CUANDO  EL  GATO  ENSEÑA  LAS  UÑAS

La  enfermedad  del  arañazo  del  gato

 

 

WHEN  THE  CAT  SHOWS  THE  CLAWS

Cat  scratch  disease

 

 

Palabras clave:

Cat scratch disease,  Bartonella henselae,  Lymphadenopathy,   feline zoonosis

 

Autor:

Gómez  Ochoa,  Pablo

Licenciado en Veterinaria

Camino del Buro 225,     50011 Zaragoza

pablogomezochoa@yahoo.es

 

 

Una enfermedad de los años 50 y una etiología de 1992

 

La   enfermedad  del   arañazo del gato (EAG) es una zoonosis transmitida por sus arañazos, mordeduras, o incluso por el lamido de heridas(7), y es excepcional el contagio por perros, monos o pinchazos de cactus y rosales.          

En el hombre da lugar a un cuadro benigno con fiebre y adenopatías dolorosas en el grupo ganglionar regional. Sin embargo en algunas ocasiones, entre un 5 y un 13%(31), se desarrollan formas de la enfermedad de carácter grave con afectación del sistema nervioso central.

Aunque el número de casos aun no es abultado, la relevancia de la enfermedad tiende a aumentar por el incremento de las mascotas felinas. Si además valoramos que España está libre de rabia y que disponemos de métodos diagnósticos certeros para controlar la toxoplasmosis, se puede justificar el protagonismo cada vez mayor que está adquiriendo la EAG dentro de las zoonosis felinas. Es interesante resaltar que la enfermedad afecta en mayor medida a niños –meningoencefalitis graves- y a personas inmunodeficientes en las que puede producir angiomatosis bacilar y la temible peliosis hepática.  

 

La importancia  de la EAG se subraya con los datos serológicos de Europa: entre el 15 y el 20% de los gatos, y entre el 10 y el 30% de los veterinarios son seropositivos.

El agente causal responsable de la enfermedad no fue totalmente tipificado hasta 1992 cuando el examen del RNA 16S, encontrado en la piel afectada, y el método de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) permitieron identificar al patógeno como Bartonella henselae. Para verificar este hallazgo en la clínica se puso a punto una técnica para la identificación de anticuerpos por inmunofluorescencia indirecta. Los resultados fueron concluyentes: se encontraron títulos significativos (> ó = de 1/64) en el 88% de las personas sospechosas de sufrir la enfermedad.

La B. henselae, también conocida como Rochalimaea henselae, se puede describir como un bacilo pleomórfico, gramnegativo  de 0,5-1,5 mm de longitud y 0,2 – 0,3mm de anchura, que se tiñe mediante la impregnación argéntica de Warthin-Starry. Su cultivo en agar enriquecido, a partir de sangre o de tejidos infectados, se consigue con dificultad después de 3 a 4 semanas, lo que prácticamente lo hace inservible como medio diagnóstico(3).

La búsqueda del agente causal fue larga y ardua, ya que han tenido que pasar más de 40 años, desde que se describió, hasta que se identificó a la Bartonella henselae como patógeno principal. La enfermedad fue descrita en 1950 por Debré y Mollaret, sucediéndose desde entonces las más variopintas hipótesis etiológicas. Al principio, como casi siempre que se ignora una causa, se le echó la culpa a los virus, después se implicó a las Clamydias (1984), más tarde tomaron el relevo los grampositivos (1985), y en 1988 English cultivó un bacilo gramnegativo, igual al descrito por Wear en 1983, y lo denominó Afipia felis. Fue el antecedente más próximo a la B. henselae.

En este momento ya se conocen unas doce especies del género Bartonella, aunque las investigaciones más recientes tienden a  aumentar el listado.

 

 

 

El hombre y el  gato: los dos enferman                       

 

Primero enferma el gato

La EAG, además de una zoonosis, debe de ser valorada como una enfermedad con entidad propia en los gatos, de la que es necesario conocer la epidemiología y el cuadro clínico para llegar a un diagnóstico acertado.

La Bartonellosis felina, que es el término más correcto, afecta a los gatos de todo el mundo. Lo demuestran los estudios epidemiológicos aunque los índices de seroprevalencia sean muy dispares. Los Gráficos 1, 2 y 3  recogen los datos de distintos autores y de diferentes años(7,3,6,28,12,2,20,18,24,4,21), y están agrupados siguiendo la localización geográfica. De su análisis se deducen variables epidemiológicas claramente involucradas en el desarrollo de la enfermedad.

