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Abuso a los animales y violencia humana
Katia
Florian M.V. (*)
“El abuso animal es apenas un eslabón de una cadena de abuso
que lastima a todo el mundo, tanto a los animales como a las personas. Los niños que lastiman a los animales pueden
llegar a ser adultos que lastimen a los niños o a otros adultos.”
The Humane
Society of the United States
Introducción
La
psicología humana es un mundo tan complejo como lo es fascinante. A través del estudio de la psiquis se han
obtenido conocimientos muy específicos acerca del comportamiento, pensamiento y
de los actos que realiza el ser humano; éste ha podido explicarlos por más
irracionales que sean. La psicología es
justamente el punto en el cuál lo irracional se transforma en algo entendible,
aunque no siempre sea aceptado por nosotros.
Este
trabajo trata acerca de la relación existente entre el abuso a los animales y
la violencia humana. Se abarcan temas
fundamentales, tales como la causa de la patología, la estructura psíquica
subyacente (de manera muy simplificada), cómo detectarlo y qué podemos hacer al
encontrarnos frente una situación tal.
El objetivo es concientizar e informar al lector de este desorden
brindando un panorama general.
Definición de
crueldad
La crueldad, que puede definirse como una respuesta emocional de
indiferencia o la obtención de placer en el sufrimiento y dolor de otros o la
acción que innecesariamente causa tal sufrimiento o dolor, ha sido considerado
desde hace mucho tiempo como un signo de disturbio psicológico. La crueldad de los niños hacia otras
personas es un signo clínico incluído en nosología psiquiátrica relacionado a
desórdenes antisociales y de conducta.
Sin embargo, solo recientemente se ha agregado la crueldad hacia los
animales a la lista de criterios diagnósticos para Desórdenes de Conducta
(American Psychiatric Association, 1987) en niños y adolescentes. La crueldad hacia los animales se define
como un comportamiento socialmente inaceptable que intencionalmente causa dolor
innecesario, sufrimiento, o distress hacia y/o muerte de un animal (F. Ascione,
1993).
Estructuración
del psiquismo temprano
El aparato psíquico se estructura a partir de experiencias en el
vínculo primario (madre-hijo). Esas
experiencias son las llamadas primeras
experiencias de satisfacción.
Se habla de “madre” como aquella que posee la función materna, la
encargada de cubrir las necesidades del bebe, ya sea hambre, sed, frío, miedo,
entre otros (necesidades primarias).
La madre funciona como un decodificador de las necesidades del
hijo. Si fallan esas decodificaciones,
el sujeto infantil estructura su organización psíquica a partir de
frustraciones tempranas. El
decodificador puede fallar no desde la intencionalidad, sino desde la
imposibilidad de ser un adecuado decodificador; el nivel de salud mental del
decodificador va a determinar el nivel de las decodificaciones (por ejemplo,
madres deprimidas, violentas, alteradas, etc.). El decodificador se encuentra atravesado por dificultades
emocionales que no le permiten entender las demandas del bebe (mala
decodificación).
Esto promueve que las primeras experiencias de satisfacción queden
grabadas y se estructuren como un código emocional de la psiquis del
sujeto. Este código depende de la
calidad de aquellas primeras experiencias (Reguera, 2001).
¿Cómo se
organiza la patología sadomasoquista?
Frente a una inadecuada satisfacción de las demandas primarias, se
generan en el sujeto altos niveles de frustración y el mundo emocional se
constituye con una alta presencia de agresión (la insatisfacción produce odio y
violencia). La insatisfacción genera sujetos altamente voraces, demandantes,
con un mundo afectivo retroalimentado por feedback negativo (un ejemplo
sencillo para comprender esto: yo tengo hambre, mi mamá no decodifica mi
llanto; en lugar de calmar mi hambre, me altero aún más). En otras palabras, se arma un vínculo de
feedback negativo, dónde la dinámica afectiva está marcada por la invasión de
sentimientos de odio.
A partir de experiencias tempranas frustantes el sujeto se inunda de
odio por la falla en la decodificación.
