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Cetoacidosis diabética en el gato

Dra. Dolores Perez Alenza

Universidad Complutense de Madrid. España

 

pmanzuc@gmail.com / pmanzuc@fcv.unlp.edu.ar

La cetoacidosis diabética (DCA) es la complicación más grave de la diabetes mellitus  y puede aparecer tanto en animales ya diagnosticados y en tratamiento con dieta e insulina o en animales sin diagnóstico previo de diabetes mellitus. Se trata de  un estado de acidosis metabólica provocado por un exceso de cuerpos cetónicos, producidos por la falta de insulina. Se caracteriza por la presencia de hiperglucemia, cetonemia, acidosis metabólica, deshidratación y pérdida de electrolitos. En la mayoría de los casos, los animales suelen presentar un cuadro clínico grave, que requiere un tratamiento de urgencia.

 

La cetoacidosis diabética es más frecuente en gatos de edad media y avanzada, afecta más a machos que a hembras y puede aparecer en cualquier raza. Se estima que la prevalencia de DCA en el gato es de 1/800.

 

Diagnóstico

            Diagnóstico clínico

El cuadro clínico es variable dependiendo del tiempo que lleve el proceso y de las enfermedades concurrentes. Los síntomas más frecuentes son letargia, anorexia, poliuria, polidipsia, pérdida de peso y vómitos.

Los hallazgos de la exploración física dependen de la gravedad del cuadro, pero los más frecuentes son conformación corporal delgada, deshidratación, ictericia y hepatomegalia. Para confirmar la DCA debe existir hiperglucemia, glucosuria y cetonuria. La presencia de cetonuria es clave para la confirmación de DCA en el gato.

Solamente en aquellos gatos con un cuadro clínico leve o incipiente es necesario diferenciar sí el animal tiene una hiperglucemia de estrés por una enfermedad concurrente o tiene una DCA. En estos casos, es de gran utilidad la determinación de fructosamina plasmática que será elevada en casos con DCA mientras que será normal o el el rango normal-alto en casos con hiperglucemia de estrés.

Al igual que sucede en el perro, con los datos clínicos y la presencia de hiperglucemia, glucosuria y cetonuria se debe establecer la gravedad, el tipo de tratamiento y las pruebas complementarias diagnósticas a realizar.

 

Evaluación diagnóstica completa

            Las pruebas complementarias diagnósticas deben solicitarse independientemente de la gravedad del cuadro clínico, ya que permiten completar la información que teníamos sobre la gravedad del cuadro, nos informan sobre las enfermedades concurrentes y permiten establecer un tratamiento adecuado en cada caso.

            Estas pruebas incluyen un hemograma, una bioquímica sanguínea completa, urianálisis y ecografía abdominal.

            Analítica sanguínea

            Las alteraciones más frecuentes en el hemograma son anemia (25% de los casos) y leucocitosis neutrofílica (45%).

            Los niveles de glucosa sanguínea en gatos con DCA son variables, entre 300 mg/dl hasta 1000 mg/dl, según sea la funcionalidad renal para eliminar el exceso de glucemia. En aquellos casos con un cuadro clínico leve y con cetonuria leve, los niveles de fructosamina son útiles para completar el diagnóstico.

            Puede aparecer azotemia prerrenal debido a la deshidratación; sin embargo, la aparición de azotemia renal por un fallo renal concurrente aparece en un 45% de los gatos con DCA. Para diferenciar si la azotemia es prerenal o renal hay que tener en cuenta el urianálisis en su conjunto, especialmente la densidad urinaria, la imagen ecográfica de ambos riñones y la producción de orina y la evolución de la azotemia tras el tratamiento.

            Una de las enfermedades concurrentes más comunes en gatos con DCA es la lipidosis hepática, por lo que es frecuente la elevación de ALT. En algunos casos, la hepatopatía se agrava por la presencia de pancreatitis o colangiohepatitis.

La determinación de sodio, potasio, cloro, calcio y fósforo es necesaria en gatos con DCA y ha de hacerse lo antes posible, ya que indica el tipo de fluidoterapia a administrar.

Aproximadamente el 80% de los gatos con DCA tienen hiponatremia y más del 60% tienen hipokaliemia e hipocloremia en el momento del diagnóstico de DCA.  Además, durante el tratamiento, las complicaciones que aparecen con mayor frecuencia son descompensaciones de estos electrolitos, por lo que es imprescindible reevaluar los niveles de dichos electrolitos durante el tratamiento.