 El clima se valora en todos los casos como un factor predisponente de primer orden: en las zonas cálidas y húmedas la prevalencia aumenta, ya que la presencia de pulgas es mayor, y éstas juegan un papel decisivo en la transmisión de la enfermedad(28,20). 

La raza no se destaca como un factor especialmente implicado(3,12), aunque si se subraya la diferencia entre los gatos domésticos y los callejeros, en los que no se  realiza desparasitación(3,6,8).

El papel del sexo en la adquisición de la enfermedad es controvertido: en unos estudios se detectan  porcentajes significativamente más altos de machos infectados(3,28,25),  mientras que en otros no se registran estas diferencias(12,18).

La edad puede actuar como un factor predisponente, y parece unánime la opinión de que los gatos menores de un año son los principales responsables de la transmisión  de la EAG(3) y además, son con más frecuencia bacteriémicos(8). Está comprobado que precisamente los gatos bacteriémicos de cualquier edad, constituyen el verdadero reservorio a partir de los que el hombre se infecta(9). 

La variabilidad del poder patógeno de la Bartonella es el factor determinante que más incide en la expresión clínica de la enfermedad; así hay cepas como la LSU16, que dan cuadros típicos, fácilmente diferenciables, y otras que harán de los gatos portadores asintomáticos(30,27,22).

La valoración de los factores epidemiológicos y el análisis de las aportaciones de distintos estudios, permiten elaborar el diagrama de flujo de la enfermedad en la especie felina.

Parece claro que las pulgas son las transmisoras reales de la enfermedad(9,11) y cuando pican a un gato bacteriémico la Bartonella entra en su aparato digestivo; en éste es capaz de  mantenerse  viable durante nueve días, se multiplica y acaba siendo excretada en las heces(19). El paso de esa pulga infectada a otro gato, transporta la Bartonella y además cierra el ciclo.

En los gatos menores de un año también se ha demostrado la transmisión oral de la bacteria, por la ingestión de heces de pulga, pero como no se pueden demostrar anticuerpos específicos el diagnóstico se hace muy dificultoso(14).

El papel de la pulga como vector único está claramente establecido, de tal forma que la transmisión de la enfermedad ha sido imposible en un ambiente libre de pulgas(3,9), descartándose otras vías de transmisión como la horizontal directa, la venérea, la transplacentaria, o a través del calostro o de la leche(3,15,1). También se ha comprobado la ausencia de eliminación urinaria de la bacteria(23), y aunque inicialmente se le quiso atribuir a la saliva un papel importante como vector, más tarde  se comprobó que sólo en un pequeño número de animales había ADN del patógeno(3).

En los cuadros 1 y 2 están resumidos los factores predisponentes más importantes y el ciclo de la enfermedad.

 

 

 

 

EL CUADRO CLINICO de un gato infectado por una cepa virulenta como la LSU16, sigue una cronología constante: antes de tres días aparece en la zona de la picadura un eritema, que hacia los catorce días toma  un aspecto  inflamatorio. Los síntomas generales, fiebre y letargia, aparecen a los cinco-seis días y duran aproximadamente dos semanas(30). Otros síntomas menos frecuentes, son la anemia y los trastornos del SNC(23).

La bacteriémia aparece a las dos semanas  y dura de dos a tres meses, aunque hay gatos que son bacteriémicos hasta ocho meses(7,1,16,32).

Cuando la infección se produce por cepas de Bartonella menos virulentas no se manifiesta una clínica  típica, y de hecho son asintomáticos mientras no sean sometidos a situaciones de estrés(3,22).

Las alteraciones reproductivas en la hembra con Bartonellosis son frecuentes y se presentan como un descenso de la fertilidad con disminución del tamaño de la camada(15). Los gatitos no nacen infectados, pero si se infectan después, al ser picados por una pulga o al ingerir sus heces, pasan a ser los verdaderos transmisores de la enfermedad. Los síntomas de estos gatos jóvenes son similares a los de los adultos pero con dos características específicas: tienen un patrón febril bifásico –dos accesos aislados en los días 7 y 12- y además aparecen  adenopatías regionales(27).

 

LA ANATOMIA PATOLOGICA de las lesiones no es específica y salvo que en alguna muestra se detecten bacilos con la tinción argéntica de Warthin-Starry,  no tiene utilidad diagnóstica.

En la citología o en la biopsia de los ganglios afectados hay exclusivamente signos inflamatorios inespecíficos como hiperplasia folicular en el estadio más temprano, granulomas de células epiteliodes y gigantes en el intermedio, y  microabscesos rodeados de células epitelioides en empalizada en el estadio final.