Estas fallas primarias preanuncian un sujeto muy anclado en pocas
experiencias de satisfacción y organizan un psiquismo donde el no placer (la
frustración) es la vía de intercambio con el otro.
A los dos años el sujeto termina la etapa de discriminación del objeto
materno a partir del control esfinteriano;
recién ahi se produce la individuación primera porque se enfrentan dos deseos
distintos, como ejemplo, por un lado está la madre que quiere que el nene haga
sus necesidades en la pelela, mientras que del otro lado el nene quiere seguir
haciendose encima en los pañales. Es en
este momento en el cuál surge una discriminación, porque el nene se da cuenta
que existe otro deseo aparte del suyo.
Es un período clave en la vida del individuo; el control esfinteriano
marca el ingreso a la cultura humana.
En esta etapa se refuerzan las vías de insatisfacción organizadas en los
primeros tiempos de vida, porque un objeto materno que no supo ser un buen
decodificador no sabrá ser un buen portador cultural de la prohibición de
ejecutar las necesidades en el momento donde el sujeto quiere y elige.
El objeto sádico baja el mandato cultural de manera sádica y violenta,
a través de castigos, pegar, someter para conseguir que el chico controle el
esfínter. El decodificador pasa a ser
sádico.
El sujeto está sometido a la violencia y al castigo si no responde al
deseo de la madre (madre = portavoz de la cultura).
Este es el núcleo organizador de la problemática sádica que culmina su
estructuración entre los tres y los cinco años, donde el psiquismo infantil
termina confundiendo tanto el camino de satisfacción como el fin último de
satisfacción. En lugar de armar el amor
y el encuentro como caminos de placer, organiza en su psiquismo la violencia y
el sadismo como camino de placer. El
placer deja de ser meta y pasa a ser el displacer la meta placentera; el
dominio y la sumisión el camino hacia esa meta, por lo tanto todos los vínculos
son atravesados por el sadomasoquismo.
El sujeto puede ocupar intermitentemente el lugar sádico o masoquista,
pero la calidad de sus vínculos oscilará siempre entre los dos polos (Reguera,
2001).
El sadismo y
los animales
El posicionamiento sádico es siempre frente a alguien más débil que él.
Frente al humano, el animal es un ser débil, “inferior”. Cierta cuota de sadismo en los niños frente
a animales es normal como trayectoria hacia la maduración o como una escala
evolutiva. Sin embargo, cuando existe
un goce en el sadismo y el chico queda anclado en ese goce, de ver sufrir a
otro y de hacer sufrir a otro, estamos frente a un cuadro patológico. En individuos que tienen el plus de la marca
de experiencias tempranas insatisfactorias, la cuota normal de sadismo infantil
deja de ser un estado evolutivo normal para transformarse en una estructura
sadomasoquista, luego manifestándose como sujetos golpeadores y maltratadores,
tanto a nivel verbal como físico.
El eje de esta seria patología es el placer pasando por el sufrir. Se trata de una estructura psíquica
irreversible, sin cura, en la cuál la lengua materna es el sadomasoquismo. Es un modelo de vínculo primario.
Los animales, inermes, suelen ser los primeros objetos puestos para el sadismo
infantil. Pero en un psiquismo normal
esto es solamente una etapa. Renuncia
el placer del sadismo para encontrar la verdadera satisfacción a través de la
vía del amor. Aquellos que no conocen
el amor, siguen por la vía sádica. Es
el caso de los seres que han sufrido una mala decodificación.
El animal es el más vulnerable a esta satisfacción perversa del
deseo. Se habla de perverso en cuanto a
que el camino elegido no es el sano y tampoco lo es el fin. En el sadomasoquista hay un cambio en el camino
y en la meta. Mientras que en el ser
normal, el camino es la satisfacción y el fin es el placer, para el sujeto
sadomasoquista el camino es el dolor y el fin el sufrimiento (Reguera, 2001).