Los niveles de calcio en gatos con DCA suelen ser normales o ligeramente inferiores a la normalidad; entre un 20 a un 76% de los gatos con DCA en el momento del diagnóstico tiene hipocalcemia leve. La hipocalcemia suele ser debida a pancreatitis, fallo renal y malabsorción intestinal concurrentes y no provoca sintomatología. Los niveles séricos de fósforo pueden ser normales o elevados, aunque lo más frecuente es que estén disminuidos (entre un 50 a 90% de los casos). Además, al iniciar el tratamiento con insulina y corregir la acidosis metabólica el se puede agravar la hipofosfatemia. En el gato, la aparición de anemia hemolítica por hipofosfatemia durante el tratamiento es una complicación frecuente que debe evitarse con un suplemento de fosfato.

            Urianálisis

Es recomendable realizar un cultivo y antibiograma de la orina, ya que pueden existir infecciones de tracto urinario concurrentes.

            La densidad de la orina de los animales con DCA suele ser superior a 1.022. Si ésta es inferior y hay glucosuria, lo más probable es que exista un fallo renal concurrente.

            Otras pruebas complementarias

            La ecografía abdominal es de gran utilidad en gatos con DCA, ya que aporta información sobre las enfermedades concurrentes a la DCA, principalmente lipidosis hepática, fallo renal, y pancreatitis.

            Otras pruebas que pueden ser de gran utilidad, en los casos en los que la historia y exploración física lo indiquen, son la electrocardiografía y la radiología torácica y abdominal.

 

Tratamiento

Los objetivos del tratamiento son estabilizar el equilibrio hídrico y electrolítico, reducir la acidosis metabólica y bloquear la producción de cuerpos cetónicos, y conseguir unos niveles de glucemia estables y cercanos a la normalidad. Estos objetivos deben cumplirse progresivamente, con el fin de no provocar complicaciones graves como edema cerebral, hipoglucemia o hipopotasemia.

Para ello, en primer lugar hay que recuperar la volemia y corregir el desequilibrio electrolítico, posteriormente, reducir los niveles de glucemia progresivamente hasta alcanzar unos niveles cercanos a la normalidad aunque ligeramente superiores (250 a 300 mg/dl). En tercer lugar hay que corregir la acidosis metabólica y finalmente, hay que tratar las enfermedades o procesos concurrentes (tabla 1).

 

Recuperación de la volemia y corrección de desequilibrio electrolítico

La recuperación de la volemia es lo primero que debe hacerse tras la evaluación inicial y la toma de muestras de sangre y orina del animal. Los animales están deshidratados, hipovolémicos y con un gasto cardíaco reducido, por tanto hipotensos y con un flujo sanguíneo renal menor por lo que la expansión del espacio intravascular es un objetivo primario. La fluidoterapia reduce los niveles de glucosa y la osmolaridad plasmática y mejora la perfusión de todos los órganos, principalmente del riñón.

El fluido de elección inicialmente es un cristaloide isotónico como el Cloruro Sódico (ClNa  0,9%) a un ritmo moderado, ya que sino, se puede provocar edema cerebral. También se puede emplear como fluidoterapia una solución de Ringer Lactato, ya que contiene potasio, cuya administración es necesaria en animales con DCA y ayuda a resolver la acidosis mejor que la solución de cloruro sódico al 0,9%. Sin embargo, el Ringer Lactato se elimina por vía renal, lo que empeora la pérdida de electrolitos (sodio y potasio) ya existente y es metabolizado a lactato en el hígado, por lo que en un animal con la funcionalidad hepática comprometida no es el fluido de elección.           

            El volumen de fluidoterapia que hay que administrar durante un período de 24 horas se calcula teniendo en cuenta la deshidratación, las necesidades de mantenimiento y las pérdidas anormales de fluidos (tabla 2). Es recomendable administrar en las primeras 8 a 10 horas el 70% de este volumen. Para calcular estas necesidades se puede emplear la siguiente fórmula:

           

            El volumen de fluidos ha de ajustarse diariamente, en función de una serie de parámetros que se monitorizan durante todo el período de hospitalización. Es especialmente importante desde las primeras horas de hospitalización valorar la producción de orina, para lo que se recomienda colocar un catéter urinario. La producción de orina correcta debe ser, al menos, de 1 a 2 ml orina/ kg/ hora durante la fase inicial del tratamiento. Si no es así hay que revisar el  cálculo de la fluidoterapia, el sistema en sí e intentar aumentar o forzar la diuresis con diuréticos, dopamina y manitol.