La necropsia, macroscópicamente no revela nada y hay que recurrir de nuevo a la histopatología para observar hiperplasia  ganglionar y esplénica,  hepatitis y colangitis linfocitaria,  miocarditis linfoplasmocitaria y nefritis intersticial, hechos todos ellos típicos de una infección crónica(22).

 

EL DIAGNÓSTICO se confirma con la anatomía patológica o con los estudios laboratoriales, porque la clínica es poco específica, y desde luego, la respuesta inmune a la infección también tiene una gran utilidad como marcador diagnóstico.

La inmunidad celular parece ser el condicionante más importante de la evolución, ya que los anticuerpos no acortan  el período de bacteriémia: lo demuestra la comparación entre los animales contagiados por picadura de pulga –con anticuerpos-  y los que se han infectado a partir de la ingestión de las heces  -sin anticuerpos-. Cuando se produce una segunda infección por la misma cepa, hay que resaltar que no hay inmunidad cruzada entre distintas cepas, la respuesta es mucho más rápida sin que  llegue a haber bacteriémia (32,13).

Los anticuerpos, y en concreto la IgG, tendrán  utilidad diagnóstica aunque no sirvan para rebajar el nivel de la bacteriémia (32).

En la rutina clínica las pruebas diagnósticas más fiables son los métodos serológicos de inmunofluorescencia indirecta que identifican IgGs e IgMs. Es necesarios resaltar el caso de los animales recién nacidos, que pueden tener anticuerpos maternos hasta la semana 6 a 10 de vida(15,1) y pueden producir falsos positivos, por lo que no se les debe realizar la serología hasta transcurrido este tiempo si la madre es seropositiva o no conocemos su estatus.

El uso de otras pruebas diagnósticas ha ido cayendo en desuso: la reacción intradérmica no es fiable en los gatos(3,22) y el aislamiento en cultivo de la Bartonella requiere un periodo de tiempo que lo hace ineficaz para el diagnóstico(3).

 

LA EVOLUCIÓN es benigna, y las manifestaciones clínicas dependen de la virulencia de la cepa. En algunos casos, además, se pueden asociar gingivitis y alteraciones renales o de vías urinarias cuando la infección por Bartonella coexiste con el FIV(35). 

 

EL TRATAMIENTO es descorazonador, y no existe ningún protocolo antibiótico eficaz, capaz de eliminar a la Bartonella. Están descritas muchas pautas, habitualmente de larga duración, que incluyen a la doxiciclina durante un mes como tratamiento de elección(3), a los aminoglucósidos, al enrofloxacino o a la eritromicina(32,13,10).

Hay evidencias de que ninguno de ellos consigue reducir la duración de la bacteriémia. Seguramente la situación  intraeritrocitaria de la bacteria es la responsable de esta resistencia a los antibióticos(26).

 

Después enferma el hombre

Puede pensarse que la prevalencia de la enfermedad es muy baja en relación con el gran número de mascotas felinas y de gatos callejeros bacteriémicos. Seguramente el bajo grado de transmisión  -el arañazo o la mordedura del gato, sin que pueda transmitirse entre personas-,  añadido a la escasa virulencia de las cepas y a los errores achacables a los anteriores métodos diagnósticos(6) son los responsables de que la enfermedad esté infradiagnosticada(34). Sin embargo el número de casos diagnosticados va en aumento y la población de riesgo se concentra en los veterinarios y en los propietarios de los gatos, especialmente niños y personas inmunodeficientes(3,20,5).

Los síntomas empiezan a manifestarse después del arañazo del gato y entre los tres y diez días siguientes aparece una escara, una pápula o un forúnculo indolente. Cuando pasan de 2 a 6 semanas, en el grupo ganglionar correspondiente a la zona afectada, se presentan adenomegalias con un diámetro en torno a los 8 cm. , blandas, dolorosas, con hinchazón y dolor local (7,3,33). Es frecuente también la existencia de síntomas generales como malestar, febrícula y esplenomegalia moderada.

La evolución de este cuadro es benigna y las adenopatías se resuelven espontáneamente en dos o tres meses.

Sin embargo, aunque poco frecuentes, pueden presentarse evoluciones atípicas en las que la clínica dura años, o aparecen formas recidivantes con fiebre alta, pérdida de peso, abscesos esplénicos, masas mediastínicas o hepatitis granulomatosas. Especialmente graves son algunos casos infantiles en los que se desarrollan meningitis agudas con convulsiones, paraplejia y coma.

También se han descrito formas de presentación excepcionales que incluyen polineuritis, radiculitis o síndrome oculoganglionar de Parinaud.

En los enfermos de SIDA la EAG cursa con lesiones vasculares (peliosis y angiomatosis) que plantean problemas de diagnóstico diferencial con el sarcoma de Kaposi.