Estos sujetos a lo largo de la vida quedan anclados en este lenguaje
emocional y van a armar, según sea el grado de la patología, distintos tipos de
relaciones sadomasoquistas; lo van a poner en evidencia en sus diferentes
vínculos, como por ejemplo con los animales.
Ningún animal mata por placer, sino siempre para sobrevivir; en cambio,
el humano es el único que quiebra esta “ley de la selva” que puede matar
simplemente por placer, dejando atrás a la presa muerta. El sadomasoquista goza del sentimiento de
poder. No manda el instinto de vida,
sino el de muerte: el placer de ser mayor y más poderoso que el prójimo.
Según varios estudios realizados, la gran mayoría de los abusadores
comparten una historia común de castigo parental brutal, negligencia y
rechazo. El psiquiatra, Dr. Alan
Felthous, junto con otros colegas, ha identificado una tríada constituída por
el abuso físico por parte de los padres, crueldad hacia los animales, y
violencia hacia las personas.
En gran parte, los estudios basados en el abuso animal y criminología
adulta, muestran que las primeras instancias de crueldad hacia los animales
tienen lugar temprano en la vida del abusador.
Según la antropóloga, Margaret Mead (1964), “Una de las cosas más
peligrosas que le pueden pasar a un niño es matar o torturar a un animal y
salirse con la suya.” Casi todos los
niños jóvenes atraviesan una etapa de crueldad “inocente”, en la cuál pueden
lastimar insectos u otros animales pequeños en el proceso de explorar el mundo
y descubrir sus habilidades. La mayoría
de los niños, sin embargo, con la guía adecuada de los padres y maestros, se
tornan sensibles al hecho de que los animales pueden sentir dolor y sufrir y
por lo tanto tratar de evitar de causarles tal dolor. Algunos, sin embargo, parecen quedarse encerrados en un patrón de
crueldad que puede perdurar toda la vida.
Algunos especialistas sugieren que a estos niños les falta la capacidad
de amar, de armar vínculos cercanos hacia personas o animales, pero
investigaciones recientes sugieren que no es tan simple. En un estudio realizado con dos grupos de niños,
uno delincuente y el otro no delincuente, se observó que casi todos estos niños
han tenido una “mascota especial” en alguna etapa de sus vidas. Los niños delincuentes indicaron, en una
frecuencia tres veces mayor que los no delincuentes, que fueron en búsqueda de
sus mascotas en momentos difíciles y hablaron de sus problemas con
aquella. Una diferencia esencial entre
ambos grupos fue que el 34% de los niños delincuentes habían perdido su mascota
especial por medio de matanza intencional o accidental (Robin, 1984). En muchos casos, un padre abusivo se había
deshecho de su animal querido de alguna forma violenta, dando lugar a un
profundo resentimiento por parte del niño.
En varias instancias, las mascotas son lastimadas o matadas como castigo
para un niño. Según Summit (1983),
amenazar con lastimar a la mascota de un niño es una técnica común utilizada
por abusadores para mantenter al niño callado sobre el abuso. Protagonizar actos de crueldad de tal
magnitud pueden llegar a ser igual de traumáticos como ser víctima de abuso
físico. Es altamente probable que el
niño presenta un riesgo importante de convertirse en un padre abusivo quién, a
su vez, puede producir otra generación de niños violentos. Debido en parte a esto, el tratamiento debe
involucrar a toda la familia, no solamente el abusador.
Es posible que algunos jóvenes se hayan convencido de su supuesta
“maldad” proyectada sobre ellos por sus padres y se comporten de la manera que
se espera de ellos. Algunos imitan la
violencia familiar que parece ser una forma de vida “normal” para ellos. Otros se sienten indefensos y usan a los
animales como víctimas para demostrar su poder y autoridad o como chivos
expiatorios por el enojo que sienten hacia los padres o hacia la sociedad como
una unidad. Finalmente, algunos de
estos jóvenes abusadores simplemente parecen nunca haber aprendido a valorar la
vida de los demás.