Junto con la corrección de la volemia es necesario restaurar el desequilibrio electrolítico, principalmente del potasio y del fósforo.

            La alteración electrolítica más frecuente en pacientes con DCA es la hipokalemia. Sin embargo, los niveles de potasio séricos no siempre reflejan la reserva corporal del mismo. Así, antes de comenzar el tratamiento los niveles de potasio pueden estar normales o incluso elevados  por la hipovolemia y la menor excreción renal, la acidosis (que facilita el paso del potasio del espacio intracelular al extracelular), la deficiencia de insulina, la hipertonicidad de la sangre y el catabolismo proteico. Sin embargo, durante el tratamiento hay que evaluar periódicamente este electrolito, ya que sus niveles descienden sobre todo por la rehidratación, por la corrección de la acidosis, por las pérdidas por orina y principalmente, por el paso de potasio y glucosa al espacio intracelular debido a la insulina exógena. El suplemento de potasio para corregir la hipokaliemia se realiza teniendo en cuenta los niveles de potasio en sangre. El más empleado es el Cloruro potásico (KCl) que se comercializa en viales de 2M (2mEq/ml). En la tabla 3 se indica la cantidad de Cl k a añadir a la fluidoterapia en función de los niveles séricos de potasio.

            Los ajustes posteriores del potasio se realizan teniendo en cuenta los niveles plasmáticos de este electrolito, que deben ser evaluados cada 6 u 8 horas hasta que el animal esté estable. Si no se pueden determinar los niveles de potasio, se debe realizar un control electrocardiográfico, ya que resulta útil ante alteraciones evidentes (hiper o hipopotasemia), aunque no refleja de forma exacta y directa los niveles plasmáticos de este ión. En el electrocardiograma se pueden observar signos de hipokaliemia (depresión de onda T, de segmento ST, intervalo QT prolongado y arritmias supraventriculares y ventriculares) o hiperkaliemia (onda T picuda, onda P plana, intervalos PR y QRS prolongados, onda R de menor amplitud, bradicardia, arritmias ventriculares, bloqueo completo cardiaco).

            La presencia de hipofosfatemia se asocia a la gravedad y duración de la diabetes y de las enfermedades concurrentes. Después de la administración del tratamiento (insulina) y de la corrección de la acidosis, en el plazo de 24 h es posible provocar un descenso grave en los niveles de fósforo, porque ya existía una deficiencia crónica aunque no se reflejara en los niveles séricos. Si aparecen signos clínicos tales como debilidad muscular, ataxia, temblores, alteraciones miocárdicas, insuficiencia respiratoria o bien hemólisis y siempre que el nivel de fósforo sea inferior a 1,5 mg/dl, hay que añadir fosfato potásico (0,01 a 0,12 mmol fosfato/kg/h) a la fluidoterapia (ClNa 0,9%). Dos a cuatro administraciones de esta dosis cada 6 h, elevan las concentraciones séricas de fósforo por encima de 2,5 mg/dl. En casos en los que exista anemia, insuficiencia cardiaca congestiva, neumonía  u otras causas de hipoxemia, la terapia con fósforo es especialmente beneficiosa ya que mejora los niveles eritrocitarios de 2,3 DPG y por tanto, la oxigenación celular. Sin embargo, no se debe administrar suplemento de fósforo en animales con hipercalcemia, hiperfosfatemia u oliguria.

           

Reducción de los niveles de glucemia

La administración de insulina es imprescindible para reducir los niveles de glucemia y para bloquear la producción de cuerpos cetónicos y debe realizarse cuando el animal ya esté recibiendo fluidoterapia.

El tipo de insulina que se debe administrar es de acción rápida y de elevada potencia, es decir insulina de tipo regular cristalina (actrapid ®, humulina regular®, humaplus regular®), para poder modificar la dosis en función de la respuesta en un corto período de tiempo. Otras insulinas de acción más prolongada (acción intermedia, lenta, o ultralenta) sólo deben usarse cuando el animal esté compensado, hidratado, sin acidosis metabólica, no vomite, ni tenga diarrea y pueda comer.

            Existen diversos protocolos en función de la vía de administración: intramuscular (IM), intravenosa (IV) o subcutánea (SC) y de la dosis empleada. Actualmente se recomienda el empleo de dosis bajas de insulina y preferiblemente por vía intramuscular, ya que la absorción subcutánea de insulina en un animal deshidratado es muy variable y difícil de predecir. Por otro lado, la administración intravenosa de insulina ha de ser continua, ya que la vida media plasmática de la insulina administrada en bolo es aproximadamente de 6 minutos.