En el otro extremo evolutivo están las formas subclínicas que padecen el 10-30% de los veterinarios y el 5% de los familiares de personas con EAG y que conviven con gatos.

El diagnóstico de la enfermedad ha avanzado mucho en los últimos años por su mejor conocimiento y por la puesta a punto de métodos diagnósticos más específicos.

Hasta la aparición de las técnicas serológicas actuales y de la PCR este cuadro clínico pasaba desapercibido entre el gran grupo de las adenopatías inflamatorias inespecíficas. Se ha establecido que el diagnóstico de EAG requiere el cumplimiento de al menos tres de los siguientes criterios(34):

v     Antecedentes de arañazo de gato con hallazgo de lesión primaria o de inoculación.

v     Prueba cutánea positiva, mediante el test intradérmico de Hanger-Rose.

v     Serologías negativas frente a los patógenos más frecuentes en las adenopatías.

v     Alteraciones histopatológicas en la biopsia ganglionar.

En la actualidad se usa casi exclusivamente la inmunofluorescencia indirecta contra la  B. henselae, y como generalmente la infección es benigna y autolimitada el tratamiento antibiótico se reserva para las formas graves.

 

El papel del veterinario

 

El veterinario en la EAG, como en todas las zoonosis, desempeña un papel fundamental. En esta enfermedad, ni el gato, ni el propietario desinformado son los responsables; es el veterinario quien debe cuidar la salud de las personas a través de la de los animales.

Las medidas de control se pueden resumir en el siguiente decálogo(7,3,6,9,27,36):

1.       Recomendar a los dueños no  prestarse a juegos con su mascota, que acarreen arañazos o mordeduras.

2.     No dejar a los gatos lamer heridas o arañazos.

3.     Limpiar profusamente con agua y jabón cualquier arañazo.

4.     Llevar a cabo una campaña correcta de erradicación de pulgas en el gato y en el ambiente.

5.     No acostumbrar al gato a salir de casa y evitar el contacto con otros animales callejeros.

6.     No acoger en casa gatos callejeros sin someterlos a un chequeo de ésta y de otras enfermedades.

7.     Tener mucha precaución al juntar niños con gatos menores de un año.

8.     Testar los gatos en donde haya una persona con EAG.

9.     En familias en las que haya personas enfermas o con SIDA, se desaconseja la presencia de un gato con bartonellosis, o en todo caso debe iniciarse tratamiento durante un largo período   con chequeos rutinarios.

10.  Los veterinarios deben evitar, en la medida 

    de lo posible, ser arañados.

La EAG no es una enfermedad de declaración obligatoria ni en gatos ni en personas(3), y aunque un gato sea seropositivo no es necesaria su exclusión del ambiente doméstico(7,3).

Las medidas anteriores, debido al carácter felino y a su idiosincrasia en España, son difícilmente aplicables. Aun así el veterinario debe informar y  tener en cuenta la existencia de este patógeno, y ante un gato menor de un año, con adenopatías, fiebre y en un ambiente con pulgas, la bartonellosis siempre estará presente en el diagnóstico diferencial(27).

 

 

Presente y futuro

 

En estos momentos se desconocen muchos aspectos de la EAG que pueden tener las claves del control de la enfermedad. Aunque en líneas generales están bien establecidos los mecanismos de transmisión, queda por aclarar como llegan las Bartonellas a las uñas de los gatos y cuanto tiempo permanecen ahí, o la ausencia de transmisión por arañazos entre los propios gatos. También se discute si la picadura de pulgas infectadas puede contagiar al hombre en ausencia de gatos, y desde luego sigue la controversia respecto del papel de otros patógenos como la Afipia felis o la B. clarridgeiae descubiertas antes de la B. henselae.

Aunque todas estas cuestiones estén pendientes de resolución, es necesario seguir resaltando el papel de la prevención que pasa inexcusablemente por impedir el arañazo, utilizando los métodos de sujeción adecuados, y por el mantenimiento de los gatos libres de pulgas. Y desde luego el primer paso es un mayor conocimiento del estatus epidemiológico de nuestro país: en este momento no disponemos de ningún estudio serológico de la prevalencia de la B. henselae en los gatos de España.

El futuro del control de la enfermedad pasa por la puesta a punto de un test diagnóstico comercial que pueda utilizarse en la clínica de forma rutinaria.

La profilaxis con una vacuna polivalente que resuelva la ausencia de inmunidad cruzada entre distintas las cepas(36,29,17), cierra el ciclo de las medidas preventivas. 

 

 

Imágenes

 

 

 

 

 

 

 

 

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