Animales de
compañía y niños
Los animales de compañía son una parte vital de un desarrollo emocional
saludable para los niños. Mientras los
niños se desarrollan, los animales juegan distintos roles en cada una de las
etapas. El período de la niñez abarca
varias tareas de desarrollo – la adquisición de confianza y autoestima, un
sentido de responsabilidad y competencia, sentimientos de empatía hacia otros y
el logro de la autonomía – que pueden ser facilitados al niño por un animal de
compañía. La constancia del
compañerismo animal puede ayudar a niños avanzar a través de la continuidad del
desarrollo y hasta puede tener un efecto inhibidor ante disturbios mentales
(Levinson, 1970).
¿De qué maneras puede un animal satisfacer las necesidades de la salud
mental de un niño? En primera
instancia, una mascota es un compañero de juego activo y energético, lo cual
facilita la descarga de la energía y tensión retenida del niño (Feldman,
1977). En general, un niño que es
físicamente activo tiene menor probabilidad de estar tenso en comparación a uno
que no lo es. La seguridad del animal
de compañía puede estimular comportamiento exploratorio, en particular en niños
miedosos ante situaciones desconocidas.
Puede también servir de puente o facilitador hacia vínculos con otros
congéneres. Para aquellos viviendo en
situaciones sin otros niños, una mascota puede ser sustituta de compañía humana
(Robin, ten Bensel, Quigley y Anderson, 1983).
El rol de una mascota en la
familia dependerá de la estructura familiar, sus rasgos emocionales, sus
fuerzas y debilidades, tanto físicas como emocionales, de cada uno de sus
miembros, y el clima social de la familia (Levinson, 1969). Levinson también agrega y alerta que las
mascotas, al ser componente importante, pueden estar involucradas en patologías
que afecten a la familia.
Crueldad de los
niños hacia animales
En base a numerosos estudios realizados, se identificó a la crueldad
extrema por parte de los padres como elemento subyacente más común entre
aquellos individuos que abusan de animales.
Como Erich Fromm revela en su estudio, La anatomía de la destructibilidad humana(1973), las personas
sadistas tienden ellos mismos a ser víctimas de castigos terribles. Con esto hace referencia al castigo que no
es limitado en cuanto a su intensidad, que no está relacionado a ningún
malcomportamiento específico, es arbitrario y es alimentado por el sadismo
propio del castigador. Por ende, el
abusador de animales sadista fue, así mismo, una víctima de abuso físico
extremo.
Mientras que la mayoría de los niños es sensibe al maltrato de las
mascotas, para algunos abusados o trastornados, las mascotas representan a
alguien sobre quién pueden ejercer su poder y control. Rollo May (1972) sugiere
que cuando un niño no es amado adecuadamente por la madre o el padre, se
desarrolla una “inclinación por vengarse del mundo, una necesidad de destruir
el mundo por otros en tanto que para él mismo no le fue bueno”. Niños severamente abusados, al no poseer la
habilidad de empatizar con los sufrimientos de los animales, sacan sus
frustraciones y hostilidad sobre animales con poco sentido de remordimiento. Su abuso de animales es un esfuerzo para
compensar por sentimientos de inferioridad y falta de poder.
¿Por qué
los golpeadores amenazan, abusan o matan animales?
* Demostrar y
confirmar su poder y control sobre la familia
* Para aislar la
víctima y los niños
* Eliminar la competencia
por la atención
* Obligar a la familia
a mantener la violencia en secreto
* Enseñar sumisión
* Para vengarse de
actos de independencia y auto-determinación
* Perpetuar el
contexto de terror
* Prevenir que la
víctima se vaya o obligarla a que vuelva
* Castigo por haberse
ido
* Degradar a la
víctima al involucrarla en el abuso
¿Por qué debemos reconocer el abuso animal como una forma
de violencia contra humanos?
* Abusar
de animales expone el propósito deliberado de golpear más que la pérdida de
control
* Abusar de animales y
lastimar niños está íntimamente relacionado
* Abusar
de animales es violencia e indica cómo la violencia está interconectada
* Amenazando,
hiriendo o matando animales puede indicar un potencial aumentado para la violencia/letalidad
* Víctimas
pueden postponer irse al temer por la seguridad de su mascota
* Identificando
abusadores de animales puede ayudar a identificar otras víctimas de violencia
dentro de la familia
Los siguientes datos fueron obtenidos por la HSUS, Sociedad
Humanitaria de los Estados Unidos, a través de su campaña First Strike (Primer
Golpe).