            El control de la glucemia ha de hacerse cada hora y lo ideal es que el descenso sea de 50 a 100 mg/dl por hora. Aunque la glucemia descienda y alcance el nivel adecuado (250 – 300 mg/dl), la administración de insulina debe continuar ya que sino se mantendrá la lipólisis y la producción de cuerpos cetónicos. Para evitar el desarrollo de edema cerebral, se debe mantener la glucemia durante las 4 a 6 primeras horas de tratamiento por encima de 250 mg/dl. Cuando se alcanzan los 250 mg/dl de glucosa plasmática, hay que modificar la fluidoterapia y administrar una solución que contenga 2,5% a 5% de dextrosa mezclada con el fluido inicial (Cl Na 0,9%) y continuar con la administración de insulina.

            Uno de los protocolos más empleados es el de administración intermitente de insulina IM, que se inicia con dosis baja (0,2 UI/ kg) IM y se continúa con inyecciones de 0,1 UI/ kg cada hora, monitorizando la glucemia cada hora, hasta conseguir una glucemia aproximada de 250 mg/dl.. Posteriormente, la insulina se administra por vía subcutánea (cada 6- 8 h) o intramuscular si el animal no está todavía hidratado (cada 4- 6 h) a dosis de 0,1 a 0,5 UI/ kg en función del valor de glucemia y se añade a la fluidoterapia una solución de dextrosa al 2,5-5%.

Otro protocolo es el de administración continua de insulina IV, a dosis bajas (0,05 - 0,1 UI/ kg/ h). Se puede preparar añadiendo 1,1 UI/kg (gato) a 250 ml de una solución NaCL 0,9% y administrar a un ritmo de 10 ml/h, preferiblemente con bomba de infusión para asegurar una administración continua, por vía diferente a la de la fluidoterapia. Puesto que la insulina se adhiere al plástico, se recomienda previamente administrar 50 ml de fluido con insulina a través del sistema de infusión para saturar los receptores. De igual forma que en el protocolo anterior, cuando la glucemia llegue a 250 mg/dl, se retira la administración IV y se continúa administrando por vía IM o SC; o bien se puede mantener la infusión de insulina (a un ritmo lento para no provocar hipoglucemia), añadiendo en ambos casos una solución de dextrosa al 2,5-5%. Este protocolo es preferible cuando hay que mantener al animal con fluidoterapia durante más de un día (pancreatitis, otras causas de vómitos).

           

Corrección acidosis

            La acidosis metabólica debe ser corregida, ya que si es muy grave (pH < 7,0), dificulta la acción de la insulina, y favorece la aparición de complicaciones (arritmias cardíacas, etc)

            Para corregirla existen varias alternativas. En la mayoría de los casos, la fluidoterapia, la corrección de la hipopotasemia e hiponatremia y la administración de insulina suelen ser suficientes para resolver el estado de acidosis metabólica. En general, la administración inicial de bicarbonato no se aconseja, ya que puede agravar la hipokaliemia ya existente, disminuir la liberación de oxígeno tisular, producir sobrecarga de sodio y alcalosis de rebote, descender el pH del líquido cerebro espinal y retrasar el descenso de lactato y cuerpos cetónicos en sangre.

            Si el nivel de bicarbonato en sangre es menor o igual a 11 mEq/l o si el pH sanguíneo es menor de 7,3, lo que normalmente cursa con una depresión grave, y especialmente si tras las primeras horas de tratamiento no mejoran dichos niveles, es necesario corregir esta acidosis con la administración de bicarbonato, pero con precaución con el fin de no alterar bruscamente el pH del líquido cerebro espinal. Para ello, se emplean soluciones comerciales de NaHCO3 1 Molar (al 8,4%, 1 mEq/ml) o soluciones al 1/6 Molar (al 1,4%, 1 mEq/6 ml). Su administración ha de ser lenta, nunca en bolo, según la fórmula descrita en la tabla 1.

 

Tratamiento de la causa desencadenante

            En la mayoría de los casos, la cetoacidosis diabética aparece asociada a otras enfermedades o situaciones concurrentes. Es necesario realizar un perfil diagnóstico completo para conocer éstas enfermedades concurrentes o desencadenantes, con el fin de instaurar cuanto antes los tratamientos específicos, a la vez que se mantiene el tratamiento de la DCA antes mencionado.

