer dejando la imagen característica de un vaso fantasma. El
disco óptico se oscurece y disminuye algo su tamaño. Los reflejos
pupilares inicialmente pueden ser normales, para luego ser más lentos
e inconstantes. En casos avanzados de la enfermedad, las pupilas se encuentran
totalmente dilatadas. Las lesiones son bilaterales (2,3,4,7).
En APR por déficit de taurina, a menos que se encuentre en un estadio
avanzado, las lesión del fondo de ojo es típica y consiste en
un área elíptica de hiperreflectividad ubicada en la zona temporal
de la zona tapetal (4).
La edad de aparición de la displasia de conos y bastones es entre las
8 y 12 semanas de edad, mientras que las degeneración de conos y bastones
se presenta en animales desde el año y medio de edad hasta los 4 años
(4).
Los hallazgos histopatológicos son compatibles con un adelgazamiento
de la retina con ausencia de conos y bastones(1,4,7,8, 9).
Al no ser la APR una enfermedad de aparición abrupta, muchos propietarios
se percatan de la alteración visual de sus animales cuando la signología
está muy avanzada. Los gatos, a diferencia de los perros, se suelen
adaptar mejor a la alteración de la visión en sus inicios. Esto
hace que a veces, los propietarios relaten que su gato "no está
viendo bien", y que luego del examen clínico y oftalmológico
comprobemos que en realidad el gato está ciego, y seguramente ya desde
hace algún tiempo.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la anamnesis que refiere a
una alteración visual, marcha insegura y dificultad para sortear obstáculos
que se comprobará con una prueba de deambulación. Cabe aclarar
que por el tipo de comportamiento de los gatos en el consultorio (stress),
muchas veces no es posible una correcta interpretación de esta prueba.
La prueba de amenaza, tampoco suele ser muy útil en el caso de los
gatos, por lo tanto, se prefiere realizar la prueba del algodón. Esta
prueba consiste en dejar caer por delante de los ojos del paciente una pequeña
bola de algodón y observar si la sigue con la mirada. En los casos
afectados por APR, esta prueba es negativa.
Los reflejos pupilares pueden ser normales, pero muchas veces son inconstantes,
o estar prácticamente ausentes con ambas pupilas midriáticas.
En estos casos se puede apreciar un reflejo tapetal intenso (1).
La oftalmoscopía (directa e indirecta) es imprescindible para observar
la signología del fondo ocular.
El método complementario por excelencia para la APR es la electrorretinografía
(ERG).
Este estudio evalúa la funcionalidad de la retina, fundamentalmente
su porción externa (fotorreceptores). Por este motivo, la ERG es capaz
de diagnosticar la enfermedad incluso antes de que aparezcan signos en el
fondo ocular (4,10).
En la APR por déficit de taurina, la función cardíaca
deberá ser evaluada, ya que la misma afección puede producir
una cardiomiopatía.
Tratamiento
En los casos de APR de origen nutricional, los cambios electrorretinográficos
revierten al corregir la dieta, pero lamentablemente, los signos oftalmoscópicos
son permanentes (4).
La APR de origen genético, hoy por hoy, todavía no tiene tratamiento
alguno. Se postula, al igual que con la APR canina, que existe un componente
oxidativo en la destrucción de los fotorreceptores, por lo tanto, la
utilización de antioxidantes por vía sistémica podrían
retardar la aparición de los signos. Esto es empírico, aún
no está comprobado, pero de todas maneras el curso de la enfermedad
no se puede detener. Por este motivo, el tratamiento más efectivo,
es evitar la reproducción de los animales afectados por esta enfermedad
(5).
Bibliografía