Casi un cuarto de todos los casos de crueldad animal intencional
también involucran alguna forma de violencia familiar. La violencia doméstica
es la forma de violencia familiar más frecuentemente reportada, seguido por
abuso de niños y de mayores.
* 21%
de los casos de crueldad animal intencional también involucra alguna forma de
violencia familiar.
* 13%
involucra violencia doméstica. En estos casos, el perpetrador abusa de su
pareja y obliga a la víctima a observar la crueldad hacia los animales.
* 7%
involucra abuso a niños. En estos casos, el perpetrador abusa del niño y obliga
a la víctima a observar la crueldad
animal.
* 1% involucra abuso a mayores. En estos
casos, el perpetrador abusa de la víctima mayor y la obliga a observar la
crueldad animal.
Animales de compañía son los blancos más comunes de crueldad animal,
con datos de crueldad hacia los perros (76% de todos los casos de animales de
compañía) mucho más frecuente que la crueldad registrada contra gatos (19%).
Según un estudio, los datos obtenidos fueron los siguientes:
* 76% de los casos
involucra animales de compañía.
* 12% de los casos
involucra animales de granja.
* 7% de los casos
involucra animales silvestres.
* 5% de los casos
involucra múltiples tipos de animales.
Más de 57% de los casos analizados fueron caracterizados como
abuso intencional o tortura, 31% involucraba negligencia extrema incluyendo
hambruna y falta de cuidados, y 12% comprendían tanto negligencia como abuso.
En casos de crueldad animal intencional, las ofensas más comunes
incluyen balear, pegar, patear, acuchillar, tirar, quemar, ahogar, colgar,
envenenar, abusar sexualmente y/o mutilar a los animales.
En base a lo descripto en este trabajo, queda claro que las
mascotas juegan un importante rol en la vida de las personas. Lamentablemente, según lo investigado, la
conexión que existe entre el abuso de los animales y la violencia humana, es un
tema desconocido para muchos veterinarios aquí en la Argentina. Trabajos realizados que confrontan el
problema a nivel de la medicina veterinaria son extranjeros.
La violencia familiar es un problema real y severo que existe en
la sociedad. Nosotros, como
veterinarios, aparte de cuidar y proteger la salud de los animales, también
tenemos la responsabilidad de salvaguardar el bienestar tanto del animal como
de la sociedad.
El juramento veterinario constata que se deben utilizar los
conocimientos y las habilidades científicas para el beneficio de la sociedad a
través de la protección de la salud animal, el aliviar el sufrimiento animal y
promover la salud pública; practicar la profesión con dignidad y guiarse por
los principios de la ética veterinaria. Éstos no solamente son los pilares de
nuestro trabajo, sino que también debe ser la base de nuestra ética profesional
y moral.
Como ciudadanos y profesionales debemos poder identificar este
comportamiento, informar a los clientes, brindarles ayuda hasta donde nos
permiten nuestros conocimientos y derivarlos a centros especializados.
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_ Paquete
comprensivo de material “First Strike” de la HSUS.
_ Entrevista con la Lic. en Psicología
Norma Reguera, 2001.
Sitios de Internet recomendados:
•http://animalrights.miningco.com/msubviolence.htm?pid=2771&cob=home
•http://www.arktrust.org/outcry/issues_display.asp?id=7
•http://www.aspca.org/
•http://www.care2.com/channels/solutions/pets/153
•http://fund.org/library/documentViewer.asp?ID=259&table=documents
•http://home.fuse.net/animalrights/page75.html
•http://www.hsus.org/firststrike/index.html
•http://www.lcanimal.org/
•http://www.psyeta.org
(*) Ejercicio libre de la profesión kflorian@interlink.com.ar