            En gatos con DCA es muy frecuente la presencia de infecciones, sobre todo de tracto urinario, aunque también de cavidad oral, piel, respiratorias, etc. Es recomendable administrar rutinariamente al inicio de la hospitalización, antibióticos bactericidas de amplio espectro y si se ha realizado previamente cultivo y antibiograma, modificar el antibiótico si es necesario.

             Otro problema frecuente es la aparición de azotemia, prerenal o renal. Ante la sospecha de un fallo renal, hay que aumentar el volumen de fluidos (sin provocar sobrecarga de volumen) y observar la producción de orina. La producción correcta de orina es de 1 a 2 ml  por kg de peso por hora en la fase inicial del tratamiento. Si persiste la oliguria o anuria tras las primeras horas de tratamiento, lo primero que hay que hacer es revisar todo el sistema y el volumen de fluidos calculado. Si todo es correcto, se puede emplear manitol, diuréticos y/o dopamina para forzar la diuresis (tabla 1).

            Otra de las situaciones que pueden suceder a la vez que la DCA es una hepatopatía grave. La mayoría de los gatos con DCA tienen cierto grado de lipidosis hepática; sin embargo, se debe sospechar una afectación hepática más severa (lipidosis, colangiohepatitis) en animales con ictericia, gran elevación de enzimas hepáticas (ALT>500 U/L, Fosfatasa alcalina > 1000U/L) y ácidos biliares elevados. En estos casos es muy importante mantener una correcta fluidoterapia, antibioterapia y, cuando el animal pueda comer, administrar una dieta adecuada para la funcionalidad hepática.

 

Monitorización del paciente

Los parámetros que se deben monitorizar en gatos con DCA hospitalizados se resumen en la tabla 4.

La monitorización del paciente es especialmente importante durante las primeras 24 horas, ya que va a permitir hacer los cambios necesarios en la fluidoterapia, en el suplemento empleado para corregir las alteraciones electrolíticas y en las dosis de insulina. Además, permite conocer la respuesta al tratamiento, da información pronóstica y aporta los datos necesarios para decidir el alta hospitalaria. Si no se realiza una correcta monitorización, pueden aparecer complicaciones durante el tratamiento que, de no ser detectadas y corregidas, pueden ocasionar el fallo en la terapia y la muerte del animal. Las complicaciones más frecuentes son hipoglucemia, hipokaliemia, edema cerebral por un rápido descenso en la glucemia plasmática, e hipernatremia e hipocloremia.

Independientemente del protocolo de administración de insulina empleado, las dosis de insulina administradas desde que el animal es hospitalizado hasta que se le da el alta hospitalaria con un tratamiento de mantenimiento para casa (dieta e insulina lenta) son variables y dependen de los niveles de glucemia. Por ello, es imprescindible monitorizar los niveles de glucosa sanguínea cada hora, al menos durante las primeras 12 horas. Cuando el animal está hidratado y se ha alcanzado un nivel de glucemia cercano a 250 mg/dl, la administración de insulina se realiza subcutánea o intramuscular cada 6-8 horas y la monitorización de glucosa puede hacerse cada 2 a 4 horas.

Adicionalmente a estos parámetros, se deben monitorizar todos aquellos que estén alterados, si bien la frecuencia de la evaluación dependerá del parámetro; por ejemplo las alteraciones del hemograma y la azotemia deben evaluarse cada 24 horas y las elevaciones de las enzimas hepáticas cada 24-48 horas.

 Los gatos con DCA deben ser monitorizados desde el principio, ya que tanto la fluidoterapia, las dosis de insulina como la suplementación electrolítica se ven modificadas a lo largo del período de tiempo de hospitalización.

 

 

Pronóstico

El pronóstico de la DCA en el gato es grave y su mortalidad se sitúa aproximadamente en un 30%. El mal pronóstico se asocia a la presencia de enfermedades concurrentes que provocan resistencia a la insulina.

 

Tabla 1. Pauta de tratamiento en gatos con cetoacidosis diabética

 

Tabla 2. Volumen de fluidoterapia  a administrar en gatos con cetoacidosis diabética

 

Tabla 3. Administración de potasio en gatos con cetoacidosis diabética

Tabla 4. Parámetros que deben ser monitorizados en gatos con cetoacidosis diabética

 

 

 

Tablas procedentes del libro Manual de Endocrinología. Ed: Melian C., Pérez Alenza MD. Ediciones Multimédica. 2008.

 

 

         

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